—Pero tampoco quiero dejarte ir. Me gustas mucho, Jax. Más de lo que me esperaba. Él soltó un suspiro largo y me atrajo suavemente hacia su pecho. Esta vez no me resistí. Me dejé abrazar, escondiendo la cara en su sudadera. —Podemos ir despacio —murmuró contra mi pelo—. Sin prisas. Sin hacer nada oficial hasta que tú te sientas cómoda. ¿Está bien así? Asentí contra su pecho, todavía incrédula de que esto estuviera pasando en mi pequeño apartamento. —Está bien —susurré. Jax me abrazó más fuerte y besó la parte superior de mi cabeza. —Gracias por no salir corriendo —dijo en voz baja. Nos quedamos así un buen rato, envueltos en silencio y en el calor del otro. Su mano acariciaba mi espalda con movimientos lentos y constantes, mientras yo jugaba distraídamente con el borde de su sudader

