Derek tiene novia.
Esa fue la noticia que me recibió aquella mañana de verano, la más perezosa de todas, cuando apenas había dado mi décimo bostezo y mi única preocupación era no salirme de la raya amarilla pintada en la calle que da a la escuela. No hubo bostezos después de oírlo, solo una extraña sensación de incomodidad en el estómago a la que no pude poner nombre.
Era cuestión de tiempo, dijeron todos. Este año escolar parecía haber traído algo nuevo, el gran interés del momento había dejado de ser los videojuegos y el deporte para ser las parejas. Derek, por supuesto, parecía ser el tipo de persona que naturalmente encaja con las novedades y cuando volvió de vacaciones con ese corte que ya no le cubría media cara no tardó en llamar la atención de varias niñas, incluida Nidia Mitchell, la más popular de su salón.
El repentino flechazo de Nidia no fue nada secreto; sin embargo, nunca pensé que ese interés fuera correspondido. Y no parecía ser el único que procesaba la noticia. Aunque todos lo hacíamos de forma diferente.
—Jamás creí que Derek fuera a salir con ella —resopló por tercera vez Romina, andando de camino a la escuela con los brazos cruzados y una mirada seria—, ¿acaso ya se olvidó que Nidia siempre nos ha mirado como si fuéramos bichos raros?
Una mano se levanta para interrumpir, luciendo una perfecta manicura del rosado más chillón que hubiera visto.
—Disculpa que te interrumpa, Rom, pero creo que solo se refería a ustedes —corrige Sofía, mostrando aquella perfecta sonrisa que le había dado la victoria de varios concursos de belleza juveniles—. Sobre todo, al enano que llevas al lado.
Rodé lo ojos, repitiendo sus palabras con un tono agudo.
—Hasta donde recuerdo, sus palabras fueron: “rubia falsa desaliñada” —señalé, ganándome una mirada de sus azules ojos agudos.
—Tú también eres rubio, duende.
Solté una carcajada, peinando mi cabello con los dedos y satisfacción.
—Dijo “falsa”, Barbie en oferta —me burlo—. Matarías por tener este rubio de tono “pan ligeramente tostado con mantequilla” en un bote.
Meneó su cabellera rubia hacia atrás, arrastrando el intenso aroma a fresas que la caracteriza, antes de abalanzarse sobre mí perdiendo cualquier rastro de feminidad.
Solté un chillido cuando me pellizco el brazo.
—¡Muy bien, ya basta! —interrumpe una voz masculina metiéndose entre nosotros—. Recuerden que somos amigos, los amigos no se pelean.
Miro a Sofía con recelo mientras Timm nos rodea a ambos con su brazo. Su estructura delgada y alta, regalo de la pubertad este año, le permitió hacerlo fácilmente con una sonrisa digna de ser el único hijo de una familia religiosa. Para Timm, la violencia no era una opción. Sus padres le sobreprotegían demasiado, hasta creo que su mamá todavía nos persigue en secreto de camino a la escuela. Es muy ingenuo a veces, pero tenía razón en algo: los cinco somos amigos, los mejores.
Bueno, actualmente cuatro y Derek, quien ya tiene novia. Lo que sea que eso signifique.
Nuevamente sentí esa incomodidad.
—Los amigos tampoco se abandonan —secundó Romina con la mirada al frente.
Noté algo diferente en ella. Si bien era la más racional del grupo, también era la más positiva y dulce. Pero hoy parecía diferente, y no era solo porque llevaba su larga cabellera castaña en un simple moño desordenando, cosa que casi nunca hacía, sino porque parecía llevar algo pesado no en su mochila…quizá más adentro.
—Él no va a abandonarnos —dije, pero sonó más a una pregunta.
Romina me miró con seriedad.
—Clay, ni siquiera nos esperó para ir a la escuela.
La realidad me golpeó como un rayo, agravando mi malestar.
¿Derek nos va a abandonar? Inevitablemente, empecé a entrar en pánico.
