Capítulo 6: Pesadillas del Pasado

1806 Words
La noche era tranquila en la mansión Rothschild. Una suave brisa movía las cortinas de la ventana de Gabriel, y el silencio parecía envolver todo el lugar. Sin embargo, dentro de la mente de Gabriel, una tormenta se desataba. Estaba atrapado en una pesadilla recurrente. Se veía a sí mismo de pie, justo antes del accidente que cambió su vida para siempre. Las imágenes eran vívidas: el auto fuera de control, el impacto, y luego la oscuridad que le siguió. Revivía el dolor, la desesperación y la impotencia que sintió al despertar y descubrir que no podría volver a caminar. Gabriel se agitaba en la cama, su respiración se aceleraba y el sudor frío cubría su frente. En su sueño, gritaba de dolor y frustración, incapaz de escapar de las garras de su propia mente. Vanessa, que dormía en una habitación cercana, se despertó al escuchar los gritos ahogados de Gabriel. Corrió hacia su habitación, preocupada, y lo encontró luchando contra las sábanas, atrapado en su pesadilla. "¡Gabriel! ¡Gabriel, despierta!" Vanessa sacudió suavemente su hombro, tratando de no asustarlo más de lo que ya estaba. Gabriel abrió los ojos de golpe, jadeando, y tardó unos momentos en darse cuenta de dónde estaba. Su respiración era irregular y sus ojos mostraban un miedo profundo. "Todo está bien, Gabriel. Estás en casa," dijo Vanessa con voz suave, sentándose a su lado y tomando su mano. "Fue solo una pesadilla." Gabriel se llevó una mano a la frente, tratando de calmarse. "Fue tan real," murmuró. "Pude sentirlo todo de nuevo." Vanessa acarició su brazo, ofreciéndole consuelo. "Lo sé. Pero ya pasó. Estoy aquí contigo." Gabriel la miró, todavía con el miedo reflejado en sus ojos. "No puedo evitarlo, Vanessa. A veces, esos recuerdos simplemente me atrapan y me siento tan... indefenso." Vanessa apretó su mano con más fuerza. "No estás solo, Gabriel. Yo estoy aquí para ayudarte. Juntos, podemos superar esto." Gabriel suspiró, intentando controlar su respiración. "Gracias, Vanessa. No sé qué haría sin ti." Vanessa sonrió, inclinándose para darle un suave beso en la frente. "No tienes que agradecerme. Estoy aquí porque te quiero. Y te prometo que no dejaré que esas pesadillas te derroten." Poco a poco, Gabriel comenzó a calmarse. La presencia de Vanessa era un ancla que lo mantenía conectado a la realidad, lejos de los horrores de su mente. "Deberías intentar volver a dormir," sugirió Vanessa. "Yo me quedaré aquí contigo." Gabriel asintió, sintiéndose reconfortado por su propuesta. "Gracias, Vanessa. Te lo agradezco." Vanessa se acomodó en una silla junto a la cama de Gabriel, sosteniendo su mano mientras él se recostaba de nuevo. Aunque los recuerdos del accidente seguían presentes en su mente, la calidez y el apoyo de Vanessa le dieron la fuerza para cerrar los ojos y encontrar un poco de paz. A medida que la noche avanzaba, Gabriel se sumió en un sueño más tranquilo, con Vanessa a su lado, velando por él. Sabía que, aunque las pesadillas pudieran regresar, nunca estaría solo para enfrentarlas. Con Vanessa a su lado, sentía que podía superar cualquier cosa, incluso los demonios de su pasado. La primera luz del amanecer comenzó a filtrarse por las cortinas, iluminando suavemente la habitación. Gabriel se despertó, sintiendo el peso del cansancio en sus huesos. Sus ojos se posaron en Vanessa, que dormía profundamente en la poltrona cercana. Su rostro sereno y relajado le dio una sensación de calma que no había experimentado en mucho tiempo. Observó cómo su pecho subía y bajaba rítmicamente, y una oleada de gratitud y ternura lo invadió. Vanessa había estado allí para él durante su momento más oscuro, y ahora dormía