bc

La asistente perfecta del CEO

book_age18+
67
FOLLOW
1K
READ
HE
fated
opposites attract
arrogant
boss
blue collar
drama
bxg
kicking
office/work place
cheating
assistant
like
intro-logo
Blurb

Conseguir el puesto de asistente personal del CEO más poderoso del país parecía la oportunidad que cambiaría la vida de Valeria para siempre.

Mateo Ferrer es un hombre brillante, exigente y completamente inaccesible. En un mundo donde todos buscan algo de él, la única persona que parece no querer nada es su nueva asistente. Discreta, eficiente y siempre un paso adelante, Valeria consigue ganarse la confianza del hombre que jamás baja la guardia.

Pero en una empresa donde las apariencias son el arma más peligrosa, confiar puede convertirse en el error más costoso.

Mientras la tensión entre ellos crece y la línea entre lo profesional y lo personal comienza a desaparecer, ambos descubrirán que algunas decisiones tienen el poder de cambiar una vida… y destruir otra.

Hay trabajos que exigen eficiencia.

Otros, traicionar al hombre del que te enamoras.

chap-preview
Free preview
Capítulo 1
Capítulo 1 El reloj marcaba las siete y cuarenta y uno de la mañana y mi carrera contra el tiempo era una verdadera pesadilla. Corría por la acera de la avenida principal esquivando ejecutivos apresurados bajo el cielo nublado. El bolso sintético me golpeaba la cadera, las gafas se me resbalaban por el puente de la nariz a causa del sudor frío y el corazón me latía en los oídos. La Torre Ferrer se erguía unos metros más adelante, una mole impecable de cristal y acero. Tenía exactamente cuatro minutos para llegar al piso cuarenta y dos antes de que las puertas del ascensor ejecutivo se cerraran en mi primer día. A solo media cuadra de la entrada, el destino decidió jugarme la peor broma posible. ¡CLAC! Un chasquido seco resonó bajo la suela de mi zapato. El tacón aguja del pie derecho cayó de lleno en la rendija de una rejilla de alcantarillado. El impulso me arrojó hacia adelante en un tropezón violento y brutalmente humillante. Volé un segundo eterno antes de impactar contra el concreto helado. El dolor en la rodilla derecha fue un chispazo ardiente. Me quedé tendida unos segundos escuchando el murmullo de la gente que pasaba sin detenerse. Al intentar levantarme, un chasquido de tela me indicó la magnitud del desastre: mi media velada se había desgarrado de arriba abajo, dejando una brecha donde comenzaba a brotar una línea fina de sangre tibia. Tiré del zapato atascado hasta liberarlo y me lo encajé a la fuerza, aunque la falta del tacón me obligaba a apoyar únicamente la punta del pie. Me alisé la falda del traje barato, me limpié las palmas de las manos e inicié una marcha torpe hacia el vestíbulo del rascacielos. Las puertas giratorias de cristal me recibieron con una ráfaga de aire acondicionado helado. Crucé el mármol a toda prisa, cojeando y haciendo un esfuerzo sobrehumano para ignorar las miradas de los guardias. Al verme reflejada en los espejos del ascensor, el alma se me cayó al suelo: mis gafas estaban torcidas, el cabello desordenado, la blusa arrugada y la pierna lucía como un mapa sangriento. Las puertas se abrieron en el piso cuarenta y dos. Paredes revestidas en madera de nogal, alfombras espesas y una iluminación tenue que respiraba elegancia. Toda esa majestuosidad se evaporó al ver a la Sra. Gutiérrez esperándome al final del pasillo. —Mírate —soltó con desdén—. Tres minutos tarde, la ropa hecha una lástima y chorreando sangre sobre la alfombra. El señor Ferrer no tolera el desorden ni la mediocridad. Toma esto —me entregó una taza de porcelana negra que humeaba—. Es el café del señor Ferrer. n***o, sin azúcar. Llévaselo ahora mismo y reza para que esté demasiado ocupado como para fijarse en tu facha deplorable. Caminé a pasos cortos haciendo equilibrio. Al llegar a la imponente puerta doble de nogal, tomé aire y llamé con dos golpes secos. —¡Pasa! —retumbó una voz grave y áspera desde el interior. Empujé la puerta. En el centro de la estancia, tras un escritorio de caoba maciza, estaba Mateo Ferrer. Tenía la camisa blanca desabotonada en el cuello, las mangas arremangadas y el cabello desordenado. Sostenía el teléfono con una presión brutal. —¡No me importa lo que amenace la junta directiva, Julián! —rugió hacia el auricular—. Si creen que voy a renunciar por una filtración anónima, están muy equivocados. ¡Diles que se preparen para la guerra! Colgó con un movimiento brusco