—¿Eso significa tener novia? —pregunté preocupado, las chicas asintieron y yo sentí que podría empezar a arrancarme el cabello—. Esto es simplemente increíble. ¡Me ausento un par de días por la gripe y ustedes dejan que él se les salga de las manos!
Sofía hace una cara de incredulidad.
—¿Y qué se supone que debíamos hacer? ¡Es instinto, se movió como un pequeño animal salvaje dominado por las hormonas! No podíamos interferir —soltó con obviedad.
—¡¿Por qué no?! —reprocho—. Cuando quiso tirarse de la casa del árbol lo detuvimos, ¿por qué ahora es diferente?
—Eso no tiene nada que ver, Clay —interviene paciente Timm—. Además, esa vez solo nosotros lo detuvimos, tú lo empujaste.
Chasqueé la lengua, restándole importancia a los detalles.
—De acuerdo —intervino Romina con determinación—. Está claro que no pudimos hacer nada. Es su vida después de todo, él debe tomar las decisiones que mejor le parezcan y si quiere de novia a Nidia Mitchell, puede hacerlo. No nos debe una explicación.
Mi ceño se frunció sin entender por qué puede hacerlo sin debernos una explicación. Yo necesitaba una explicación ahora mismo, necesitaba saber por qué ella y por qué ahora.
Pero el recuerdo de aquel día en vacaciones cuando me gritó que no tenía que decirme todo sobre su vida personal me picó en el pecho.
La castaña suspiro con resignación.
—Por lo tanto —añadió—, lo único que podemos hacer ahora es-
Al presentir lo que venía alcé el dedo índice, negando de forma efusiva.
— ¡No hables por todos!
—Lo único que podemos hacer —me calló, levantando la voz— es asegurarnos de que rompan cuanto antes.
Aquel malestar se vio apaciguado.
—¡Habla por todos! —rectifiqué.
—Yo estoy dentro —secundó Sofía—, cualquier cosa para no tener que ver a Nidia andar del brazo a Derek como si fuera su nuevo bolso.
Sin embargo, Timm dudó.
—No lo sé. Derek parece cómodo y feliz con ella, ¿no creen que es nuestro deber como sus amigos apoyarlo?
Todos rodamos los ojos al mismo tiempo y nos adelantamos, haciendo que corra detrás de nosotros.
—¡¿De verdad no podemos dejarlo tener novia?!
Nadie le prestó atención, pero la pregunta no dejó de dar vueltas en mi cabeza todo el día.
¿Por qué me es tan difícil dejarle tener novia?, ¿de verdad tengo tanto miedo a ser abandonado?
***
A las tres en punto de esa calurosa tarde aparqué mi bicicleta en El Gran Claro del bosque. Se había convocado una reunión de emergencia para tratar el tema de la nueva novia de Derek y yo, siendo el que vivía más cerca y que debía dar menos explicaciones para salir, era el primero en llegar.
Me acomodé las mechas de cabello bajo mi gorra y anduve hacia el centro, en donde se habían dispuesto varios sofás recuperados de la basura y un baúl viejo que funcionaba como mesa y depósito para guardar algunos juegos de mesa y revistas. El lugar también era utilizado por Bobby y sus amigos algunos fines de semana por lo que no me extrañó ver algunas botellas de cerveza y colillas de cigarrillos. Las barrí con la mano y saqué una revista, tirándome en un sillón a esperar.
Aunque Timm había estado en desacuerdo al principio, terminó cediendo para el fin de las clases cuando tuvimos que esperar casi media hora a Derek para poder irnos y supo que su madre debía estar buscándolo con la policía para esa hora. Así fue como los cuatro logramos estar de acuerdo en algo: esa relación debe parar.
Hojeé la revista sin interés hasta que mi mano se detuvo en una noticia sobre la nueva pareja de un cantante juvenil famoso.
Pareja.