en una postura incómoda, sacrificando su propia comodidad por él. Queriendo hacer algo para mostrar su agradecimiento, Gabriel intentó acomodar la bata de Vanessa, que se había deslizado, dejando su hombro al descubierto. Al estirarse para alcanzarla, se dio cuenta de inmediato de las limitaciones de su condición. Sus piernas, insensibles y pesadas, no respondieron a sus intentos. La frustración lo golpeó como una ola. Sus manos temblaron mientras se esforzaba por moverse, pero su cuerpo no cooperaba. Recordó con amargura cómo antes del accidente, algo tan simple como este gesto hubiera sido trivial. Ahora, le parecía una tarea imposible. El ruido de su lucha silenciosa despertó a Vanessa. Abrió los ojos lentamente y lo vio esforzándose. Sin decir una palabra, se levantó y se acercó a él, colocando suavemente una mano sobre la suya. "Gabriel, ¿qué estás haciendo?" preguntó, su voz todavía llena de sueño. "Quería... quería acomodarte la bata," respondió Gabriel, su voz cargada de frustración. "Pero no puedo. Maldita sea, no puedo ni hacer eso." Vanessa se inclinó y le dio un beso en la frente. "No tienes que hacer nada, Gabriel. Estoy aquí porque quiero estarlo, no porque espere algo a cambio." Gabriel cerró los ojos, tratando de contener la mezcla de emociones que lo abrumaban. "A veces, es difícil aceptar que no puedo hacer las cosas más simples. Me siento tan... inútil." Vanessa se arrodilló junto a él, mirándolo directamente a los ojos. "No eres inútil, Gabriel. Eres fuerte, valiente y, a pesar de todo lo que has pasado, sigues adelante. Eso es lo que realmente importa." Gabriel suspiró, sintiendo una pizca de alivio por sus palabras. "Gracias, Vanessa. No sé qué haría sin ti." "Y no tienes que averiguarlo," respondió Vanessa con una sonrisa suave. "Porque no voy a ninguna parte." Se levantó y volvió a la poltrona, acomodándose de nuevo. Gabriel la observó, sintiendo una nueva oleada de gratitud. Aunque la vida le había quitado mucho, también le había dado a Vanessa, y por eso, estaba eternamente agradecido. El resto de la mañana pasó en una calma relativa. Gabriel y Vanessa desayunaron juntos, compartiendo conversaciones ligeras para alejar las sombras de la noche anterior. Aunque los desafíos seguían presentes, ambos sabían que, juntos, podían enfrentarlos y salir más fuertes. La mañana avanzó y el sol ya estaba alto en el cielo cuando los hermanos de Gabriel, Isabella y Julian, llegaron a la mansión para la acostumbrada visita semanal, siempre motivada por el interés en la fortuna familiar. Entraron sin anunciarse, como solían hacer, y encontraron a Gabriel y Vanessa desayunando juntos en la gran sala. Vanessa, aunque consciente de la presencia incómoda de los hermanos de Gabriel, decidió mantener una actitud positiva. Gabriel, por otro lado, se preparó mentalmente para lo que sabía que vendría. "¡Vaya, vaya! Mira quién decidió amanecer juntos," dijo Isabella con una sonrisa irónica, alzando una ceja mientras se acercaba a la mesa. "¿Acaso pasaron la noche en la misma habitación?" "Gabriel, no sabía que te gustaba tanto la compañía nocturna," añadió Julian, su tono igual de sarcástico. "Parece que Vanessa no solo es buena bailarina." Gabriel apretó la mandíbula, sintiendo la ira burbujear en su interior. Sabía que sus hermanos disfrutaban provocándolo, pero esto era demasiado. "¿No tienen algo mejor que hacer que venir aquí a molestar?" dijo Gabriel, su voz fría y cortante como un filo de acero. "Si quieren dinero, díganlo de una vez y márchense. No tengo tiempo para sus estupideces." Isabella fingió una expresión de sorpresa. "Oh, querido hermano, solo estamos interesados en tu bienestar. No hay necesidad de ponerte