Al terminar de abrir la botella, serví vino, las dos nos miramos fijamente a los ojos, de sus ojos había desaparecido ese destello de rabia y ahora miraban con melancolía. Rio y su falsa risa era de tristeza, la había herido de muerte al culparla de nuestra situación, me sentí mal por eso sin embargo no dije nada ¿Para qué? “Cuando la herida es por tu culpa, lo que más duele es el orgullo”, entonces la dejaría sentir en silencio ese dolor, pasados unos minutos, ella bebió de su copa y con los ojos humedecidos dijo — El ha sido el único — Entonces, ¿Tengo o no razón? Movió la cabeza y preguntó — ¿Me lo vas a contar? Afirmé con un “sí” y le conté lo que había pasado desde el día en que me encontré con Rafael en el aeropuerto, al terminar ella dijo — Que absurdo ¿No crees? — ¿Qué es lo