Esa palabra me causaba mucha confusión. ¿Por qué de repente todo parece girar alrededor de esa palabra? Hay parejas en todas partes; en las películas, en las revistas, en la música... están en todos lados. ¿De esto se trata crecer? ¿De esto trata la vida, de buscar una pareja?
Resoplé, moviendo el mechón de pelo que se había escapado sobre mi frente.
¿Yo también deberé buscar una chica? Pero no sé si quiero hacerlo, soy muy feliz con mis amigos, soy muy feliz con Derek. Además, nosotros nos besamos. ¿Es eso menos importante que una pareja?
Me mordí el labio.
Bueno, de todos modos, solo lo hizo porque se lo pedí. Él eligió a Nidia, decidió por sí mismo hacerla su pareja. Es una chica, yo soy un chico, jamás podría ocupar ese título, ¿entonces por qué me incomoda si sé que yo no nací para estar en ese lugar?
—Ya llegamos —avisó Romina, frenando su bicicleta del otro lado.
Cerré la revista y volví a dejarla en su sitio. Un poco por detrás de ella venía Timm, trayendo a Sofía en su espalda.
—¿Qué le pasó a tu bicicleta? —pregunté.
El chico frenó y la rubia bajó sacudiendo el inexistente polvo de su ropa.
—Se me pinchó una llanta en el camino, la recogeré cuando vayamos de regreso.
Hice una mueca de compasión, viendo mi propio neumático lleno de parches.
Los tres chicos se sentaron en diferentes sofás y apoyaron sus tenis en el baúl.
—Muy bien, damos por iniciada la reunión para romper la relación de Derek con Nidia —habló Sofía, sonriendo con malicia—. Empezaremos haciendo una lista de travesuras para esta semana.
—Me parece una buena idea —continúa Romina, cruzando los brazos—. Ya vimos que nos hizo esperarlo casi una hora después de clases y ni siquiera tuvo la decencia de disculparse.
—Sí se disculpó —soltó Timm, volviéndose el objetivo de esos ojos claros afiliados—. P-Perdón, es que sí lo oí disculparse.
—Pero no lo hizo de corazón —añadió la chica—. Venía muy contento, quién sabe qué cosas estuvo haciendo.
Sofía soltó varios besos al aire, acabando con una mueca de asco. Yo puse la misma expresión.
—Bueno, ya basta, no quiero saber qué estuvieron haciendo —interrumpo, sintiéndome incómodo—. ¿Qué tenemos que hacer para que terminen?
Sofía alzó la mano.
—¿Y si le ponemos ropa de otra chica en la mochila?
Los tres la miramos sin comprender.
—Mi tío Peter llevaba ropa de otra mujer en el coche y mi tía le pidió el divorcio —explica entusiasmada.
Los demás parecieron considerarlo, yo arrugué el entrecejo.
—Tendrían que casarse, eso nos tomará mucho tiempo —desestimé.
—Ay, eres tan bobo —murmuró Romina, pero antes de que pudiera protestar continuó—. Quizá algo más pequeño, una carta metida en sus libretas o sobre su escritorio.
Sofía dio un brinco en el sofá.
—¡Sí, podemos fingir que tiene otra novia! Una muy celosa y vengativa. Una que no dejará que se lo quede solo para ella —se frotó las manos.
—¡Por fin hablamos el mismo idioma! —exclamé, levantando los brazos—. Debemos ser rápidos. Demostrarle que no puede llevarse a Derek por más tiempo sin pelear.
—¡Podemos golpearla con los balones en educación física! —soltó Sofía.
—¡O ponerle algo en su almuerzo! —propone Romina con emoción.
—¡Un chicle en el cabello! —exclamé.
—¡Pincharle las llantas al vehículo de su padre!
—O simplemente tranquilizarnos —se apresura Timm, después de abrir bien los ojos con la última idea de Sofía.
—Pensé que estabas de nuestro lado —espeta la castaña.
Timm se remueve incómodo.
