Sentí que mi propia realidad se fracturaba. La visión de mi amiga entregada a ese frenesí, el sonido de los gemidos que se volvían más agudos y el eco sordo de los golpes de sus cuerpos, crearon una tormenta dentro de mí. Involuntariamente, mi mano descendió. Mis dedos rozaron la tela de mi pijama, justo sobre mi propia entrepierna. Estaba ardiendo. Mi v****a palpitaba con una urgencia que nunca antes había experimentado. Era una presión constante, un latido sordo que parecía sincronizarse con las embestidas que veía a través de la rendija. Deslicé mi mano dentro de la pijama, tocando mi piel húmeda y caliente. Solté un jadeo silencioso, cerrando los ojos mientras imaginaba que no era Roxy la que estaba en esa sala, sino yo. E imaginaba que el hombre que me sujetaba con esa violencia cont

