La segunda cosecha de hoja de coca, dio su fruto; pronto, Eustaquio, Aminta sus padres, y José Amario, se dispusieron a recoger las hojas, casi que de día y de noche; no podían esperar a que amaneciera, sobre las cuatro de la mañana, hacían el primer café con panela de la mañana, para prepararse para la jornada; no lo hacían en horario nocturno, esto debido a que la selva por la que estaban rodeados, implicaba muchos peligros, entre ellos, felinos gigantes, que hacían sus cacerías en las noches.
Pronto, recolectaron los primeros kilos necesarios para extraer el primer kilo de base de coca, objeto de los experimentos de José Amario en días anteriores. Eustaquio, intentó aprender el mecanismo desarrollado por su padre, y se dispuso a extraer la oscura masa. Las mujeres intentaban ir recogiendo los residuos de hojas trituradas, e intentaban dejar a Amaranto, lo más aislado posible, para que el olor del queroseno, no lo indispusiera.
Conforme se llevaban a cabo aquellas labores, los vecinos empezaron a notar que en aquel rancho, se trabajaba sin descanso, y empezaron a preguntarse, sí acaso, ellos estaban llevando mucho más allá, el negocio que representaba, sembrar coca en aquel entonces. Ese fin de semana, Aminta, salió como era habitual al mercado, por ser el “Día de plaza” y notó como los vecinos la miraban y rumoraban a sus espaldas; inmediatamente supo que la gente estaba sospechando del improvisado laboratorio, que estaban intentando montar.
Aquel día Aminta llegó corriendo, sin aliento al rancho, casi laboratorio, ahora:
¿Qué ocurre? ¿por qué vienes tan agitada? - Preguntó Eustaquio, preocupado
Creo que ya todos saben lo que estamos haciendo acá, no habrá manera de ocultarlo mucho tiempo - Dijo Aminta recostándose sobre la puerta, ya casi, sin aire.
¿ Por qué dices eso? Preguntó Eustaquio
-Todos me miraban en la plaza, murmuraban. Han visto la humareda, cuándo hemos intentando abrir más la trocha, también el olor a Queroseno los delata …¡¡ Ay no, no sé qué hacer!! o ¿Qué vamos a hacer? Mejor - Declaró Aminta
Era cuestión de tiempo que todo se supiera, yo mismo le advertí a mi papá. El tema es que no vamos a poder acallar a toda una vereda, todos van a querer untarse la mano de lo que vamos a ganar - Pensó Eustaquio con algo de egoísmo.
Bueno, a lo mejor, sea la solución que estábamos necesitando, para poder aumentar nuestra capacidad de producción - Dijo Aminta, con su habitual pragmatismo.
Pero … ¿A qué costo, vamos a mantener la lealtad de esas personas? Es muy difícil asegurar que todos no vayan a otras veredas con el mismo cuento, hasta que se sepa en todo el Caquetá - Replicó Eustaquio, con su acostumbrada desconfianza.
Tal vez, sí en el pueblo, lo planteamos como una solución a la pobreza que todos sufrimos, y planteamos el negocio como una suerte de “Cooperativa”, quizá podríamos trabajar todos mancomunadamente, para el señor rubio ese, “Don Caleño” y podamos todos salir beneficiados – Dijo Aminta, recobrando el aliento.
¿Y cómo vamos a lograr reunirlos a todos? - Señaló Eustaquio
Tu padre, Don José Amario, seguro, logre juntarlos en la plaza. Todos lo conocen y saben quién es - Señaló Aminta.
Bueno, mañana entonces hablaremos con él.
Al día siguiente, cuándo José Amario, llegó al rancho de Aminta y Eustaquio, fue recibido con la solución que ella había planteado:
Sabemos, que no vamos a poder mantener todo esto en secreto, por mucho más tiempo. Es evidente que estamos yendo a comprar insumos un poco extraños a San Vicente, que nos estamos apropiando de cada vez más trocha, y que estamos trabajando casi las veinticuatro horas del día. La gente no es boba, Don José Amario, creo que debemos crear una suerte de “cooperativa”, e involucrarlos a ellos también, para mantener la “actividad secreta” como algo única y exclusivamente del pueblo. Sí todos logramos beneficiarnos en algo de la actividad cocalera, no creo que ellos tengan necesidad de vendernos, ni con el Ejército, ni con la guerrilla - Afirmó Aminta, con toda seguridad.
