¡Llego tarde!

1741 Words
Nickolas: Suelto un suspiro de derrota cuando la puerta se cierra detrás de Rael. Camino hasta el soporte de mi guitarra antes de descolgarla de mi hombro y dejarla allí con suavidad. —Debemos hacer algo con él. Más de un año después y aún no ha podido salir adelante —suelto con algo de frustración. Mi hermano camina hacia mí y me coloca una mano en el hombro. Sus ojos verdeazules muestran simpatía y pesar, pero eso no impide que niegue con la cabeza ligeramente. —No nos corresponde, Nick. Debemos dejar que él atraviese su luto. Nunca es tiempo suficiente para ello. Aprieto un poco mis labios. No estaba del todo de acuerdo, pero en estos instantes no tenía muchas cosas que podría hacer. —Nos puede arruinar la gira —digo entre dientes, sin saber realmente si quería que me escuchara. —No lo hará. Deja de pensar así —me da un golpe con la palma de su mano en la cabeza. Doy un paso atrás para salir de su alcance y hacerle una mueca de disgusto. —Además, ¿hoy no es tu día de recoger al pequeño Nikolay? Abro los ojos de golpe al recordar que es cierto. —Por dios. Susan va a matarme —corro a por mi mochila antes de salir como alma que lleva el diablo. —¡Nos vemos en un rato! —les grito desde el pasillo sin detenerme. Me fijo que el ascensor se encuentra ocupado, por lo que bajo corriendo las escaleras. Cuatro pisos después me encuentro jadeando y buscando en mi mochila la llave de mi moto. Al agarrarla casi se me cae al suelo, pero hago malabares para atraparla al vuelo sin dejar de correr. Llego hasta mi vehículo y me apresuro a colocarme el casco antes de salir cagando leches en dirección de mi antigua casa. Doy gracias a dios que no me encuentro con mucho tráfico por el camino. Después de un tiempo récord de veinte minutos y tres semáforos en rojo, llego con un total de tres horas tarde. —Maldita sea —gruño al revisar la hora en mi teléfono. Me bajo de la moto y me dirijo a paso vacilante hasta la puerta. Toco el timbre con algo de miedo y preocupación. Tal vez mi comportamiento parecía exagerado, pero eso solo lo creería una persona que no conociera a mi exesposa. Al otro lado se escuchan pasos firmes por el pasillo. Unos segundos después la puerta se abre con brusquedad y se asoma una enojada Susan con una mirada asesina. —Hasta que al fin apareces. ¿Estuviste de nuevo toda la noche de fiesta con tus "fans"? —Hace comillas en el aire de forma irónica para luego cruzar los brazos sobre su pecho. Mis ojos caen inevitablemente hacia ese lugar. Lleva una blusa de tirantes debido al clima cálido. La vista de sus senos de tamaño perfecto siendo levantados por su berrinche me hace imposible concentrarme en sus palabras. Espera, ¿eso que veo son sus pezones marcados? Oh, mierda. —¿Y si no hubiera sido yo el que hubiera llegado? ¿A quién carajos le abres la puerta así vestida? —Le suelto con enojo sin poder evitarlo. Su ceño se frunce y hace una mueca de exasperación. —¿Qué te importa? Es mi casa. Puedo salir desnuda si me da la gana. Un gruñido sale de mi garganta con tan solo imaginarme esa escena. Si ese fuera el caso la tomaría del brazo para obligarla a entrar y azotaría ese culo perfecto. Por un segundo casi se me olvida que ya nos habíamos divorciado, pero que dios me ayude, me polla se sacudió por las imágenes en mi cabeza. —Bien. ¿Dónde está Nikolay? —decido dejar el tema por mi salud mental. —Está en su cuarto. Ahora lo traigo —se gira sin decir más. Mi mirada se pierde en el movimiento que hace su pelo n***o mientras sigue sus gestos. Me quedo embobado mientras observo su hermosa figura oculta por el chrot de tela. Pero el portazo que da en mi cara me saca de todas mis ensoñaciones. —Maldita mujer —mazcullo por lo bajo. Los dos años que llevamos separados no habían sido suficientes para sacar de mi cabeza a esa bruja enojona de un metro sesenta. Habíamos tenido una hermosa relación desde el instituto, que había progresado en un matrimonio y luego en un embarazo accidental. Pero nuestra juventud, mi creciente fama y los celos de mi mujer nos llevaron a un barranco de desconfianza que terminó en divorcio. Jamás pude convencerla de que siempre la había amado de verdad y que ni soñando me habría atrevido a serle infiel, pero las revistas de chismes y las fans locas decían todo lo contrario. Para mi desgracia ella eligió creerle a las noticias falsas y terminó nuestra relación alegando que si era cierto que nunca lo había echo, tarde o temprano la fama terminaría por corromperme, así que prefería salir de eso antes de que le rompiera el corazón de verdad. Yo no cabía en mí debido a la impotencia y el enojo de que no me