Mi mejor amiga

2758 Words
Punto de vista de Derek —¿Él es tu amigo? —suelta de repente mi novia. La pregunta me tomó por sorpresa, pero ni siquiera tuve que voltear para saber a quién se refería. El viernes era caluroso, próximo a la culminación de la jornada escolar y con un ruidoso partido de fútbol desarrollándose en la cancha; a pesar de eso, la risa característica de Clay ardía a fuego vivo por encima de cualquier bullicio. Actualmente, Nidia y yo éramos los únicos en este salón, pero podría jurar que lo escuchó toda la escuela. —Lo es —respondo, como si nada. Como si no me hubiera mordido la lengua para evitar señalar que ella ya conoce bien a mis amigos, no ha parado de quejarse de ellos a diario. Sin embargo, no debes ser sarcástico con alguien que te está peinando el cabello con los dedos. Lo había aprendido a la mala ayer cuando me preguntó por qué si la tierra es redonda no nos caíamos. Me tomó desprevenido, lo admito. —Ummm —dudó. —¿Sucede algo? Subo el rostro y la veo mirar de manera pensativa hacia la ventana. Solo tuve que inclinarme un poco en dirección al cristal para capturar desde mi asiento en el segundo piso al rubio en plena plantación de semillas, estaba en el jardín de la escuela rodeado de sus compañeros. No vi nada extraño, Clay pertenecía al club de jardinería de su salón, por eso su casa tenía tantas frutas. —¿Hay algo malo? —vuelvo a preguntar. Nidia al fin aparta la mirada. —Realmente no es nada importante, solo olvídalo. Frunzo el ceño y me encuentro con su mirada bajo su recién cortado flequillo. —¿Segura?, puedes decirme lo que sea. Me observa como si no quisiera hacerme saber lo que ocultaba, pero ante mi mirada inquisitiva termina rindiéndose y suelta un suspiro. —No es nada, solamente no he podido evitar ver que ustedes son muy cercanos. —¿Y? Mi curiosidad solo acrecentaba. Aunque Nidida y yo llevamos saliendo solo un par de semanas, hemos estado en la misma clase desde que se mudó; de más está decir que conoce muy bien a mis amigos, incluido Clay, quien, aunque no está en nuestro mismo curso, se la pasa la mayoría del tiempo metido en nuestra aula. Por lo tanto, el que lo esté señalando ahora mismo solo puede tener un buen motivo detrás. Mis ojos se estrecharon. —¿Sabes algo que yo no? La mirada que me lanzó me dio la razón, pero parecía tímida, algo muy raro en una chica cuyo pasatiempo favorito era estar orgullosamente a la vanguardia de la información ajena. —No sé si debería decirlo, solo lo escuché por allí —titubeó. Me separé un poco de ella para verla a la cara con mayor seriedad. —Dímelo, por favor. ¿Ahora qué hizo ese enano? Sabía que Clay últimamente estaba siendo demasiado rebelde. Se había estado metiendo en muchos problemas, como si la pubertad hubiera despertado al duende diabólico que llevaba dentro. Se une a la maquinación de planes para romper mi relación, ha aprendido a mostrar el dedo medio, empezó a usar la palabra "imbécil" indiscriminadamente y hasta les ladra a los perros. ¡Les ladra a los perros! —Pues, yo oí que él... ¿Qué va a decirme ahora? ¿Que alguien lo vio mordiéndole la cola a un gato? ¿Comiendo croquetas de perro? Juro que voy a enviarlo a una perre- —¿A Clay le gustan los chicos? La ruidosa carcajada volvió a resonar contra las paredes de la escuela, atravesando mi cabeza completamente en blanco. Cuando los ojos de Nidia ya denotaban preocupación, me las arreglé para hablar. —¿Cómo? Nidia hizo una mueca. —He escuchado rumores por ahí, pero son solo rumores, eh —aclara antes de proseguir—. Algunos de sus compañeros dicen que él se comporta demasiado afeminado. ¿No será que le gustan los chicos? —pregunta, realmente interesada. Frunzo