Siento el calor del enojo subir hasta mi cabeza. Aprieto mis labios en una línea recta, arrugando mi nariz. ─No te preocupes, sé dónde está satán ─murmuro, girando en mis talones, para caminar a pisotones hacia su oficina, elevo los ojos, encontrándome con las renovaciones de la misma. Ya no tiene paredes de cristal, sino, que han polarizados los cristales, impidiéndome ver desde afuera su desgraciado rostro. Todos cuchichean entre ellos al verme. ─¡Váyanse al demonio todos, estoy regalando entradas vip! ─Farfullo, tomando el picaporte de la puerta sin anunciarme, para girarla y empujarla. Mi cuerpo se queda gélido al encontrarme con su abuela sentada al frente de Magnus y los ojos de satán mirándome con asombro. ─Lo siento… yo… ─Señor Maxwell, disculpe, no pude detenerla ─inter