y clavó su mirada en mí. Sus ojos, de un gris helado, me recorrieron de arriba a abajo. Al notar mi media destruida y la sangre manchando mi zapato roto, frunció el ceño profundamente. —¿Quién demonios eres tú y qué te pasó en la pierna? —Señor Ferrer... buenos días —balbuceé, intentando dar un paso al frente para entregarle el café. Pero la falta del tacón me traicionó de nuevo. Mi rodilla falló y me tambaleé de forma desastrosa. Mateo se movió con agilidad y se plantó a solo un palmo de distancia, sosteniendo la base de la taza antes de que cayera. El roce de sus dedos contra los míos me provocó una extraña descarga eléctrica. —¿Valeria? —repitió mi nombre despacio—. No te pagamos para que vengas a desangrarte sobre mi alfombra. Eres una calamidad ambulante. Ve al baño privado, lávate esa herida y límpiate. Hay un botiquín en el mueble detrás del espejo. Me refugié en el baño, corté los restos de la media velada, desinfecté el raspón aguantando el ardor y me arreglé lo mejor posible frente al espejo. Al salir, Mateo no levantó la vista de su pantalla. Tecleaba a una velocidad increíble. —¿Vas a caminar así todo el día? —preguntó con voz cortante al ver mi zapato roto en la mano. —Puedo mantener el equilibrio sobre las puntas, señor. Mateo suspiró y presionó el citófono: —Gutiérrez, llame a la tienda de la planta baja. Que suban dos pares de zapatos planos de vestir para mujer. Talla treinta y siete. Y rápido. Al cortar la llamada, abrió un cajón y sacó una carpeta azul oscuro. —Si vas a quedarte, vas a trabajar. Esos son los anexos de la auditoría que la junta trajo esta mañana. Revisa cada fecha y cada cifra. Si encuentras un solo número que no cuadre, lo marcas con rojo. Me senté en el escritorio auxiliar. Durante los siguientes cuarenta minutos, solo se escuchó el tecleo de Mateo, el paso de mis hojas y la lluvia comenzando a golpear los ventanales. Mateo trabajaba con una intensidad implacable, cargando con una sombra de cansancio evidente. Un muchacho de la tienda trajo una caja con dos pares de baletas negras de cuero. Me las puse de inmediato, sintiendo un alivio delicioso. Poco después, la Sra. Gutiérrez anunció que Julián Ferrer estaba en la recepción. Mateo, con la mandíbula apretada, ordenó que le prohibieran la entrada. Aproveché el momento para ponerme de pie y acercarme a su escritorio con la carpeta azul. —Señor Ferrer, creo que debería ver esto —dije con voz suave—. En la parte de los pagos de la empresa de transportes, los tres giros registrados en noviembre no coinciden con las salidas del banco principal. Los sellos digitales de esta copia no tienen el código real. Alguien cambió las fechas para que parezca que usted autorizó giros con la cuenta congelada. Mateo me quitó la carpeta bruscamente. Leyó las marcas rojas en shock. —Eso es imposible... Los contadores estuvieron tres días revisando esto y no lo vieron. ¿Cómo te diste cuenta? —En mi antiguo trabajo me tocaba revisar cientos de facturas viejas a mano, señor —mentí, bajando la mirada—. Las trampas se notan de una. Mateo me miró fijamente, analizándome en silencio. Luego, guardó la carpeta bajo llave en su caja fuerte de pared. —Llegaste tarde, te rompiste la pierna, eres torpe y caminas chistoso... pero me acabas de dar la única prueba que necesito para evitar que me quiten la empresa este viernes —dijo, con una sombra de alivio en la cara—. De ahora en adelante, vas a revisar cada documento que llegue a este piso. Miro hacia el ventanal. Eran pasadas las dos de la tarde y la lluvia caía con fuerza. Mateo tomó su saco del respaldo de la silla y me miró detenidamente, notando cómo evitaba apoyar todo el peso en mi pierna herida. —Junta tus cosas —ordenó de pronto—. Ya trabajaste suficiente por hoy. —Puedo continuar hasta la tarde, señor... —No te estoy preguntando, Valeria. Vamos a bajar —interrumpió, tomándome con firmeza pero delicadeza del brazo para apoyarme—. Y vas a acompañarme a cenar algo. Necesitamos hablar de los documentos y necesitas hielo para esa pierna antes de que te desarmes.

editor-pick
Dreame-Editor's pick

bc

LA BAILARINA DEL MAFIOSO

read
5.9K
bc

DOMESTICANDO AL CORAZÓN

read
124.4K
bc

Daño colateral

read
9.5K
bc

La Venganza de la Exesposa Curvy con el Gigoló

read
166.6K
bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
62.6K
bc

Insano Amor

read
17.0K
bc

LA BODA

read
898.2K

Scan code to download app

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook