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— El siempre trae un filero — Al principio no lo entendí, pero ella me explicó que se refería a una especie de arma puntiaguda con la que hieres a alguien, retorciendo la herida para evitar que la sangre salga y de esta manera causarle la muerte inminente. Algo perturbador, pero al parecer del conocimiento público. — Todos saben eso, debes tener cuidado, no te digo que no lo hagas porque sé que lo harás de cualquier manera, pero al menos ten cuidado, aquí dicen que la rabia se acaba con el perro muerto, y si vas a hacer algo que yo en verdad deseo no hagas, pues al menos hazlo bien, digo, entre él y tú, te elijo a ti, pero regresa con bien, y si haces alguna estupidez vete, no esperes nada, así como ellos hicieron contigo. Tomando eso en cuenta, ya estaba prevenido, sabía que en cuanto lo atacara, sacaría su arma e intentaría asesinarme. Asi que intentaría sobrevivir a este enfermo. Al lanzarme no perdí de vista sus manos, y la derecha la llevó hacia atrás de prisa buscando algo. Sí, de joven tome clases de defensa personal y eso, pero no creo que me sirva mucho aquí donde se vale de todo, y por eso saqué a botella de vidrio que llevaba escondida en la manga y le di bien en la cabeza, tan fuerte que sangró y hasta su arma había soltado; supuse que eso no lo esperaba del "güero", lo tomé del cuello fuerte obligándolo a mirarme a los ojos. — Aléjate de ella, no te pertenece, y esto es solo una advertencia, a la próxima será tu familia, tu esposa e hijos serán los que paguen tu estupidez ¿Te queda claro? — Lo ví asentir y tomo su misma arma, la empuño con fuerza mientras lo veo cerrar los ojos y le doy un buen golpe en el ojo como recordatorio de que debe mantenerse lejos de nosotros. Esta no será una pelea que ganará algún día, es algo que él mismo abandono desde hace más de diez años y a lo que no tiene derecho. Me alejo preocupado pues no estoy seguro de que sea el final, de seguro querrá atacarme de nuevo por la espalda; probablemente no él, pero quizá alguno de sus amigos. Me dirijo directo a la casa de Alondra, donde me recibe con un gran abrazo. — Espero que no vuelva a molestarnos, de lo contrario tendrá mucho que perder — Y entramos a la casa, donde pasé por primera vez la noche, junto a su familia, quedando todos sorprendidos al verme por la mañana, pero yo llevaba prisa pues debía ir a trabajar. Y con esta pelea vino una nueva confrontación de parte de alguien que no esperábamos ni ella ni yo, y no hablo de la policía, hablo de la misma esposa del fulano, que se encuentra frente a la casa tres días después, exigiendo justicia y algo más.
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