—Lo estoy, pero él también es mi amigo, no quiero hacer nada que pueda perjudicarlo —todos rodamos los ojos—. O meternos a la cárcel a nosotros.
—Nadie sabrá que fuimos nosotros —le resta importancia Sofía.
—Nosotros lo sabremos —defiende el chico—. Y Derek también lo sabrá, ¿de verdad piensan que no va a descubrirlo? Es muy listo.
Hice una mueca, viéndole con curiosidad.
—¿No tienes miedo de que nos deje de lado por Nidia? —pregunté, realmente interesado.
La idea me resultaba muy incómoda, casi insoportable. Yo habría ido personalmente a patear al padre de Nidia si eso significara que esa unión se rompería. Pero Timm estaba tan tranquilo que no podía comprenderlo. Ambos somos chicos, ambos somos sus amigos, ¿no debería sentirse como yo?
El chico de cabellos como resortes se encogió de hombros.
—Es solo su novia, no va a dejarnos por eso —respondió con tranquilidad—, él solo va a compartir su tiempo con ella, no por eso dejará de tener amigos. ¿Acaso sus padres no tienen amigos? Es normal.
Se hizo el silencio.
Por mi parte, no quise pensar mucho en los amigos de mis padres, pensé más en la parte de compartir su tiempo. Eso quería decir que solo tendríamos una parte de su vida; él viviría nuevas aventuras con ella, cosas que quizá jamás conoceríamos, ¿pero él dice que es normal? ¿Yo también debería sentir que es normal? ¿Lo normal es que me sienta como Timm? ¿Yo estoy equivocado?
—Pues, que salga con otra persona, no con Nidia. La detesto y nos detesta, no quiero ver su cara —responde Sofía con mal humor.
—De acuerdo, a ti no te agrada, lo entiendo —media Timm, pero luego voltea hacia Romina—. ¿Pero qué hay de ti? ¿Qué te resulta tan molesto de que él salga con alguien más?
Esa pregunta no fue dirigida hacia mí, pero quizá se me resolvieron las tripas tanto como a la chica que pronto se puso pálida.
Yo... ¿qué voy a responder a eso?
—Qué buena pregunta, también me gustaría escuchar la respuesta.
Cuando esa voz se oyó en el claro, cada pelo en mi cuerpo se puso de punta. Los cuatro, habiendo sido tomados por sorpresa, pegamos un brinco en nuestros asientos para ver al mismo lado.
Allí estaba Derek, mirándonos por debajo de la sombra que proyectaba su gorra de los Yankees. Cuando sus ojos se posaron en mí, se entrecerraron más.
Trague grueso, como si me hubieran apretado el cuello.
—¿Así que ahora también convocan reuniones a mis espaldas? —pregunta, cruzándose de brazos. Cuando Timm empezó a hablar, le interrumpió—. Vi la bici de Sofía en el patio de la señora Cortez, supuse que estarían aquí.
Timm nos miró de reojo, mascullando: "les dije que era demasiado listo".
—¿Entonces? —presiona—, ¿creí haber escuchado que les molesta que salga con Nidia?
Nadie dijo nada por un buen rato, habíamos sido atrapados.
Me rasqué la oreja con nerviosismo y desvíe la mirada, encontrándome con la de Sofía que también parecía estar contando pájaros inexistentes. Hasta que alguien del grupo se adelantó.
—Así es, nos desagrada tu novia.
Los ojos de los tres restantes se abrieron con sorpresa; por mi parte, hasta abrí la boca.
Derek miró a Romina con seriedad y se acercó a ella.
—Entonces, deberían estar felices de que soy yo quien sale con ella, no ustedes.
La boca de los tres hizo un círculo. Había sido un golpe bajo. Pero, por alguna razón, este intercambio no me estaba gustando, así que di un paso al frente.
—B-Bueno, yo creo que están demasiado cerca, los amigos no se pele-
No pude terminar, los ojos de ambos me silenciaron.
—Pues, te guste o no, somos tus amigos y podemos decir si nos gusta o no con quien te relacionas —dijo ella, dando un paso más para encararlo, quedando ligeramente por debajo de él.
