El pitido final aún resonaba en el estadio cuando Jax apareció en el palco. Sudado, con el cabello pegado a la frente y esa sonrisa que iluminaba todo el lugar, subió ignorando los saludos de los demás. Me levantó en brazos delante de todos, sin importarle nada, y me besó como si hubiéramos ganado el Super Bowl y no solo un partido de temporada regular. —Esa es mi chica —murmuró contra mis labios, y varios silbidos y risas suaves llenaron el espacio. Sentí las miradas otra vez, pero esta vez eran distintas. Menos juiciosas. Más… curiosas. La rubia que me había hablado antes, se llamaba Vanessa, esposa de uno de los linieros, levantó su copa hacia nosotros con una sonrisa genuina. —Bienvenida al circo, Sloane. Jax no me soltó en todo el rato que estuvimos allí. Me presentó formalmente