creyera. Después de unos meses de insistir en lo contrario, me amenazó con demandarme si no firmaba los puntos papeles de una vez. Los chicos me convencieron, pues era una batalla perdida y no nos convenía ir a corte, así que debí tomar la decición más difícil de mi vida. Me separé de mi relación de cinco años y mi bebé a punto de cumplir uno, dejándoles todo lo que tenía. Así que sí, me pongo malditamente celoso si ella decide salir sin ropa interior a abrirle la puerta a otra persona. El sonido de pequeños pasos apresurados en mi dirección hacen que mi corazón tiemble de felicidad. —Apresurate, mamá. Apresurate —escucho la vocesita de mi enano de tres años al otro lado de la puerta. Aún no tiene el tamaño suficiente para alcanzar el cerrojo, por lo que debe esperar por su madre para salir. Veo el momento exacto en el que Susan llega y lo abre para dar paso a mi pequeña fiera de rizos rubios, quien salta a mis brazos con un potente grito de felicidad. —¡Papá, papá, papá, papá...! —No para de exclamar una y otra vez. Lo estrecho entre mis brazos para darle un fuerte apretón hasta que lo hago chillar. Me río por sus golpecitos en mis hombros, pero no aflojo mi agarre. —¡Aire! —suelta entre golpes. —¡Lo ahogas, idiota! —el manotazo de Susan se siente mucho más fuerte en comparación con los del pequeño Niky. —No es cierto. Él está bien —le digo, pero no tardo en hacerle caso y dejar el niño en el suelo. Niky comienza a correr a mi alrededor, haciendo un camino en círculos. Su madre pone los ojos en blanco y mazculla algo que sonó como: —Te emocionas por ese idiota cuando soy yo la que siempre está contigo, traidor. Decido ignorar sus palabras, pues no quería recordarle nuevamente que en realidad era su culpa que yo no continuara a su lado, criando a nuestro hijo juntos, como debía ser. —Toma, aquí está todo lo que necesitas. Lo quiero de vuelta el domingo en la tarde. Nada de traerlo en la noche montado en tu moto del diablo o estás muerto, ¿entendido? —me recuerda por enésima vez mientras me extiende la mochila del niño. —Cero dulces en las noches. Respeta sus comidas y obviamente que no sea nada chatarra. No lo dejes solo para ir a tus fiestecitas y no quiero mujeres en casa mientras esté mi hijo. Suelto un gruñido de exasperación. Esta mujer tiene el poder de sacar el animal que hay en mi. —Que sí, pesada. Siempre me dices lo mismo. —Y es porque espero que no se te olvide, porque si haces algo de lo anterior creeré que no eres un buen padre y tus visitas serán supervisadas. ¿Así mejor? —Se cruza de brazos nuevamente para parecer más firme, pero en mi opinión su intención es torturarme. —Todos los días deseo que me dejes sacar ese estrés que tienes acumulado con un buen orgasmo —le digo bajito, esperando que Niky no lo escuche. Sus tiernas mejillas se tornan rojas por mis palabras. —¡Eres un idiota! —Me grita mientras intenta golpearme en el brazo, pero la esquivo fácilmente. —Cero violencia delante del niño, ¿recuerdas? —Me burlo entre risas divertidas. —Piérdete de una vez —dice con molestia. Decido no alargar más el suplicio que ella me provoca con su cercanía, así que camino hacia mi moto para sacar de mi mochila el pequeño casco de Niky y coloco dentro de esta el bolso que contiene las cosas de mi hijo. Echo un vistazo hacia atrás para observar a Susan agachada a la altura del enano rubio. Se encuentra abrazandolo y dejando unos besos cariñosos en sus regordetas mejillas. —Portate bien y hazle caso a papá. Recuerda que mamá te ama y que te va a extrañar mucho —le susurra con voz melosa. —Está bien —responde mi pequeño, ansioso por ir con su padre. Ella lo deja ir por fin, no sin antes darle un último beso. Niky corre hacia mí con mucha energía. Sonrío antes de ponerle su casco favorito con cuernos de dragón y su minúscula chaqueta de motorista. —¿Listo? —Le pregunto, muriéndome por dentro de la ternura que provoca su imagen. Asiente con la cabeza en confirmación. Lo tomo por las axilas para levantarlo y dejarlo en el asiento de atrás. Paso un pie con cuidado por encima del asiento, y luego de acomodarme, tomo el largo pedazo de tela que uso para amarrarlo a mi espalda para una mejor seguridad. Lo aseguro bien con un nudo en mi abdomen antes de encender la moto. —Abrázame fuerte —le indico. Cuando siento sus pequeños brazos rodeandome me permito salir a poca velocidad de la entrada de mi antigua casa. Cuando llevo a mi hijo en la moto siempre conduzco con mucho cuidado. Echo un último vistazo por el espejo retrovisor para poder captar la figura de mi exesposa, moviendo la mano en gesto de despedida.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD