CLAIRE LEBLANC No podía creer que esto estuviera sucediendo. Cada segundo en esa casa sucia me hacía darme cuenta de hasta dónde había llegado George. Siempre había sido controlador, pero esto... esto era un nivel de locura que nunca imaginé. Las paredes de la casa estaban cubiertas de mugre, y el aire olía a moho y abandono. El sonido del viento afuera era lo único que rompía el sofocante silencio del lugar. Estaba atrapada allí, y la única persona en la que podía confiar, Alexis, no tenía idea de dónde estaba. George había perdido completamente la razón. Mis manos dolían por las cuerdas apretadas alrededor de mis muñecas. Traté de calmarme, de respirar profundamente y pensar en una salida. Desesperarme ahora no serviría de nada. No podía pensar solo en mí. El bebé. Necesitaba salir de

