El trayecto hasta el ático fue más silencioso de lo habitual. Jax conducía con una mano en el volante y la otra sobre mi muslo, pero yo sentía la tensión en sus dedos. Sabía que esta noche tenía que contarle lo de la llamada de David. Ya no podía posponerlo más. Cuando entramos al ático, Fitz salió corriendo de su trasportín y Jax cerró la puerta con más fuerza de la necesaria. Se quitó la sudadera y se quedó de pie en medio del salón, mirando su teléfono con el ceño fruncido. —Jax, hay algo que quería decirte… —empecé, nerviosa. —No. —Su voz salió cortante. Levantó la mirada y me clavó esos ojos verdes, ahora oscuros de rabia—. ¿Ibas a contármelo esta noche, Sloane? ¿O ibas a seguir mintiendo? Me quedé helada. Jax giró la pantalla del teléfono hacia mí. Era el video de David. Subido

