Luan Moen.
La veo salir de la biblioteca, no hacía unos minutos había hablado con ella para llegar a un acuerdo y ahora tenía que llegar a otro acuerdo, pero con Deborah que llegó de imprevisto, cuando en realidad Robin me había dicho que llegaría la semana entrante, pero eso no ocurrirá ahora que la tengo frente a mí.
— ¿Quién es ella? Y no te atrevas a mentirme, porque la hediondez humana puedo olerla a kilómetros de mí, Luan — me quedo callado y eso enfada un poco más a la rubia — Dime ya las cosas, Luan, está más que claro que ella lleva al niño que se suponía que debía llevar yo, tu prometida, con quien te vas a casar pronto — camino hacia el sofá y me siento aun con su mirada en mí.
— Deborah, por los momentos, no habrá cierta boda — me cruzo de piernas y la miro mejor, veo que se cruza de brazos.
— ¿Te casarás con ella? Es una humana — suspiro y me levanto acercándome a ella.
— No te responderé nada, así que ni lo intentes — me retiro de ahí regresando a mi despacho hasta la cena.
(…)
Una semana después.
Abro la puerta notando a Deborah en la sala leyendo y en el sillón se encontraba Robin que la observaba, la ama de llave toma mi saco, me acerco a ellos y Robin se levanta cansado de lo que viene a continuación.
— ¿Por qué sigue aquí? — pregunto metiendo mis manos en los bolsillos del pantalón, busco por el olor a Esmeray y puedo lograr ubicarla.
— No me quiso decir, al parecer no ha querido regresar a su manada… tal vez quiere algo — suspiro al escuchar la respuesta de mi beta, me acerco a la rubia que levanta la mirada de su libro para mirarme a los ojos.
— Deborah — sonríe — ¿Qué quieres? — se levanta aun con una sonrisa.
— A mi padre no le gustaría saber que su única hija regrese a la manada al ver que un alfa de bajo nivel la haya rechazado por una humana… ¿Sabes que eso es una gran humillación? — se vuelve a sentar — Por los viejos tiempos, Luan, tratemos que llevarnos bien, recuerda, es una humana, no sería capaz de aguantar un embarazo de cachorros de hombres lobos — Robin estaba por hablar, pero levanto la mano.
La rubia no debió haber dicho aquello sabiendo que mi madre a pesar de su abandono, tuvo varios abortos antes de tener a mi hermano y a mí.
— Bien, quédate, pero no te quedaras en la mansión, quédate en la casa de las concubinas — digo retirándome de ahí, entro al despacho con Robin tras de mí.
— Esa casa no se ha usado en décadas, incluso tu padre no la usó — miro al moreno y me siento en la silla tras el escritorio — Mandarla ahí no es una buena idea… — me cruzo de brazos para luego mirar el cuadro aun oculto.
— Lo sé, todos comenzaran a hablar cuando vean a Deborah en la casa de las concubinas a pesar de no usarse más que para procrear un heredero, pero mientras tanto, no la quiero cerca de Esmeray, siento que es capaz de cualquier cosa a pesar de su inocente imagen, pero ha cambiado mucho desde hace unos meses… — explico mirando por la ventana la casa.
— Bien, alfa, como usted quiera — se retira y me levanto para acercarme al cuadro y la veo, mi madre junto a mi padre y mi hermano junto a mi lado cuando éramos unos niños, la familia era feliz en esa época.
(…)
Camino por los pasillos hasta que me detengo al escuchar música provenir de la biblioteca que nadie usa, ni yo, abro la puerta que se encontraba media abierta, poco a poco pude notar la melodía del violonchelo, paso con lentitud y la veo ahí tocando con mucha dedicación, no nos habíamos visto desde que comenzó a quedarse, lograba verla cuando ya dormía en mi habitación, pero eso no significaba que me quedaba con ella.
— ¿Qué quieres? — abre sus ojos sin dejar de tocar, la luz de la luna entraba por el gran ventanal, estaba viendo un ángel delante de mí, su vestido blanco la hacía ver de esa manera.
— Pensé que nadie se encontraba despierto tan de madrugada — señalo el reloj de la biblioteca que daban las 3 de la madrugada, se detiene y mira para luego levantarse — Debería de irte a dormir — deja su instrumento y lo guarda en su estuche.
— Siento molestarlo con mi practica — me acerco y la miro cuando se levanta después de guardar todo, me mira, su vientre parece abultado para el poco tiempo que lleva embarazada, solo había pasado un mes y dos semanas, el tiempo que tiene, pero se me olvida que el niño que lleva en su vientre tiene sangre de lobo, lo que me parece normal el crecimiento.