Realmente, no me parece tan descabellado - Respondió José Amario – De hecho, nos harán falta manos para sembrar, recoger y procesar. Podríamos reunirlos a todos, el próximo fin de semana de mercado en la plaza - Concluyó.
Hemos pensado, que usted es la persona adecuada, para llevar a cabo esa misión de exponer la idea – dijo Aminta
Bueno, cree usted el esquema, y yo se lo muestro a la gente - Comentó José Amario.
El esquema de Aminta, contemplaba que cada rancho, de los más o menos veinte que había en la vereda, lograra producir, al menos, cinco kilos de base de coca, para lo que tendrían que recoger seiscientos veinticinco kilos de hojas, y debían ocupar a toda su familia, para apropiarse de mucha más tierra y proceder a sembrarla y cultivarla; Aminta contemplaba en la propuesta, que tenía una especie de carácter “piramidal”, el entregar a cada familia las semillas, y primeros insumos necesarios para cultivar la planta: - Sé que no van a poder decir que no...¡Mi plan es perfecto! - Pensaba, para sí misma.
Cómo pudo, en unas hojas de papel periódico que guardaba en el rancho, y empleando algunos trozos de carbón como rotuladores, Aminta elaboró una serie de carteleras, para explicarle a todos sus vecinos sus ideas; sabía que muchos se harían los sorprendidos, y otros más hipócritas aún, se persignarían escuchando la idea, pero en el fondo, todos sabían que las guerrillas, apuntaban a desarrollar ese negocio, y que todos los que ocupaban aquel terreno, habían tratado de una u otra manera con ellos. Era casi bíblico, que todos en aquel departamento, terminarían de cabeza, en el negocio de la coca, pero, siendo un destino, casi inevitable, podían llevarlo a cabo juntos, de la mejor manera posible.
Eustaquio, por su parte, se sentía inspirado por el dinamismo de su mujer, y de cómo tenía la capacidad de transformar circunstancias desfavorables, en oportunidades; con atención siguió toda la preparación de la exposición de Aminta, por sí necesitaba apoyarla en algo, y también para estar al tanto de todas las posibles preguntas, que pudieran surgir con los campesinos del lugar. De repente, sentía que lo que hacían iba en contra de los estamentos gubernamentales, y a su manera, sentía que estaban creando una patria anárquica, fuera de las leyes colombianas - Después de todo, a esos políticos encopetados de Bogotá, les valdremos una mierda. Haremos lo que tengamos que hacer para sobrevivir - Pensó Eustaquio, para sí mismo, de forma decidida.
Esa tarde, Aminta enseñó a su suegro José Amario, los carteles y todo el material que había dispuesto, para que él explicara con todo detalle a los lugareños, su “nuevo proyecto empresarial”. José Amario, se encontraba asombrado de la forma como Aminta, había logrado sintetizar las principales ideas del negocio, y se sintió afortunado, de tener una nuera, con tales habilidades comunicativas.
Se llegó el fin de semana de mercado, y pronto José Amario, quien no sufría de ningún tipo de vergüenza, empezó a aplaudir, en medio de la multitud.
Bueno gente, el día de hoy, les voy a presentar la idea que les va a cambiar la vida, a ustedes y a sus familias. Les voy a proponer el mejor negocio, y el que nos va a permitir a todos salir adelante, y salir de la pobreza – Gritaba con entusiasmo, mientras continuaba aplaudiendo, José Amario.
La gente, poco a poco, se fue apilando alrededor de José Amario, y empezó a rodearlo, con mucha curiosidad de escuchar, lo que él tenía para decirles. A la gente le causaba, incluso, hasta gracia, la manera como José Amario les estaba convocando en aquella improvisada plaza, que tenía la forma de un pequeño anfiteatro, y en el que poco a poco, las personas llegaron y se acomodaron, tal y como sí fueran a ver, una obra de teatro. Mientras tanto, en el centro, Jose Amario, seguía convocando con aplausos, mientras Aminta y Eustaquio, sostenían los carteles, hechos por Aminta.
