Me quedé en silencio por un momento, observándolo, tratando de decidir si realmente podía permitirle cruzar esa línea. Sabía que enseñarle magia sería como abrir una puerta que no podría cerrar después. Y una vez que Adam la cruzara, ya no habría vuelta atrás. —Está bien —dije finalmente, cediendo ante su insistencia —Te enseñaré. Pero debes prometerme que no harás nada sin mi supervisión. Si en algún momento siento que estás yendo demasiado lejos, lo detendremos. —Lo prometo —dijo rápidamente, con una sonrisa en los labios, como si acabara de ganar la batalla más importante de su vida. Me incliné hacia él, dejando que nuestros labios se encontraran en un beso suave, cargado de promesas no dichas. Sabía que lo que estaba a punto de hacer era peligroso, pero también sabía que no podía ne

