+CLARA+ Entré en el apartamento como un espectro que regresa a visitar su propia tumba. El aire olía a lo de siempre: humedad, café recalentado y ese ambientador barato de vainilla que Roxy usaba para ocultar el olor a encierro. Pero para mí, todo se sentía extraño, como si viera mi vida a través de un cristal empañado. Roxy estaba frente al espejo del pasillo, terminando de ajustarse un arete de aro gigante mientras se retocaba el labial rojo fuego. Llevaba puesto su uniforme de guerra: un vestido de malla que dejaba poco a la imaginación y unos tacones que la hacían parecer una amazona urbana. Al oír la puerta, se giró con su habitual energía eléctrica, pero su sonrisa se congeló en el acto. —Ya es hora de irme al club, nena, llegas justo a... —se detuvo en seco, recorriéndome con una

