Animales de Costumbres

1424 Words
Lo que decía Aminta, no estaba nada alejado de la realidad: Algunos aldeanos, ya había sido contactados previamente por la Guerrilla para iniciar el cultivo, pero estos no vieron muy viable la opción brindada, porque sabían que los rebeldes, estaban adquiriendo armamento, en aquellos momentos, y no tenían otras fuentes adicionales, para financiar su actividad, entonces, prefirieron negarse a hacerlo, diciendo que no conocían la planta, que no querían aprender, y que mucho menos, iban a lograr comprender temas referentes a química, para la transformación de la misma; se cerraron en que eran incapaces de hacerlo, y la Guerrilla, básicamente, dejó de insistir. Por su parte, el Ejército nunca había llegado a esa vereda, sí acaso sabían de la existencia de San Vicente del Caguán: no había ningún recurso qué obtener, así que para el Gobierno, daba lo mismo, sí la vereda existía o no, y sí se trataba de una ocupación de tierras ilegal: De todas formas, no estaban interesados en poner allí puestos de salud, escuelas, ni mucho menos de construir alguna vía, para que aquellos colonos, se pudieran comunicar con algo de la civilización. Solo existían las trochas: El hecho de que, les importemos una mierda, nos mantendrá ocultos, al menos, un par de años - Planeaba Aminta. ¿Qué te dijeron ellos, acerca de la táctica de mantenernos camuflados? - Preguntó Eustaquio Algunos, por no decir que todos, se mostraron reticentes a mi idea, porque me dijeron que sí se iban a meter a esto, la idea era mejorar considerablemente, sus condiciones de vida, no para quedarse fingiendo para siempre, que eran pobres - Suspiró Aminta. Bueno, creo que podríamos ir desarrollando la idea con el tiempo, a medida que vayamos viendo el comportamiento del “negocio”, iremos observando el proceso, y las necesidades del mismo. Sé que los convenceré. Tenemos que ser mucho más inteligentes que los demás, para no perecer en el intento - Afirmó Aminta. Toda la semana siguiente, Aminta impartió sus clases, en la plaza de la vereda, y para su sorpresa, hasta las personas que estaban renuentes a sembrar, se acercaron para aprender, sin que se afirmaran en el proceso: - Nos podrían servir, así sea como embaladores – Pensaba Aminta para sí misma La semana posterior, a las cátedras impartidas por Aminta, las personas, se dispusieron a quemar parte de la selva, a fin de adecuar la tierra para la posterior siembra. Procuraron hacerlo con mucho cuidado, porque sucedía que, en aquella época, el verano era mucho más caliente de lo habitual, casi no llovía, y la tierra estaba caliente todo el tiempo, por lo que era mucho más probable, que el incendio creciera de la nada, y terminara quemando las viviendas de los Aldeanos, igualmente. Después de las quemas, la gente procedió a recoger la primera capa de tierra quemada, y empezó a “consentir” la capa, sobre la cual empezarían a sembrar la coca: Primero la humedecieron, luego le aplicaron los fertilizantes suministrados por José Amario, Eustaquio y Aminta, y luego tras dejarla descansar algunos días, procedieron a sembrar las primeras semillas de coca. Durante el proceso, Aminta permaneció incansable, explicándole a cada uno de los lugareños, cómo iban evolucionando las plantas. En general, la gente se encontraba muy entusiasmada con la idea de esta nueva empresa, y esperaban en el lapso de unos cinco meses más, recoger todo y procesarlo, para la próxima venida de “El Caleño”. Para el procesamiento de las hojas, José Amario seleccionó únicamente un grupo de hombres, dado lo delicado del proceso, y porque la manipulación del queroseno, y demás ácidos involucrados en el proceso, podía enfermarlos, así que era mejor evitar que mujeres y niños, estuvieran inmersos en aquel procedimiento. No obstante, el proceso de explicación que llevara a cabo Aminta, no sería suficiente, por lo que vieron necesario, acompañarlo de prácticas, que llevaría a cabo José Amario, en el mini-laboratorio, situado en la parte contigua del rancho de Eustaquio. Tal y como le ocurrió a José Amario en su momento, la gente empezó a enfermarse, y a sufrir de migrañas y náuseas intensas tras mezclar las hojas maceradas