+ALISTAIR+ Escuché el siseo del ascensor cerrándose, llevándose consigo a la chica del vestido esmeralda y, con ella, el poco aire que quedaba en este tríplex. Me quedé inmóvil frente al ventanal, observando cómo las luces de Toronto empezaban a encenderse como brasas en la oscuridad. El silencio que siguió a su partida no fue relajante; era una presencia física, una presión en mis oídos que me recordaba la magnitud del desastre que acababa de orquestar. Me dejé caer en el sofá de cuero n***o, sintiendo que mis extremidades pesaban una tonelada. Me pasé las manos por el rostro, frotándome los ojos con una brusquedad que rayaba en la agresión. ¿Qué demonios acababa de hacer? He cerrado tratos por valor de miles de millones sin parpadear, he hundido competidores con una sola llamada y nunc