el ceño, sin comprender. Y, luego de cerciorarme de que el salón seguía vacío a excepción de nosotros, arrastré mi silla para acercarme más a ella. —¿Cómo que “afeminado”? —repito. Nidia asintió fervientemente. —¡Sí, afeminado, mariquita! ¿No lo habías notado? Es tan femenino. Incluso cuando todos los chicos están en el club de deporte, él se queda con las chicas en el jardín. Me reí, pero no me sentía nada divertido ahora mismo. —No, Clay no es como una chica. Se queda en el jardín porque no le gustan los deportes bruscos, es bastante enfermizo así que no puede realizarlos. Él no es gay —respondo sin dudar. —¿Por qué estás tan seguro? Abrí la boca, pero me sorprendí a mí mismo al no poder decir nada. Por primera vez, mi lengua, de cuya elocuencia estaba tan orgulloso, se quedó enmudecida. Cualquier respuesta que pude haber dado desapareció, dejando solo vacío. No, quizá no era eso. Quizá lo que creí que era vacío no lo era, quizá la imagen que rápidamente suprimí de Clay pidiéndome un beso en mi habitación me había golpeado con tanta fuerza la consciencia que me dejó en estado de shock. No, eso no es posible, eso no tuvo significado, fue simplemente un juego de manipulación como los que siempre hace. Él sólo quería castigarme y yo no iba a dejarlo salirse con la suya. Además, estaba enfermo... Nidia deja entrever un poco de satisfacción en su rostro, pero no tuve la energía para descubrir si fue porque al fin logró ganarme una discusión o porque mi expresión le confirmó sus sospechas. —Es solo lo que he escuchado —se defiende, luego acaricia mi mejilla—. Jamás te lo habría dicho si no fuera porque son amigos tan cercanos. Negué de inmediato. —Son solo rumores, él no se comporta como una chica. Fastidiada, Nidia dejó caer su mano. —Oh, Derek, sé que es tu mejor amigo, pero no te engañes, Clay es tan delicado como una margarita y toda la escuela lo sabe. Quizá deberías prestar más atención a las personas con las que te rodeas, nunca sabes hasta qué punto pueden embarrarte con sus comportamientos vergonzosos. Pude decir varias cosas sobre su comentario, pero fue la parte final la que acabó por llevarse mi atención. —¿Qué quiere decir con embarrarme? Sus ojos claros volvieron a llenarse de timidez y compasión como al principio mientras sus manos tomaron las mías sobre la mesa. —Es solo que...—murmuró, para luego suspirar con pesar—, también oí que está enamorado de ti. Ese día, el timbre sonó como la mayor muestra de misericordia de mi vida. Las clases se reanudaron y las carcajadas de Clay desaparecieron, dejando solamente su presencia en mi mente dando vueltas entre los números con que el maestro llenó el pizarrón. Los problemas matemáticos se acumularon, pero fue el que contenía al rubio al centro el único que me resultaba imposible de resolver. ¿Clay era gay? ¿Cuándo sucedió? ¿Quién le hizo eso? ¿Por qué a él? ¿Y por qué yo tengo que estar involucrado también? Las preguntas se acumularon como las horas y me encontré a mí mismo observándolo con ojos diferentes en los siguientes días, pero no pude dar con ni una sola respuesta. Para mí, Clay seguía siendo Clay. Solo esperaba que para los demás fuera lo mismo y que, aún más importante, yo me mantuviera fuera de cualquier habladuría. Sin embargo, todo eso cambió más rápido de lo que pensé. —¿Alguno tiene planes para esta semana? —pregunta Henry mientras come su almuerzo. Nos encontrábamos en receso y estábamos descansando al lado de uno de los ventanales del salón mientras charlábamos de cosas triviales. Estaba rodeado de amigos de Nidia, algo bastante común desde que los míos intentaron sabotear mi relación. Lo habíamos resuelto, a medias, pero mi novia