Rodea al auto, introduciéndose en su asiento. Coloca con rapidez el auto en marcha, llevándonos en dirección al hospital. Mi pecho sube y baja, nervioso sin poder entender su actitud tan cambiante. Es como si todos los pensamientos sobre él se arremolinaran sin cesar dentro de mi mente ¿Acaso de repente tiene corazón? Me cuestiono, gimiendo un dolor al mover mi rodilla. Hago una mueca que llama su atención. ─Ya vamos a llegar… no te preocupes, te atenderán bien, conozco al Doctor ─menciona nervioso. Asiento, suspirando. Sin poder entender en qué momento llegamos a estar en este punto, donde él me lleve con prisas al hospital por mi indudable torpeza. Quiero darme un golpe en la cabeza « ¿Qué más me puede pasar con él?» La pregunta queda plasmada en mi mente. Luego de registrarnos en

