Esmeray Lie.
De pronto había decidido sin pensarlo mucho, en quedarme en un lugar lleno de hombres lobos y mujeres lobos, en medio de la nada, sin saber en donde, realmente, me encontraba ubicada, solo esperaba a que Rose no se volviera loca en saber dónde me encontraba después de 12 horas desaparecida. Aun así, viendo la mansión en la que me encontraba, no parecía una mala idea el dejar por un tiempo aquel pequeño piso que compartía con Rose.
— Bueno, señorita Lie, tiene todo el derecho de aventurarse por la mansión, mientras, yo me llevare sus pertenencias y hare que le consigan ropa comoda… sin excepciones, la ropa no está a discusión ni será devuelta — dice el moreno de ojos azules oscuros, que al parecer es el secretario de Luan.
Al verlo irse, me gire y visualice con más detalle la sala, mire hacia la puerta principal sabiendo que hace unos momentos no abrió, lo cual me hace entender, que escapar y encima embarazada, no es para nada una buena idea. Solo respiro profundo y comienzo a caminar con curiosidad por los pasillos, viendo puertas grandes y diferente en diseño, hasta que me topo con una doble puerta con manillas de oro.
Al abrirla, mi sospecha fue acertada, una gran biblioteca con un segundo y tercer piso, un piano en el medio, aunque se habían llevado mi violonchelo a la habitación, quedaría hermoso a lado de ese piano. Entro a la habitación sin perder detalle de nada, escaleras, unas puertas curiosas y muchos libros de alguna historia o de algún escritor, un cómodo sofá junto a un gran ventanal que llega hasta el techo que también es de vidrio.
— ¿Quién eres? — me detengo de seguir viendo y miro hacia la persona responsable de aquella pregunta, una mujer rubia de marrones ojos y cuerpo delgado como de una modelo me mira con los brazos cruzados, su expresión no parecía para nada feliz — Te pregunte algo, niña — trago saliva.
— Soy Esmeray — digo sin saber que más decir a la mujer que parece oler el ambiente y mirarme con confusión alguna.
— Una humana con el cachorro de Luan Moen en su vientre… vaya desastre hizo esa clínica — se acerca y camina a mi alrededor, analizándome por completo bajo una mirada amenazadora — Pero no creí que después de siglos que, en la actualidad, aun se necesitara de concubinas para tener herederos — la miro un momento cuando se detiene frente a mí.
— ¿Una concubina? — pregunto al escucharla, sonríe para luego asentir, miro tras de ella a Luan que apareció nada más segundos después de que ella terminara de hablar, suponiendo que al parecer no escuchó nada de lo que dijo esta rubia.
— Deborah — la nombra haciendo que mire bien a la rubia dándome a entender que es su prometida, seguramente una mujer lobo — Pensé que llegarías la otra semana — entra el pelirrojo que al instante me notó.
— Me retiro — paso por sus lados y salgo de ahí sintiéndome algo mal, como si me doliera algo.
(…)
La mirada de la rubia frente a mí, mientras yo intento comer, me incomoda por completo, no es porque no separa una mesa, sino que Luan me sentó a su lado, donde debo suponer que es el lugar de ella, a lado de este alfa, si en los términos son así.
— ¿Cuánto tiempo te piensas quedar? — pregunta Luan interrumpiendo la mirada de Deborah en mí, ella lo mira y luego a mí sin decir nada de nada — Te pregunto, Deborah — la rubia lo mira sorprendida de pronto, él no la mira para nada solo sigue cortando en trozos el bistec de su plato.
— Mi padre quiere hablar contigo de algunas cosas, así que me adelanté a venir, pero al parecer, me lleve la gran sorpresa de ver que una desconocida, humana claramente, está esperando a tu heredero, cuando debía ser yo — responde sin dejar de mirarme a la cara, ya que tengo mis ojos clavados en el bistec de mi plato sin ser tocado para nada.
— Siento que no te hayamos dicho sobre esto, en cuanto a Esmeray, se quedará aquí un buen tiempo, así que no es necesario que te quedes en tu manada Laguna Azul, yo me encargo del resto — explica el pelirrojo, la rubia se queda callada sin decir nada.
La cena transcurrió sin más palabras, pero con las miradas de Deborah que podría decir que me odia con una intensidad, aun así, no me creo para nada lo del compromiso falso, se nota que ella está bien enamorada de él, mientras que él, parece ignorarla al igual que a todo el mundo, pero puedo jurar que él la ama.
Y vuelvo a sentir ese sentimiento extraño, apenas lo conozco unos pocos días y si, es un hombre grande y guapo, pero, aun así, no debo sentir nada raro por él, nunca volvería a sentir algo por un hombre.
(…)
Pasan unas horas de la cena, ya me encontraba en la habitación, no dejaba de mirar la cama con unas 20 bolsas de ropa y otras cosas, miré hacia la puerta y volví a mirar las bolsas sobre la cama. La puerta es tocada y camino a abrirla sin dejar de mirar esas bolsas que ni he mirado su contenido, no sé cómo sentirme al respecto cuando el moreno me dijo que no podía devolverlas.
— Espero que le haya gustado la ropa, elegí todo sencillo de acuerdo a su estilo — habla el moreno, que si no mal recuerdo, se llama Robin — Aquí le traje el documento que debe firmar, léalo, y hágame saber si tiene alguna duda sobre el contenido — tomo la carpeta, le echo un ojo y miro hacia a dentro.
— Bueno… gracias por la ropa — señalo hacia atrás.
— No tiene por qué, agradézcale al alfa — sonríe y se retira, era claro que en alguna parte del contrato pusieron que yo no aceptaría nada de estas cosas, por lo que tengo que ser bien cuidadosa en leerlo antes de firmarlo.
Me siento en la cama a leerlo cuando el sonido de llamada de un teléfono comienza a sonar, miro a todos lados y lo localizo en la mesita de noche en donde se encontraba cargando, me acerco mirando que si es mi teléfono.
— 40 llamadas de Rose… y mil mensajes… — susurro al ver que colgó para luego entrar otra llamada, contesto a punto de decir algo, pero la castaña es más rápida en soltar un grito que me hace alejar el teléfono de mi oreja.
— ¡¿Dónde te encuentras?!, ¡Llevas 25 horas desaparecida, por amor a Dios, Esmeray, me tienes con el corazón en la boca! — suspiro y escucho sollozos de su parte, lo que me da a entender que si está bien preocupada por mí.
— Pues, estoy bien, no me tienen secuestrada, estoy con el padre del niño — camino hacia la ventana, escucho que comienza a toser — Llegue a un acuerdo con este hombre que al parecer si es un hombre lobo como estabas diciendo — chilla y alejo un poco el teléfono, me siento en el sofá.
— Dios mío, y todo en menos de 24 horas — asiento para mí mirando el cielo estrellado.
— Y conocí a su prometida — algo se quebró al otro lado de la línea — No parece muy contenta de que yo esté aquí, Rose — suspiro.
— No puede ser, entonces, los rumores si son reales, pero, te encuentras bien, lo que es más importante — río un poco.
— Si, estaré bien, solo necesito que me vayas diciendo los días de ensayos y esas cosas de la academia, ya mañana llamo al trabajo para renunciar, estaré bien por el tiempo que estaré aquí — nos despedimos y solo puedo quedarme ahí mirando el pasaje de la noche.