Y entonces me di cuenta desde mi lugar apartado que había algo en esa mirada que se dedicaban, algo entre el odio que ella demostraba y la dureza con que él le respondía. Algo solo suyo. Y también me di cuenta que, aunque era muy aterrador, me hubiera gustado a mí estar en el lugar de Romina.
—Te estás comportando como un idiota —soltó ella con la voz temblorosa.
—Tú eres solo mi mejor amiga, no eres mi novia. Deja de interferir en mi vida privada.
Él marcó bien la línea. No hizo falta que viera a los ojos de Romina para darme cuenta de que la había herido. Me había herido a mí mismo con esas palabras y ni siquiera había volteado a verme. Eso era aún más patético.
Yo era su mejor amigo, no su novio. Yo no puedo y jamás podré interferir en su vida privada. Yo debo apoyarlo, yo debo defenderlo como Timm, yo no puedo reclamarle como hizo Romina. Lo entendí, pero, aunque era normal, no pude evitar tener ganas de salir corriendo.
La castaña, con el rostro sonrojado, le dio un empujón y se dio la vuelta, corriendo hacia su bicicleta y montando en ella por el bosque.
Sofía y Timm salieron de su estupor y balbucearon un poco antes de seguirla.
—Clay, vamos —el chico intentó tomarme del brazo, pero Sofía lo jaló antes de que pudiera.
—¡Date prisa, debemos seguirla! Déjalo, son cosas de chicas.
—¡¿Y p-por qué voy yo?! —se quejó Timm.
—¡Porque eres el chófer!
Los vi apresurarse hacia la bici y hasta entonces caí en cuenta de que yo también necesitaba huir de allí.
Inmediatamente quise seguirlos, pero antes de que diera dos pasos tiraron desde atrás de mi gorra haciendo que la sujete con fuerza para no perderla. No había duda de quién me tenía atrapado, así que me giré suavemente con una sonrisa forzada.
Derek me miró con seriedad.
—Yo quería invitarte, pero no sabía si iba a gustarte la temática de hoy —dije, soltando una risita nerviosa.
Sus ojos se endurecieron, al final me bajó la gorra hasta que me cubrió los ojos.
—¿No se supone que habías estado enfermo? Deberías estar descansando —regañó—. Y no te dejes arrastrar a estas cosas por las chicas, vas a buscarte problemas innecesarios.
Con los ojos a oscuras, decidí guardarme solo para mí el hecho de que yo también había apoyado con ansias esta reunión. Él mismo lo dijo: "las chicas", después de todo.
Cuando me subí la gorra, lo vi arrastrar su bici y subir en ella. Creí que iba a irse, pero entonces volteó y me hizo una señal con su cabeza.
—Vámonos, tengo sodas en casa y todavía no termino el juego.
Inmediatamente sentí mi rostro iluminarse. ¡Tarde de videojuegos!
Corrí a traer mi bici y le seguí con rapidez. Él siempre pedaleaba más rápido que yo entre los árboles, pero rodeados de risas disfrutamos de la carrera hasta que atravesamos volando el vecindario. Con la respiración agitada, aparcamos en su casa.
—¿Bobby no está? —pregunté, apoyándome en la cocina mientras él sacaba las bebidas del refrigerador—. No escucho su música satánica.
Derek soltó una risa.
—Está en casa de un amigo, volverá para la cena.
Asentí, viendo la decoración que ya me sabía de memoria. Derek pasa la mayoría del tiempo con Bobby, él se encarga de la comida y cualquier labor de adulto mientras sus padres no están, cosa que sucede mucho ya que ambos viajan bastante por trabajo. La mayoría del tiempo son solo ellos dos.
—¿Te quedarás a cenar? —pregunta, llamando mi atención.
Sacudí la cabeza con una gran afirmación, ayudándole a llevar las botellas.
—No creo que a mamá le importe.
