Detuvo el auto afuera del deslumbrante salón, alguien abrió su puerta e inmediatamente le escuché decir: -Yo lo hago. -Dejó la puerta de su lado abierta y un chico se acercó pero no entró, hasta que Josh abrió la de mi lado para ayudarme a bajar. Comenzamos a caminar, me había ofrecido su brazo de nuevo y yo no lo había despreciado. Una alfombra roja con camarógrafos a los lados, nos mostraba el camino hacia la entrada del salón; en la lejanía, el sonido del auto se perdía para dar paso a un bullicio, que cuando atravesamos la puerta de hierro forjado, develó a un sin fin de personas conversando en el gran espacio donde sería el evento, siendo amenizado por una orquesta sobre una tarima al fondo del lugar. Los candelabros alumbraban las mesas y las sillas, que estaban vestidas de blanco