Estimados vecinos y amigos, como muchos de ustedes ya han notado, estamos llevando a cabo, una complicada empresa, de la cual, quisiéramos que todos ustedes, formaran parte. Todos sabemos que, en el Putumayo, los cultivos de coca, ya están empezando a multiplicarse, incrementando así, la capacidad de obtener dinero y oportunidades, para esos escondidos pueblos. Nosotros, no podemos ser la excepción; tenemos un contacto en el Valle, que está interesado en comprar muchos kilos de base de coca, y pagan a aproximadamente, millón y medio de pesos, por cada kilo terminado que se entregue, pero, no queríamos que solo nuestra familia, tuviera esa posibilidad, sino que además, quisimos hacerles extensiva, esta invitación, porque conforme, aumenten nuestros ingresos, eso traerá progreso a nuestra vereda.
Sí, y seguro, también traerá al Ejército y a las FARC a este lugar tan apartado - Gritó uno de los asistentes.
Sin duda, es una posibilidad, pero los cito el día de hoy aquí, para que nos organicemos como cooperativa, y mantengamos este secreto, como aldea independiente que somos en este momento. Cómo bien saben todos ustedes, estamos a un par de horas de San Vicente del Caguán, es difícil que la gente llegue a este terreno, y estamos prácticamente incomunicados. Es increíble que no podamos organizarnos, y mantener este beneficio, solo para nosotros - Señaló José Amario, quien se sentía todo un vendedor en aquel momento.
¿Quién nos garantiza que ese contacto suyo, sí nos vaya a pagar? - Preguntó otro de los lugareños, en voz alta a José Amario.
Ustedes saben quién soy, y quiénes son parte de mi familia: sí es que nuestros padres y abuelos, vinieron juntos a colonizar este terreno. Saben todos ustedes, que somos personas honorables y pacíficas, y queríamos compartir con ustedes, esta especie de “bonanza” que ha tocado a nuestra puerta – Replicó José Amario.
Usted lo que quiere, es tapar su pecado, involucrándonos a todos - Señaló una señora rezandera, que se encontraba en las gradas.
Mi señora, no hay necesidad de hacer semejantes señalamientos: Todos sabemos que siempre hemos estado cerca a lo ilícito, ¿O vamos a negar todos, que al tiempo que ocupamos estas tierras, vinimos acompañados de los milicianos? Nuestro destino es este, y afortunada o desafortunadamente, es la manera que tenemos a la mano, en este momento, para sobrevivir a la pobreza y al abandono, de este maldito Estado, que nunca nos ha visto como colombianos, sino como ciudadanos de tercera y cuarta clase – Dijo José Amario, con un aire discursivo.
La gente se miraba entre sí, pero parecía que discutían y asentían entre ellos, como aprobando la presentación inicial de la idea, realizada por José Amario. Los murmullos se hicieron cada vez más fuertes, mientas Aminta y Eustaquio, sentían que morirían de ansiedad, por saber la respuesta que daría aquella multitud.
Don José Amario, y usted ¿Cómo garantiza que ese “contacto” suyo, no nos va a venir a asesinar a todos, sí no hacemos lo que nos ordena? - Dijo un Campesino que se hallaba en los últimos niveles del anfiteatro.
No es mi amigo, pero llevo algunos meses haciendo tratos con él. Nuevamente, y como venía explicando, viene de uno de los cárteles, directamente, y no habrá más intermediarios entre los Caciques, y nosotros; sí la demanda, se mantiene dentro de lo normal, y entregamos las cosas bien hechas y a tiempo, no veo porqué tendríamos qué tener problemas, con esa gente - Señaló José Amario, apropiándose del tema.
¿Y sí no queremos participar y queremos continuar cultivando cacao y caña, qué hará, nos va a obligar? - Preguntó retóricamente, uno de los asistentes.
Por supuesto que no. A usted lo obligarán las circunstancias, no yo- Respondió José Amario, con tono sarcástico.