Sacó las frituras y me dio un empujón; antes de que pudiera devolvérselo se echó a correr hacia la sala.
—¡Oye! —grité, persiguiéndolo entre risas.
Al cruzar la habitación, pusimos todo al pie del sofá y mientras le veía prender la televisión y poner el videojuego me di cuenta de que esa incomodidad en el estómago que había sentido durante todo el día había desaparecido. Derek era el mismo de siempre, no tenía que haberme preocupado tanto.
Volteó y me encontró mirándolo, solo le saqué la lengua. Él negó, entregándome el mando y sentándose a mi lado. Eligió la misma fritura de siempre, aros de cebolla, sus favoritos, y me paso mi fritura de siempre, palitos de maíz, mis favoritos. Luego vino el tintineo del abrebotellas y el gas escapando al retirar la tapa. Todo era igual.
No pude evitar reírme al sentir que había sido muy tonto.
—¿Qué te da tanta risa? —soltó, pero batí mano, negándome a decirle—. Espero que no sea por lo que pasó en El Gran Claro.
Me pasó la soda y luego se dispuso a abrir la suya. Yo bebí mientras miraba su perfil contra la luz de la ventana que daba al patio. Su rostro era muy guapo; era inevitable, era natural, él iba a tener novia tarde o temprano. Ahora lo entiendo.
—Derek —arqueó una ceja al oír su nombre—, ¿te gusta mucho Nidia?
Me miró de reojo, como si intentara leer lo que pasaba por mi cabeza, pero finalmente volvió a su bebida.
—Sí, es linda. También es agradable pasar tiempo con ella.
Suspiré, dándole la razón mientras iniciaba el juego.
Nidia es muy linda, mucho. Pero Derek también es guapo, mucho.
Le miré de reojo cuando me explicaba de qué trataba este nuevo nivel.
Y también es agradable pasar tiempo contigo, pensé.
Sentí un golpecito en el pie y miré hacia nuestros zapatos. Yo usaba un par de Converse que debajo de tanta suciedad eran de color rojo, y él unos Nikes verdes, con los que me había golpeado.
—No me estás oyendo, enano, ¿sigues pensando en lo de Nidia?
La devolví el golpe.
—No puedes pedirme que no lo haga, me tomaste por sorpresa.
Se rio, golpeándome una vez más.
—Tengo que aprovechar antes de que vuelva a crecerme el cabello y deje de parecerle genial a las chicas.
Estaba a punto de pegarle, pero detuve mi zapato ya pegado al suyo para verle.
—A mí siempre me pareciste genial, incluso con el cabello largo.
Sentí algo extraño en la forma en que me miró en ese momento, aunque quizá fue la luz, pero pronto estiró la mano y con maldad me bajó la gorra hasta los ojos.
—¡Oye, te dije que odio eso! —me quejé, quitándome la gorra.
Él se limitó a reírse e inició el juego.
Es un tonto, no sé por qué me preocupaba tanto.
Empezamos a jugar y él no tardó en saltar y soltar gritos como siempre lo hacía cuando estaba a punto de perder. Nos carcajeamos y comimos con la espalda contra el sofá sin ver la hora, solo sintiendo el sol caer suavemente tras la ventana.
Esto era nuestro, solo nuestro.
Le miré.
Quizá Nidia pueda perderte, ella está enamorada de ti. Pero yo soy tu mejor amigo, sin importar a quien ames, a quien elijas o a quien conozcas, yo siempre podré estar a tu lado. Siempre. Esto no se acaba, el amor sí. ¿No es lo que tenemos mejor que el amor?
Ahora lo entiendo. Soy muy afortunado por ser solo tu mejor amigo, fui el único que pudo acompañarte a casa hoy.
Con ese pensamiento, el nudo en mi pecho se deshizo. Por fin pude bostezar y apoyé mi cabeza en su hombro mientras la pantalla se difuminaba para darnos entrada al siguiente nivel, aún con nuestros zapatos juntos.