─Niña, ¿Qué haces en el suelo? Tenemos poco tiempo para hacer magia, vamos, vamos ─alienta, mandándome a levantar. Lo hago con torpeza sintiéndome observada de más, un poco agobiada. Un par de chicos me toman de los brazos, para prácticamente cargarme al vestidor inmenso de la habitación, donde despliegan todas sus cosas en la gran isla de en con cajones para guardar accesorios. Me colocan en una silla giratoria. ─Necesito bañarme… primero ─anuncio pensando que estuve todo el vuelo sentada. La señora me mira con desconcierto. ─Corre, chica, a la bañera, colóquenle jazmín para relajar los músculos y sales para la hinchazón, tiene que entrar en los vestidos sí o sí, él dijo talla cuarto, pero, eso lo veremos, pequeñita pero le gusta comer ─murmura la señora con acento francés. Inmediatam

