La cena

2062 Words
Rider: Me río en voz baja cuando Nick sale corriendo como si su vida dependiera de ello, y no lo culpo, pues había tenido el placer de conocer a Susan, y sabía de buena mano lo tan aterradora que puede llegar a ser. Nish niega con la cabeza esbozando una sonrisa cariñosa antes de caminar hasta el sofá y recoger sus cosas, guardandolas en su chaqueta. Mi celular vibra en el bolsillo de mi sudadera. Lo saco para echarle un vistazo rápido. En la pantalla aparece un mensaje de mi padre que me hace fruncir el ceño con molestia. Recuerda la cena de hoy. Por lo que más quieras, ponte presentable. No llegues tarde. —¿Quieres que nos vayamos juntos? Voy a esperar a mi hermano en casa. Hoy me toca prepararle la cena al pequeño Niky —Nish se voltea hacia mí para captar mi atención, pero se da cuenta de mi expresión, por lo que no tarda en preguntar. —¿Sucede algo? Hago una mueca de desagrado. —Mi padre que está pesado con eso de las cenas —confieso antes de guardar nuevamente el celular sin responder. —Te acompaño. Igual debo ducharme y ponerme presentable para la ocasión. Ambos salimos poco después y tomamos el ascensor hasta el estacionamiento. Nos dirigimos al auto de Nish y en poco tiempo estamos de camino a casa. —Odio con todas mis fuerzas haber nacido en esa familia —suelto de repente, revolviendo mis mechones castaños con obvia frustración. Nish aprieta los labios en una línea fina en señal de comprensión. —Te entiendo. Es horrible tener todo el peso de tu familia sobre ti. Y es aún peor por ser hijo único —coincide. —¡Es que no entienden que no quiero su maldito dinero! Yo estoy creando mi propia fortuna, por dios. Me da igual si se quedan sin "heredero" —hago comillas en el aire mientras imito la voz absurda de mi padre. —Soy muy joven para casarme y tener hijos. Pero aquí estoy, asistiendo a una cena para que me busquen una esposa. Mi amigo no puede evitar soltar una risita divertida. —¿En qué año creen que estamos? —Esa misma pregunta me he echo toda mi vida. Nos pasamos el resto del viaje en silencio. Yo no estaba de ánimos para conversar y Nish respetaba eso. Cuando llegamos a casa voy directo a mi ala y no paro hasta visualizar el baño. Definitivamente necesitaba una ducha con agua helada para bajar la temperatura de mi cuerpo. Pensar en mis padres siempre hacía que me calentara, y no de la mejor manera. Tardé todo lo humanamente posible bajo el chorro, intentando alargar el inevitable encuentro. Después de media hora ya estaba tiritando del frío, por lo que me ví obligado a abandonar el baño. Después de secarme bien me dirijo al vestidor para elegir algo decente, según diría mi madre. Mientras rebusco entre mis trajes de vestir maldigo por no haber podido conseguir calmarme un poco. Termino por descolgar uno de mis conjuntos. Era de mis favoritos, pues Nish me lo había regalado en mi último cumpleaños. La camisa era negra y contrastaba de forma perfecta con el saco y el pantalón. Me voy vistiendo con lentitud, sin muchas ganas de terminar. Tomo un cinturón n***o y unos gemelos de plata, y finalizo con los zapatos del mismo color. Ya estaba cansado de la rutina de todos los meses. No veía la hora de que desistieran de sus intentos por verme hacer una familia. Me dirijo al salón principal con rostro serio mientras acomodo los gemelos en mis muñecas. Sentados en el sofá se encontraban Nish y el pequeño Niky haciendo una guerra de cosquillas, y al verme, interrumpen sus intentos por ver quién salía ganador. —Oh, ya apareció el temible señor Jackson —se burla mi amigo pelirrojo. Le hago una mueca de desagrado. —¿Por qué el tío Rider está vestido así? —cuestiona el minirubio con