Por un momento pensé que todo se había arruinado. Que lo que acababa de suceder, iba a repercutir en la grandiosa noche que supuestamente queríamos pasar junto con Jess. Bueno, aunque se veía que ella no lo estaba pasando para nada de mal, y me alegraba mucho verla bailar como si no hubiera un mañana junto con Fernando, en donde se veía que disfrutaba de la compañía de mi querida amiga.
Max no se veía un mal muchacho, independiente del estereotipo que me había formado de un chico como él y estoy totalmente segura de que en otras circunstancias de la vida hubiera accedido a que todo fluyera entre nosotros.
Max le puso fin al silencio incómodo
–Agradezco muchísimo tu sinceridad Lucy, pero insisto en que me gustaría que siguiéramos conociéndonos. Mantener el contacto y todo eso
–Sería una tonta si rechazara tu número de teléfono, digo, me gustaría tener el contacto del chico que me puede salvar de aprietos, como el de esta noche – le respondí sonriente.
Soltó una carcajada, y me dirigió una mirada cariñosa. Vaya que mirada tenía ese chico. Independiente de todos los sentimientos que involucraba hacia Jack, no podía privarme de conocer a otros chicos. Al fin y al cabo, no tenía nada con él. Es más, lo que sea que hayamos tenido por un momento, se fue al bote de la basura, y aunque sea una chica que habitualmente le gusta reciclar, no quería hacerlo con ese chico, porque tal como él había mencionado la última vez que nos vimos, y como yo confirmé, no era bueno para mí.
Con Max comenzamos a charlar de nuestras vidas. Él me contó sobre su familia. Era el hijo regalón, pues era el único. Creció en un ambiente bastante grato, lleno de amor y afecto. Y de verdad se notaba. Pesé a ser dueño de un bar como este, se veía de lo más sencillo. Pues, los dueños de los otros bares que rara vez he frecuentado suelen ser muchachos altaneros, rodeados de chicas y presumiendo una y otra vez el poder que tienen. Este chico no era así.
–¿Sabes Lucy? Todo lo que he ido construyendo me ha costado un montón, por eso soy agradecido de lo que tengo, y de las personas que he ido conociendo. Y sin duda alguna, estoy muy agradecido por haberte conocido esta noche – me dijo Max, acariciándome la mejilla.
La verdad es que esa caricia se sentía bien. Se sentía sincera. Después de una larga plática en donde profundizamos sobre nuestras vidas, sabía que lo que Max me estaba diciendo era sincero, y también me alegraba muchísimo de conocerlo.
Lamentablemente, el tiempo estaba pasando, y después de haberme tomado dos tragos de lo que había pedido Jess, lo agarré del brazo, y nos fuimos en dirección a la pista de baile. No podía irme sin haber bailado una canción, aunque fuera.
–Estás loca chica – me dijo Max riéndose.
Nos ubicamos al lado de Jess y Fernando, y comenzamos a bailar. Sinceramente, no podíamos competir contra nuestros contrincantes, ya que bailaban demasiado bien, y yo me sentía más alegre de lo habitual. Creo que el alcohol estaba surtiendo su efecto, pero no me molestaba en lo absoluto. Era lo que necesitaba. Disfrutar de una noche con buena compañía.
Max había notado que se me habían pasado un poco los tragos. Aunque hubiesen sido solamente dos, no acostumbraba a beber alcohol, cuestión que también le confesé a Max mientras charlábamos. Por lo que estábamos agarrados de las manos bailando, y dejándonos llevar por la música. De un momento a otro dejamos de bailar tan eufóricamente, y Max comenzó a acariciarme el rostro.
Demonios. Quería besarme. Estaba casi segura.
Comenzó a acercarse muy lentamente hacia mí, cuando de pronto, echo un vistazo hacia el costado, y veo que unos grandes brazos, empujan a mi bailarín. No necesitaba estar tan borracha para darme cuenta de lo que estaba sucediendo, ni mucho menos, quién lo había provocado.
Max no se quedó atrás y le lanzó otro empujón a Jack, y antes de que este pudiera volver a reaccionar, habían llegado los guardias. Sujetaron a Jack, y sacaron a Max de la pista de baile. Era lógico que lo iban a defender a toda costa, era su jefe. Además, si me hubiese encontrado en mis cinco sentidos, yo también lo hubiese defendido. Jack no tenía ningún derecho varonil sobre mí.
Obviamente que habíamos llamado la atención de todos los que se encontraban en el bar, pero, en cosa de segundos, volvieron a disfrutar de su baile y sus tragos como si nada hubiese pasado.
Ya había sido suficiente por esta noche. Jess estaba sorprendida por todo lo ocurrido, y junto conmigo, enfurecida por la actitud que había tomado aquel chico que, sin duda alguna, nos echó a perder nuestra noche. Fernando, apenas sacaron a Max de la pista de baile, fue tras él. Era su amigo, y era lógico que no lo iba a dejar solo en estos momentos.
Nos tomamos de la mano, y abandonamos el bar. Al atravesar la puerta de salida de este, ambas quedamos sorprendidas. Más Jess que yo, puesto que ya no podía sorprenderme más. Había aparecido mi peor pesadilla golpeando al chico que acababa de conocer.
Junto con Jack se encontraba su hermano. Pedro.