— No molesta… que practiques, solo cuida tus horas de sueños y tu salud, tienes a mi hijo en tu vientre — asiente sin decir más nada para luego irse, la sigo, parece darse cuenta de eso hasta que al estar en el cuarto se voltea y me mira justo cuando me ando quitando el traje.
— ¿Por qué te desnudas? — frunce el ceño sin dejar de mirar cada paso que hago al quitarme la camisa.
— Me bañare — me quito por completo la camisa y se voltea enseguida, podría jurar que su rostro se encuentra completamente rojo — ¿Qué sucede? — susurro en su oreja, se tensa cuando huelo su cabello — ¿Nerviosa? — se voltea a mirarme y sí que tiene el rostro rojo.
— Claro que no… he visto muchos hombres en mi vida y mucho más guapos que usted — se aleja por completo y se acuesta en la cama, me río un poco hasta que entre en el baño, me miro al espejo y luego miro hacia la habitación en donde la veo acostada.
— Claro… — bufo al entrar a la regadera después de quitarme toda la ropa y me tomo una ducha algo corta, al salir puedo escuchar su respiración tranquila, indicándome que se ha dormido por completo.
Me coloco el bóxer y bostezo entrando a la cama, solo era por esta noche que dormiría en mi habitación, desde que llegó no había descansado para nada en todo el transcurso de la semana.
(…)
El grito de alguien hizo que me sentara de golpe en la cama, mire a mi lado a la morena que se había tapado la boca dándose cuenta que me ha despertado, la puerta se abre de golpe mostrando a Robin que nos mira confundido por el grito de ella.
— ¿Todo bien? — pregunta el moreno y asiento, se retira confundido más de como estaba al entrar.
— ¿Qué haces desnudo en la cama? — pregunta molesta mientras se levantaba de la cama y tomaba una bata para taparse, suspiro tocando mi rostro y cabello.
— Solo dormí en bóxer, Esmeray — le respondo levantándome de la cama para comenzar a vestirme — Comienza a acostumbrarte porque dormiré todas las noches aquí — traga saliva y sin decir nada entra al baño, la escucho vomitar, entro al baño y la ayudo sosteniendo su cabello — ¿Estás bien? — asiente al terminar de vomitar.
Limpio la comisura de sus labios y me mira a los ojos sin apártalos.
— ¿Has estado vomitando toda esta semana? — vuelve a asentir, suspiro — Con más razón tendré que permanecer a tu lado — frunce el ceño — Si no me tienes a tu lado en todo tu embarazo, estarás sintiéndote mal y vomitaras y no podrás ni comer bien, sé que no te gusta la idea, pero es por el bien del niño — suspira, la ayudo a levantarse.
— ¿Lo dice la doctora? — se acerca al lavamanos mientras se cepilla los dientes.
— La llamare para que resuelva todas tus dudas, porque veo que no me crees — me salgo del baño casi molesto, sé que aceptó el trato por el niño, pero su actitud hacia a mí, parece ser un odio repentino.
Me visto por completo y entro al baño al verla salir, tomo la calma al ver que mis feromonas salen sin control por mi enojo. Al salir del baño la veo cambiada con una camiseta y un overol haciéndose una coleta, me mira al terminar, hay un silencio que no pensaba que sería incomodo, pero solo puedo acercarme.
— Quiero que nos llevemos bien, ¿okey? Sé que no me soportas y tal vez todo te parezca nuevo y raro, pero necesito que nos llevemos bien si vamos a dormir en la misma cama — se cruza de brazos mirando a otro lado y suspira para mirarme a los ojos.
— Bien… necesito ir a la academia — asiento, salgo del cuarto y siento que me sigue, al bajar Robin nos mira a ambos desde el comedor en donde hay gran variedad de comida, pero no creí cruzarme con Deborah.
— ¿Qué haces aquí? — pregunto sentándome frente a ella, Esmeray se sienta a mi lado ignorando a la rubia.
— La cocina de la cabaña explotó, al parecer tiene muchas cosas viejas de las cuales deben ser arregladas — explica Robin a mi lado, miro a la rubia que come sin dejar de mirar a Esmeray.
— Haz que arreglen todo ahí lo más rápido posible — asiente y se retira, llamo a la ama de llaves quien se acerca en seguida — Prepárale una habitación de huésped a la señorita aquí — ella asiente y se va.
— Vaya, aun me tienes compasión, Luan — sonríe como si nada, me relajo un poco, solo espero que no se le ocurra hacer nada.
— Solo hasta que arreglen la cabaña, debo adivinar que no pasaste la noche bien — la rubia asiente a lo que digo y miro a Esmeray a mi lado que termina de comer lo que se sirvió en el plato, parece estar confiada de que no vomitara lo que comió.