Fuego Cruzado El amanecer trajo consigo una calma inquietante. La mansión estaba más silenciosa que de costumbre, como si incluso las paredes supieran que algo oscuro se cernía sobre ellos. Emma se despertó con una sensación de angustia en el pecho, una presión que no podía ignorar. Desde la conversación de la noche anterior, no había dejado de pensar en las palabras de Alexander y en lo que implicaban para ambos. Sabía que estaban entrando en territorio peligroso, y aunque confiaba en Alexander, el miedo era imposible de evitar. Cuando bajó a la cocina, encontró a Alexander revisando informes, su rostro tenso y su mirada fija en la pantalla de su computadora. Parecía haber estado despierto toda la noche. Al verla, sus ojos se suavizaron brevemente, pero la tensión en sus hombros no desa

