Capítulo 50 Puedo decir con toda la seguridad del mundo que ni cuando me dijo mi madre que tenía Leucemia, me sentí tan mal, con tan pocas ganas de vivir como ahora; llevo días intentando ver a Portia, hablarle, llamarla, buscarla pero todo era en vano, no quería verme, no quería saber nada de mí y yo ya no podía con tanto dolor dentro de mí, la extrañaba, me hacía falta en las noches, sus caricias, sus besos, sus abrazos, ya no sabía lo que era día o noche, lo que era dormir, pues estaba asumida en un abismo en donde no había otra cosa más que el dolor que me acompañaba y las lágrimas. -Ser – escuche una voz a las afueras de mi habitación. -¡DIJE QUE NO QUIERO VER A NADIE! – grite con rabia. Era lo rutina
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