se negó a que renunciara a la costumbre que había adoptado de almorzar de vez en cuando con ellos. —Habíamos quedado en ir al cine en otro fin de semana, no lo olviden —señala mi novia. —Yo no puedo, es el día conmemorativo de la muerte de Rita, Bobby perderá la cabeza si me lo salto —respondo picando con el tenedor mi almuerzo. Nidia hace un puchero. —¿Y quién me va a sostenerme la mano entonces? —Bobby me haría la misma pregunta —me burlé, pero no se rio, solamente rodó los ojos y me golpeó el brazo. —Tu hermano es aterrador —comenta y todos ríen. —En realidad, es buena persona. No sacrifica ovejas como dijeron en f*******: —respondo entre risas, pero de repente uno de los chicos se asoma por la ventana y codea al de la par para que vea algo—. ¿Qué sucede? —pregunto, buscando lo que veían. Desde la ventana se podía ver el jardín y ahí, entre las altas girasoles, estaba sentado Clay con su sombrero de paja, colocándose una florecilla tras lo oreja y batallando con sus manos enfundada en los guantes de jardinería. Lo miro hasta que la risa de los demás me hace despegar la vista del cristal en silencio, con un malestar extraño en el abdomen. —¿Ese no es el chico de la otra clase? ¿Qué hace entre tantas niñas? —Sí, es la mejor amiga de Derek —responde uno antes de carcajearse por su estúpido chiste. Remuevo mi comida con incomodidad, con la mirada de Nidia clavada en el cuello y un silencio que pretendía obligarme a decir algo al respecto, pero no podía. El malestar era tal que estiraba los segundos en formas infinitas y cuando había recorrido ya varios me di cuenta de que mi tiempo para decir algo se había acabado, dejándome sorprendido. ¿Yo.. —En realidad, no son tan cercanos —aclaró Nidia con irritación—. Solo viven cerca, así que no lo molestes a él. —¡Ah! Fue mi error, mi error, los veía venir juntos que pensé que eran muy buenos amigos. ¿...yo acabo de negar a Clay? —O muy buenos novios —murmuró la voz de Henry, desatando una carcajada grupal. Nidia me miró de reojo con ira, como diciendo: "Te lo dije". Dejo caer los cubiertos sobre el plato y le miré amenazante. —Repítelo. Henry se rio entre dientes con la expresión típica de un cobarde, pero las risas que su comentario había desatado lo envalentonaron lo suficiente como para sonreír con suficiencia. —No lo niegues, Derek, todos sabemos que tú le gustas al mariquita. Y eso fue todo; todo lo dijo y todo lo que necesité escuchar antes golpear mi puño contra su boca. Y vinieron los gritos, el revuelo y la revancha, pero aún sobre todo el caos mi cabeza solo podía repetir la misma frase que me enfurecía como nada nunca. Le gustas al mariquita. *** —¿Y? —preguntó el director, alternando la mirada entre Henry y yo—, ¿algo que decir al respecto? Siendo custodiados a cada lado por nuestros representantes, ninguno dijo nada. Yo, porque sabía que el tipo emo a mi lado me lanzaría por la ventana si supiera los detalles. Y Henry, porque seguramente no podía hablar bien con la bolsa de hielo contra su boca. El director suspiró frustrado. —Qué pesadilla —murmuró, luego de un vistazo a la pequeña abuela de Henry y a mi sombrío hermano, que también fue su alumno más problemático—. Salgan, voy a hablar con sus representantes. Las sillas chirriaron y ambos abandonamos la sala. Cerré la puerta tras de mí y vi a Henry darme una mirada venenosa mientras se unía a su grupo de amigos que le esperaban al final del pasillo. Entre ellos estaba Nidia dándome la espalda, planeaba llamarla hasta que fue apartada a un lado por Clay. Fruncí el ceño. ¿Estaban hablando? El chico caminó hacia mí a paso rápido, un recorrido de solo unos cuantos pasos pero que provocó una ola de risitas