CLAIRE LEBLANC Estaba sentada a la mesa de la cocina, con las manos temblorosas sosteniendo una taza de té que hacía mucho tiempo se había enfriado. Mi mirada estaba fija en la ventana, pero mi mente estaba en otro lugar. Pronto tendría la respuesta que tanto temía. La duda sobre la paternidad del bebé se estaba convirtiendo en un peso insoportable, corroía cada parte de mí, robándome noches de sueño y cualquier rastro de paz. Alexis estaba en la sala, hablando por teléfono con un cliente, siempre amable, siempre calmado, pero yo sabía que por dentro él también estaba sufriendo. No lo decía, pero lo veía en sus ojos. La incertidumbre sobre el bebé colgaba como una sombra sobre nosotros, sobre el futuro que queríamos construir juntos. Necesitábamos la verdad, y sabía que solo la prueba de

