Capítulo4

1058 Words
Aurora.- Abro mis ojos, mi respiración está agitada siento mi ropa de cama pegada a mi cuerpo por el excesivo sudor después de… soñar con él, siento cierta humedad entre mis piernas, salto de la cama directo al baño, rápidamente me meto bajo la ducha, no me importa que el agua esté fría, quería pensar que había mojado la cama después de ser una adulta, pero no… una sustancia pegajosa y transparente, comencé a negar. Fue inevitable para mí recordar las sensaciones que experimenté mientras soñaba con el hombre que visitó el convento el día de ayer. No puedo seguir así, me castigo a mí misma, porque siento que estoy traicionando a mis padres desde que vi a Vincent Mars. La duda me ha abrumado. ¿Realmente quiero ser monja? Nunca se me ha permitido querer algo, mi destino estaba escrito, o eso fue lo que me dijeron, ahora pienso un poco más en las palabras de la hermana Irene. Llevo años encerrada en este lugar, sin conocer lo que hay allá afuera que me permita elegir. — Elegir ¿Mis padres se decepcionarían de mí si escojo otra vida? Cora.- Apenas mis hombres me avisaron la visita de un hombre al convento no dudé en viajar, la madre superiora no me informó que tendría una visita inesperada, es una de sus órdenes le pago mucho a esa monja corrupta para que me mantenga informada de todo y me oculta esto ella no sabe con quién se enfrenta. — Señora Hill —Intenta ocultar su sorpresa al verme. —Que inesperada visita. — Jum, habíamos acordado algo usted y yo, madre superiora, pero por lo visto tengo que venir a recordárselo. Me enteré de que tuvo una visita — Así es… fue el emisario de una de nuestras más fieles colaboradoras, no tiene importancia — Claro que la tiene y más si me lo oculta — Señora Hill hasta ahora he cumplido con mi parte del trato, el dinero que usted me paga no es suficiente como para darme el lujo de despreciar donaciones, el hombre que nos visitó estuvo aquí menos de media hora, Aurora estaba en sus deberes, él no la vio y tampoco iba a permitírselo, no debe preocuparse. –Me quedo en silencio, ambas no retábamos con la mirada, a pesar de ser una monja tenía carácter y si ella quería podía delatarme, tengo contactos y mantengo vigilado el convento, pero mi alcance no llega a los que ella conoce solo una llamada y cualquiera vendría ayudarla y descubrirían la ubicación de Aurora y por ahora no puedo darme ese lujo. — Bien, ¿Dónde está? Necesito que firme unos documentos. — Debe estar en la capilla, como siempre –Asentí saliendo de la oficina, solo quedan cuatro semanas, cuatro y después podré deshacerme de esta estúpida monja y de la idiota de mi sobrina, la madre superiora no sabe que también tengo comprado a los trabajadores que están realizando las reparaciones, con una sola llamada pondrán este convento a arder en llamas y así mato a dos pájaros de un solo tiro, falta poco para que pueda hacerme con la fortuna que mi hermano le dejó a Aurora. Cuando llego a la capilla observo a mi sobrina, arrodillada frente a la cruz ruedo mis ojos con fastidio, ella no lo sabe, pero esta será la última vez que nos veamos, pronto podrá reencontrarse con sus padres en el infierno donde deben estar. — Aurora —Ella se gira y me sonríe animada. — ¡Tía! No sabía que ibas a venir, te esperaba el próximo mes –Me abraza y no puedo evitar sentir repudio por esta mocosa, así como deteste siempre a su padre mi hermano la detesto a ella aún más, su madre fue la culpable de que Tom me alejara de su vida, esa perra siempre lo manipuló, metiéndole ideas en la cabeza, ya tenía metido en la bolsa a Tom hasta que todo cambió. — Tenía ganas de verte querida ¿Cómo te preparas para tomar tus votos? Ya solo quedan dos semanas —esquiva la mirada poniéndose seria. – ¿Qué pasa Aurora? — Nada tía, todo ha ido bien —comienzo a sospechar que la madre superiora me mintió ¿Será posible que ese hombre haya venido por Aurora? No, no es posible nadie sabe, fui inteligente. Al irme de Estados Unidos a los amigos de Tom no le interesaron nada de Aurora, ni mucho menos con quien se quedaría. – ¿Tía? –Salgo de mis pensamientos al sentir la mano de Aurora sobre la mía, la aparto bruscamente y ella se sorprende. — Perdón mi niña, estaba pensando en trabajo, por cierto te traje algunos documentos que debes firmar, sabes que debemos pagar tu estancia aquí fue un acuerdo al que llegaron y así poder usar el dinero que te dejó tu padre, que ya casi desaparece. —Le extiendo el bolígrafo y los documentos cuando está a punto de firmar ella se detiene. – ¿Qué pasa? — Tía lo siento, pero… quiero estar completamente segura de que lo que estoy haciendo es lo correcto, ya sé que mis padres decidieron mi vida incluso antes de nacer, pero… quiero saber si allá afuera ahí más para mí. — ¿Qué estás diciendo? —pregunto con enojo poniéndome de pie. – ¿Vas a llevarle la contraria a la decisión de tus padres? — No se trata de eso tía, es solo que quiero estar segura de que es lo que quiero para mí — ¡NO SE TRATA DE LO QUE TÚ QUIERAS! –Mi voz retumbó en cada rincón de la capilla, ella me miraba confundida y sorprendida por mi reacción, ella se puso de pie y por primera vez vi en sus ojos algo más determinación, dispuesta retarme. — No firmaré nada tía, soy una adulta. Quiero estar segura del paso que voy a dar es mi vida no la tuya, tú sales, convives, estás allí afuera yo he tenido que estar encerrada como si fuera una delincuente, yo hablaré con la madre superiora sobre el pago de mi estancia, te avisaré sobre mi decisión. Sin decir nada más me dejó allí parada como una idiota, cometí el error de subestimarla, debí haberla hecho firmar esos documentos hace tiempo ¡Maldita sea!
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