A simple vista, no tenía muy buena cara. Pues, al parecer, había visto a Jess divertirse junto con Fernando, lo cual, desde mi perspectiva, no tenía nada de malo. Tenía todo el derecho de disfrutar de la compañía de otras personas, y no solamente de la suya. De hecho, siempre pensé que le llegaba a molestar hasta que yo fuera su amiga. Se veía un chico bastante posesivo la verdad, pero para serlo, independiente de su rostro, se veía bastante tranquilo.
Jess aún paralizada por la sorpresa de ver a Pedro, no reaccionaba. Estaba realmente sorprendida.
–¿Nos vamos? – Pedro le preguntó a Jessica de una manera bastante fría.
–Estoy con Lucy, Pedro. Lo siento, pero no puedo dejarla sola a estas horas de la noche – le respondió Jess.
Esa era mi amiga. Una amiga de verdad.
–No te preocupes Jess – saltó Jack, agregando – Me encargo de llevarla a la puerta de su casa.
–Si como no – le respondió Jess poniendo los ojos en blanco.
Sin duda alguna estos chicos se odiaban.
Para no complicar más la noche, dije
–Esta todo bien Jess. Si debes irte con Pedro, no hay problema por mi parte, siempre y cuando me prometas que te irás a tu casa
Jess se acercó hacia mí, me dio un abrazo apretado y un beso en la mejilla
–Gracias, Lucy – me susurró al oído
Mientras se alejaban, Jess volteó y me dijo
–En caso de cualquier cosa, patéale las bolas Lucy
Solté una carcajada.
–Dalo por hecho nena – le respondí tirándole un beso con la mano.
Realmente, esa no era yo en mis cinco sentidos.
Por un momento, se me había olvidado de que junto a mi estaba el grandioso Jack. Tan protector como siempre.
–Vete al demonio – le dije mientras caminaba en busca de la camioneta.
¿Realmente le dije eso? Era casi evidente que ya no tenía el control sobre mis palabras, ni mucho menos sobre mí. El hecho de haber salido a la calle, con un viento bastante fuerte, había profundizado el efecto del alcohol sobre mí.
–Si, ya sé que quieres que me vaya al demonio. Pero antes de ir en esa dirección, debo ir en otra, para dejarte sana y salva en la puerta de tu casa – dijo Jack mientras me tomaba del brazo
–¡Si ya llegó el héroe de Lucy, a rescatarla de los lugares al que nunca ha sido llamado! – le respondí de manera fría y soberbia.
Sin duda alguna, merecía esto y más.
Se veía un poco sorprendido por mi repuesta, pero le importó un carajo.
–¿Desde cuándo los superhéroes llegan cuando son llamados? – me respondió de manera desafiante.
–Desde que los superhéroes se llaman Jack – le respondí también de manera desafiante y altanera.
Comenzó a reírse. Pero no era una risa real, sino que una fingida, la cual tenía como propósito fastidiarme aún más de lo que lo estaba haciendo.
–¿No te cansas? – le pregunté mirándolo fijamente
–¿De ti? No podría cansarme jamás – respondió alzando la voz mientras me miraba
–No idiota. De echarme a perder mis panoramas favoritos – le respondí de manera que sintiera mi indiferencia a su respuesta anterior.
–¿Panorama favorito? – dijo Jack agregando
–Pues por eso llegué, para que esta noche pudieras irte feliz y satisfecha a la cama por haberme visto – respondió de manera altanera
–Ya quisieras ser tan importante en mi vida – le respondí
¿Era Jack importante en mi vida? Solamente dependía de mí. De momento, si lo era. Por muy estúpido que suene, pues, es un chico que conozco hace un par de días, pero con el que he vivido mucho mas que con mis demás experiencias amorosas. Sin embargo, no podía dejar que siguiera siéndolo.
Sabía en el fondo que no era sano para mi involucrarme con un chico así. Tanto, que hasta él me lo había advertido, pero como Lucy es una chica tan testadura, no dudo ni un segundo en llevarle la contraria.
–Déjame que te lleve a casa Lucy. Prometo comportarme – se dirigió hacia mí, bajando la guardia.
El problema de esa noche no era que él se comportara, sino que yo pudiera hacerlo. Si estando con mis cinco sentidos bien puestos no lo logré, no tenía tanta certeza de que en este trayecto a casa pudiera lograrlo.
Ese era el único motivo por el que no quería que me llevara a casa. Pero sabía que no me encontraba en condiciones de conducir. Mamá me iba a matar si llegaba a casa ebria, y para empeorar la situación, sin la camioneta. Vehículo que, si mal no recuerdo, lo saque sin la autorización expresa de mi querida madre.
Por un momento, pensé que lo más sensato era recuperar mis cinco sentidos, así que le pregunté
–¿Podemos ir por un café? La verdad es que, si llego así a casa, mamá me matará
–Claro que sí – me respondió, agregando
–Pero yo conduzco. Vamos en mi auto, y si te logras recuperar, venimos por la camioneta, ¿te parece?
Era lo más sensato que había salido de la boca de Jack
–¿Y que esperamos? Acaso no te das cuenta, que estos zapatos me están matando – le respondí haciendo puchero
Grave error. Estaba casi segura del movimiento que Jack iba a realiza a continuación.
No me equivoqué. A penas termine de decirle lo cansada que me encontraba, me cargo sin problema alguno. Lo hizo con tanta facilidad, como cuando uno toma una ligera pluma.