Visualizo mi falda marró de gamuza junto a mi corsé con mangas. Hoy no es día de trajes, pues están todos sucios y tendría que ponerme a lavar la ropa, cosa que me da pereza. Tomo mi cartera junto a una manzana, el almuerzo que son los restos de anoche y pienso en comprarme unos panecillos para el desayuno. Me despido rápidamente de mi padre quien se comenzaba a despertar. Salgo con prisas, montándome en el Sedán rojo. Golpeteo su marco, provocando que sus ojos se levante a mi figura. Sostengo en mis manos una taza de café caliente y un panecillo que compré para él. Ni sé por qué lo hice si no se lo merece. Él me da paso, para dejar las cosas en su escritorio. Sus ojos ven de cerca mi rostro y puedo notar cómo se ve de guapo hoy. Como siempre he pensado, es un patán muy guapo. ─Gracias