a la defensiva." Vanessa, que había estado observando en silencio, decidió intervenir. "Gabriel y yo estamos juntos porque nos importamos mutuamente, no por lo que otros puedan pensar o decir. Si no pueden entender eso, es problema suyo." Julian rió suavemente. "Mira, Gabriel, tu rumbera también sabe hablar. Es casi encantador." Gabriel giró su silla de ruedas abruptamente, dirigiendo una mirada de hielo a sus hermanos. "Escuchen bien. Vanessa está aquí porque yo quiero que esté aquí. Y si alguno de ustedes tiene algún problema con eso, puede largarse y no volver jamás." Isabella se encogió de hombros y se dio la vuelta, caminando hacia la puerta con una sonrisa despectiva. "Como digas, hermano. Pero recuerda, la gente habla, y nosotros solo queremos asegurarnos de que sabes lo que haces." Julian siguió a su hermana, lanzando una última mirada burlona a Gabriel y Vanessa antes de salir. Cuando la puerta se cerró detrás de ellos, Gabriel dejó escapar un suspiro de frustración. "Lo siento, Vanessa. Mis hermanos pueden ser... insoportables." Vanessa sonrió, acariciando su mano. "No te preocupes. Sé que solo intentan provocarte. Pero estamos juntos en esto, y no dejaré que nos afecten." Gabriel la miró, sus ojos endurecidos. "A veces, me pregunto por qué sigo soportándolos. No hacen más que empeorar las cosas." Vanessa asintió, pero antes de que pudiera responder, Gabriel volvió su atención a los sirvientes que habían entrado en la sala para limpiar. "¿Qué demonios están mirando? ¿No tienen trabajo que hacer?" Su voz era un látigo que cortaba el aire. Los sirvientes se apresuraron a salir de la habitación, intimidados por la actitud tiránica de Gabriel. Vanessa observó la escena con preocupación. Sabía que Gabriel estaba luchando con sus propios demonios, pero su comportamiento hacia los demás era cada vez más implacable. Después de unos momentos de silencio incómodo, Vanessa habló. "Gabriel, entiendo que estés pasando por mucho, pero no puedes tratar a todos así. No es justo para ellos ni para ti." Gabriel la miró, su expresión endureciéndose aún más. "No entiendes, Vanessa. Nadie entiende. He perdido todo lo que me hacía un hombre. Ahora solo tengo mi poder y mi dinero. Si pierdo eso, no soy nada." Vanessa se acercó a él, tocando suavemente su mejilla. "Eres más que eso, Gabriel. Pero necesitas dejar de empujar a todos lejos. No puedes vivir en esta amargura para siempre." Gabriel apartó la mano de Vanessa con un movimiento brusco. "No necesito que me sermonees, Vanessa. Si no puedes manejarlo, quizás deberías reconsiderar por qué estás aquí." Vanessa se quedó quieta por un momento, sintiendo una punzada de dolor por sus palabras. "Estoy aquí porque te aprecio, Gabriel. Y porque sé que, en el fondo, eres mejor que esto. Pero no puedo ayudarte si sigues alejándome." Gabriel la miró intensamente, su rostro una máscara de emociones conflictivas. "No necesito tu lástima. Solo necesito que sigas a mi lado." Vanessa suspiró, sintiendo el peso de su lucha interna. "No es lástima, Gabriel. Es empatía. Y aunque no siempre lo entiendas, estaré aquí. Pero debes prometerme que intentarás ser mejor, por ti y por nosotros." Gabriel asintió, aunque con visible esfuerzo. "Lo intentaré. Pero no prometo milagros." Vanessa sonrió débilmente. "No espero milagros, solo un poco de esfuerzo." A medida que el día avanzaba, Vanessa y Gabriel continuaron enfrentando sus desafíos, cada uno luchando con sus propios demonios. Aunque la dureza de Gabriel seguía siendo una barrera, el amor y la paciencia de Vanessa eran la esperanza que ambos necesitaban para encontrar un camino hacia un futuro mejor.
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