con los químicos. Tranquilos todos. Es completamente normal qué esto ocurra. Somos animales de costumbres, y estos malestares pasarán, en lo que se habitúen al proceso – Dijo José Amario como riéndose, de ver a toda esa pobre gente vomitando. Alguien ha pensado qué, ¿sí esto es así, solo manipulándolo, como llegaría ser ingiriéndolo? - Preguntó retóricamente uno de los “estudiantes” Pues a la gente le gusta meterse porquerías, y peor, pagan cualquier cosa por eso - Señaló José Amario - Demás y todo esto, no les fritará el cerebro...Pero no es nuestro problema - Concluyó Aquella, fue una jornada muy larga de aprendizaje, y de molestia, además. Aquellos hombres, salieron del mini – laboratorio, añorando que el pago valiera la pena, para tener que inhalar tanto químico. En el fondo, sabían qué era así, pero no sabían sí el respirar químicos, o “el negocio” per sé, iba a ser lo que acabar con sus vidas; sin embargo, eso tampoco importaba en ese momento: Lo verdaderamente importante, era sacar adelante aquel proyecto. ¿Usted ha hablado con el caleño, acerca de lo mucho que piensa hacer crecer “la empresa”? Preguntó Eustaquio Por supuesto que no, pero sé que necesitan proveedores, y sé que nosotros podemos ser los principales. Ahora, si somos un poco más inteligentes, podremos mantener el tema en secreto, durante mucho tiempo. Bueno, nos acabamos de jugar la reputación con toda la vereda – Dijo Eustaquio. No será en vano, si logramos consolidar las cosas, va a ver mijo - Respondió José Eustaquio. Conforme terminaron “las clases”, la gente continuó en el cultico de la hoja de coca, y hasta ese punto, ninguno comentó en San Vicente, ni en ningún otro municipio, que estaban sembrando, de manera colectiva, de alguna forma, por una “Lealtad” compartida con la familia de José Amario; por un momento, decidieron verlo como una “oportunidad” para hacer algo distinto, y para salir de la pobreza. Mantener todo en silencio, se convirtió entonces, en una manera de “contraprestación” por haberles brindado el conocimiento y herramientas, para desarrollar aquel emprendimiento. Aminta, por su parte, se sentía muy emocionada, de poder aportar algo a estar personas, así fuese algo tan delicado, como sembrar plantas ilícitas - Con qué puedan alimentar a sus hijos, y dejarles un techo, yo voy a sentir, que algo he hecho, para hacerles la vida un poco más llevadera- Reflexionaba para sí misma. Desafortunadamente, las personas suelen ser unas en la pobreza, y otras completamente distintas en la abundancia, y era algo que Aminta o su familia, difícilmente, iban a poder controlar: los egos, las ambiciones oscuras, que se encuentran en el fondo del corazón de las personas, son cosas que solo las saca a flote, el dinero y el poder. Probablemente, iban a poder mantener “el secreto de la vereda” pero a lo sumo, un par de años; Después de allí, sería cruzar los dedos para poder continuar con la actividad, de manera clandestina, y sin que hubiese vidas involucradas en el desarrollo de la misma. Por aquellos días, José Amario, decidió comunicarse con “El caleño”, para comunicarle las “buenas nuevas”: Patrón, creo que, en los próximos meses que venga, voy a tenerle el doble de lo que me pidió. Lo que estamos sembrando y procesando es “base de coca”, y logré aumentar la capacidad productiva, en estas tierras - Señaló José Amario por el teléfono. Me parece excelente. Tiene usted mentalidad y visión de empresario. Me encanta hacer negocios con usted. En los próximos días, enviaré un emisario, para que me envíe una muestra de lo que están fabricando - Sentenció “El Caleño”. Está bien patrón. Como usted quiera - Señaló José Amario Por favor tenga todo listo para mi visita, en unos meses - Cerró “El Caleño”. La visita del caleño, traería a la aldea, un aire de “productividad” que la convertiría en una especie de empresa, alejada en una periferia, tal y como sí se tratara de una isla, y traería un nuevo ciclo, para estos campesinos, que, hasta la presente, solamente, habían sido “colonos pobres”; no obstante, también traería, toda una serie de complicaciones, con las que nadie había contado.
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