y silbidos que sugerían algo que no me gustaba. El rubio levantó la mirada cuando se plantó frente a mí, pero por algún motivo la bajó rápidamente. —¿Ya te vas? Te estaba esperando para irnos juntos —murmuró, tomando entre sus dedos la punta de mi corbata. Esta vez, tan pronto como la tocó se la quité de las manos. Sus ojos verdes me miraron con sorpresa. Tenía razón en mirarme de esa forma, lo había hecho miles de veces y jamás se lo había impedido, pero quizás era hora de poner algunos límites —No tienes que esperarme, ya sabes que me voy con Nidia, así que vete por tu cuenta de ahora en adelante —solté. ¿Por qué me siento tan incómodo? ¿Por qué ahora me cuesta hablar con él? Clay me miró con una mezcla de sorpresa y confusión. Jamás le había visto poner una expresión tan miserable, pero eso solo me hizo darme cuenta de otra cosa: Clay realmente era femenino. Sus rasgos suaves, sus manos delicadas, un par de pestañas largas y rubias proyectando sombras sobre sus almendrados ojos verdes; y más abajo, su nariz respingada cubierta de pecas por encima de unos labios con el arco de cupido perfectamente delineado. Y ni hablar de su personalidad sensible y juguetona con tendencia al berrinche, a ser consentido y al llanto... justo como una chica. ¿Él siempre fue así? ¿Por qué no lo había notado? Nidia tienen razón... —Derek, ¿por qué me hablas así? ¿Estás molesto conmigo? Aparté la mirada de su rostro de inmediato. —Solo te pedí que te fueras, no hagas un drama por esto —solté con incomodidad. Parecía desconsolado, pero sus ojos se ensombrecieron de repente. —¿Es por lo que dice tu novia? ¿Qué parezco una chica? —espetó. El colectivo sonido de exagerado dolor venir de los idiotas amigos de Nidia me hizo saber que nos estaban oyendo. Les lancé una mirada de advertencia y tomé a Clay del hombro para apartarlo. Él se quitó mi mano bruscamente después de un par de pasos. —¿Qué pasa? ¿Ahora te avergüenzas de mí, de tu mejor amigo? ¿Por eso has estado evitándome todos estos días como si fuera a pegarte algo? —Baja la voz —mascullé. —¡No estoy diciendo nada que ellos no sepan! ¡¿Crees que no los oigo burlarse de mí todo el tiempo?! ¡Es de ti de quien quiero escucharlo, no de ellos y mucho menos de tu novia! —Clay, cállate. La rabia le sonrojó el rostro. —¡Eres tan cobarde ahora, pero no lo fuiste para enviar a tu novia a decirme que me aleje de ti, ¿verdad?! ¡Eres igual que ese grupo de simios! ¡Eres un cobarde, un cobarde, un cob- —¡Sí, tienen razón! —estallé de pronto, alzándome por encima de su voz— ¡Te comportas como una niña y pareces una, siempre encima de mí! ¡Eres un hombre, entonces actúa como tal de una vez! Me miró en silencio, pero fue uno que me caló más que cualquier insulto que pudiera haberme dicho. Lo que vi dentro de sus ojos me cerró la garganta. —Pues qué bien por ti —suelta con amargura y sarcasmo, luchando contra la voz quebrada—, acabas de perder a tu mejor amiga. Dicho eso, camina hacia la salida dejándome ver su espalda solitaria y el movimiento de su mano al limpiar su rostro. Yo me quedé clavado en el mismo lugar hasta que Nidia se acercó a mí lado. —¿Por qué se lo dijiste? —pregunté, sin dejar de ver el lugar por el que se había ido. Nidia puso su mano suavemente sobre mi hombro. —Derek, tú jamás ibas a decírselo, habrías preferido cargar con eso solo y yo no puedo dejar que lo hagas; soy tu novia. Algún día tenía que saberlo, cariño, luego te lo agradecerá —pronuncia de forma comprensiva antes de rodearme y alzarse hasta mis labios—. Y tú me lo puedes agradecer invitándome al cine este fin de semana, ¿qué te parece? ¿Qué he hecho?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD