++++++++++++++ El frío de la madrugada se había filtrado por las rendijas de las ventanas, calando mis huesos a pesar de la seda que me cubría. Me había quedado dormida en una postura forzada, con la cabeza apoyada en el respaldo del sofá y el cuerpo hecho un ovillo, una imagen patética de una gala que nunca sucedió. Mis sueños habían sido fragmentos inconexos de billetes de banco manchados de sangre y la risa gélida de Alistair resonando en un túnel sin fin. De repente, un sonido estridente rasgó el silencio sepulcral del apartamento. Mi celular. Me sobresalté, el corazón dándome un vuelco violento contra las costillas. Estaba somnolienta, con los párpados pegados y el cuello rígido. Busqué el aparato a tientas entre los cojines, mis dedos tropezando torpemente hasta que lo hallé. La