voz aniñada. —Porque tengo una feroz reunión con los brujos del reino —le cuento con una pequeña sonrisa. Niky tenía el poder de hacernos reír en cualquier sircuenstancia. —¿En serio? —Abre sus ojos castaños en señal de sorpresa. —¿Puedo ir contigo? Me río por lo bajo. —No sería mala idea. Me pregunto si la pretendienta de turno se escaparía si le cuento que tengo un hijo, o si sería más fuerte sus ansias de tener fortuna. El pequeño frunce el ceño mientras se sienta en los muslos de su tío. —¿Qué es pretendienta? —Cuestiona. —Es cuando una mujer te persigue para obligarte a ser su... —¡Compañero! —se apresura a interrumpirme Nick, quien estaba saliendo de la cocina en ese segundo. Me fulmina con la mirada antes de extenderle a su hijo un pote de helado.—Es cuando una chica te ama mucho y quiere que seas su novio —explica con mayor claridad. Nish observa con diversión a su hermano acercarse a mí y hablar por lo bajo. —Si dices una mala palabra delante de él y el pequeño decide repetirla frente a su madre, soy hombre muerto. Juro que regresaré para llevarte conmigo. Suelto una carcajada burlona y me cruzo de brazos. —¡Ahhh! —Niky llama nuestra atención con su exclamación. —Entonces mamá es una pretendienta —los ojos del niño se iluminan por su logro al decir bien la palabra. Su padre se le queda mirando con el rostro inexpresivo. —¿Qué quieres decir con eso, Nikolay? —Pregunta con falsa tranquilidad. —Es que mamá está con un chico que quiere que sea su novio. La escuché hablando con su amiga Paola por teléfono —argumenta inocentemente el pequeño de tres años. —¡¿Qué?! —Dice el rubio mayor, incrédulo. Aprieto los labios para no reírme. Nick había tenido dos años para prepararse para este momento, pero al parecer aún no se lo había esperado. —Creo que Susan decidió que es hora de rehacer su vida —comenta Nish, igual de divertido con la escena. —¡¿Qué se cree esa mujer?! ¿Cómo qué un novio? Se va a enterrar... —Refunfuña Nick, como su fuera un niño pequeño haciendo rabietas. Termino por darle un manotazo en la nuca para hacerlo callar. Debíamos respetar la regla de no hablar nada obsceno delante de Niky. —¡Hey! —Se queja por mi golpe. Justo cuando me iba a burlar de su flojera, mi teléfono vibra en mi bolsillo. ¿Por una vez en tu vida podrías respetarme y no llegar tarde? Nuestros invitados llegaron hace cinco minutos. El mensaje de mi padre me regresa al mundo real y mi mal humor vuelve más fuerte que antes. Guardo el teléfono con rabia y aprieto la mandíbula. —Debo irme, chicos. Nos vemos más tarde —me despido antes de emprender mi camino al garaje. —¡Suerte! —me grita Nish justo antes de perderme de su vista. Abro las puertas correderas apretando el botón del mando. Desbloqueo mi auto n***o antes de conducirlo fuera de la casa y cerrar nuevamente el garaje. Comienzo a manejar en dirección a la casa de mis padres, pero nunca dejé de pedirle al cielo que ocurriera algo en mi camino que me impidiera asistir a esa cena. Desgraciadamente, llegué media hora después. Odié cada paso que dí desde el parqueo de la mansión hasta la puerta de entrada. El ama de llaves abrió la puerta antes de que tuviera la oportunidad de llamar y me recibió con una cara de pena. —Joven Jackson, lo están esperando en el salón —me informa a la vez que se mueve a un lado para dejarme pasar. Le dí un asentimiento como señal de agradecimiento y me dirijo hacia allí con paso firme. Mis padres se encontraban sentados en uno de los sofás con sus respectivas copas de vino en las manos. Se reían cortésmente de algo que había dicho el señor desconocido sentado en el asiento del frente. Junto a este estaba una chica en un vestido que rallaba