El Precio de la Lealtad El amanecer trajo consigo una calma momentánea, pero tanto Alexander como Emma sabían que era solo una ilusión. Después de los eventos de la noche anterior, la realidad de su situación pesaba sobre ellos como una losa. La muerte de Sergei había desencadenado una reacción en cadena que ninguno de los dos podía detener. Alexander estaba en su despacho, revisando documentos y mensajes que llegaban constantemente, mientras Emma, aún algo afectada, se esforzaba por mantener la compostura. Sabía que no podía permitirse ser una carga para él, no ahora. Tenía que ser fuerte, por ella misma y por Alexander. El sonido de su teléfono vibrando en la mesa la sacó de sus pensamientos. Cuando lo tomó y vio el nombre en la pantalla, sintió un nudo formarse en su estómago. —Es m

