+++++++++++++++++++++++++++++ Pasé la siguiente hora moviéndome como un autómata. Mis sentidos estaban hiperalerta, cada vez que una puerta se abría o que una risa masculina resonaba por encima del murmullo de la música, mis hombros se tensaban hasta doler. Sentía sus ojos en mi nuca. No necesitaba verlo para saber que me estaba vigilando, diseccionándome desde la distancia mientras mantenía conversaciones sobre millones de dólares y fusiones de empresas. —¡Clara! Muévete al ala oeste, necesitan más canapés —la voz de Tamara me sacó de mi estupor. Caminé hacia la zona más oscura de la terraza, donde los setos de arrayán formaban laberintos naturales. Según es aquí donde debería venir, pero aquiiii, no veo a nadie. La luz de la luna empezaba a ganar terreno y las antorchas de jardín cre