lo elegante y vulgar, con un escote exagerado y una abertura demasiado alta en su muslo. La joven tenía el pelo de un tono muy rubio para ser natural y llevaba la copa de vino a sus labios con coquetería. Todos voltearon al darse cuenta de mi llegada. Mamá se vio aliviada y mi padre puso cara de molestia. Todos se incorporaron para saludarme, mi madre con un abrazo cariñoso, el señor con un apretón de manos, la chica con confianza me da un beso en la mejilla y cuando fue el turno de mi progenitor me da un apretón en el hombro demasiado fuerte antes de murmurar por lo bajo. —Llegas muy tarde. A duras penas pude evitar mostrar el descontento y el asco en mi rostro. Tenía ganas de sacudirme las manos de mi padre y limpiarme la mejilla besada por la joven, pero me contengo. En cambio me permito ignorar las palabras del hombre. —Ya podemos comenzar con la cena. Por favor, acompañenos al comedor —dice mi madre, haciendo una seña con elegancia. Todos pasamos a la siguiente sala y tomamos asiento en la larga mesa de madera tallada a mano. Desgraciadamente la chica rubia se sienta a mi lado y al otro, mi padre. —Me alegro de poder compartir esta cena hoy todos juntos. Después de todo, será la primera de muchas —comienza a decir el desagradable hombre castaño a mi lado. Frunzo el ceño hacia él. —Tienes razón. Nosotros también —coincide el desconocido, tomando un sorbo de su copa. —Y de seguro Rider también. ¿No es cierto, querido? —Siento que la delicada mano de la rubia cae en mi muslo. —¿Querido? —Cuestino, la incredulidad presente en mi voz. —Claro que sí. Él estará encantado de repetir la velada. Incluso de hacer algo más íntimo para tí, Giorgina —dice mi padre con una sonrisa fingida. Le echo un vistazo a la mano de la joven sobre mí. Esta vez no disimulé mi desagrado y tomo su muñeca con sólo dos dedos, como si estuviera sosteniendo algo nauseabundo, y la retiro de mi pierna. La que pretende ser mi novia me mira con una expresión de suficiencia antes de aclararme la situación. —Al fin y al cabo estamos comprometidos, ¿no? Debemos tener citas antes de la boda. —¿Qué? —Pregunto sin creerme ni una sola de sus palabras. Papá me da una mirada dura de las que me informan que no tengo voz ni voto en esta situación. —Ricardo y yo hemos decidido el compromiso de ustedes. Aún no sabemos la fecha de la boda, pero seguro será pronto —me explica con voz firme. Algunos sirvientes entran para traer las bandejas de comida a la mesa. Me tomo unos minutos para procesar toda la información que me habían brindado hasta ahora. —¿Y se supone que no cuentan conmigo para esto? —casi gruño con los dientes apretados. —Claro que sí, justo hoy te esperábamos para arreglar los últimos detalles. Pero como llegaste tarde, no tuvimos mucho tiempo para eso. Debo tragar con fuerza al sentir la furia recorrer mis venas. —No te preocupes, querido. Yo me encargo de todo lo relacionado a la boda —dice la voz chillona de Georgina mientras me vuelve a colocar la mano en mi muslo. Me levanto de golpe como si su tacto me quemara. —¡No me toques, carajo! —Suelto sin poder contenerme. Mi padre se levanta también para estar a la misma altura. —¡No le hables así a tu futura esposa! Aprieto los puños con impotencia. —¡Le hablo como me de la gana! ¡Todos ustedes están locos! El señor castaño me toma con fuerza del brazo y me saca a rastras del comedor. Emprende su viaje hacia su oficina mientras me dice entre dientes que esto lo hablaremos más profundamente ahora. Las ganas de contradecirlo y no regresar nunca más vuelven a mí. Después de todo habían muchas personas que eran felices sin padres.
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