Nicolas se despertó con la primera luz del amanecer intentando abrirse paso entre las persianas. Siempre era madrugador y a pesar de la noche tardía, esta mañana no fue diferente. Seguro, acurrucada contra él, Aubrey dormía. Tal vez fue este momento muy esperado lo que lo hizo despertar. Ella estaba aquí... en sus brazos. Finalmente. Quería quedarse ahí para siempre, pero escuchó la puerta de la habitación de invitados abrirse y el correteo de pies hacia el baño. Momentos después, el inodoro se descargó y su otro invitado se dirigió a la sala de estar. La mujer en sus brazos no era la única que había venido a casa con él. Con cuidado, liberándose de su diosa dormida, Nicolás se apresuró a su baño privado principal para aliviarse y prepararse para enfrentar un nuevo día. Se p

