Nos quedamos abrazados un buen rato, con su cara enterrada en mi cuello y mis brazos rodeándole los hombros. Podía sentir cómo su respiración se iba calmando poco a poco, igual que la mía. El beso había sido intenso, casi demasiado. Mi cuerpo todavía vibraba con esa electricidad, pero mi cabeza empezaba a recuperar el control. Jax fue el primero en hablar, con la voz ronca y baja: —Creo… que deberíamos bajar un poco el ritmo —murmuró contra mi piel. Me separé apenas lo suficiente para mirarlo. Sus ojos estaban oscuros, pero había una claridad en ellos que me tranquilizó. Asentí lentamente. —Sí… yo también lo estaba pensando —admití, algo avergonzada—. Todo está yendo muy rápido y… no quiero que nos precipitemos. Él soltó un suspiro largo y sonrió con esa media sonrisa torcida que tant

