─No puedo… no puedo ─murmuro en un sollozo. Él me abraza, bajándome del lugar, para sacarnos corriendo de los vítores y periodistas con hambre de convertirme en comidilla de primera, y es lo que están logrando. Magnus nos encierra en el ascensor, solo he tenido la fuerza de dejarme llevar a donde su mano pueda. Presiona con rapidez el botón del elevador, para respirar con dificultad. ─Conejita, tranquila, me encargaré de que no te hagan nada ─declara con una sonrisa, puedo sentir las lágrimas en mis ojos. A este punto podré llenar una piscina pública si sigo llorando de esta manera. ─¿Sabes quién le dijo eso? ─Inquiero, llamando su atención. Él deja salir un resoplo, rascándose la nuca. ─Seguramente la resentida de Alana, es la única con maldad que podría hacer algo como eso, ade

