Perder a una persona en más de una ocasión es lo más doloroso que le puede pasar a alguien. Ese sentimiento de fracaso no se va de mi mente y a estas alturas, si no fuera por mi hijo, no me importaría dejar todo y a todos. Tabitha había muerto a manos de su propio padre y no pudimos hacer nada. Lo único que me deja tranquilo, es recordar esa sonrisa que nos brindó a todos antes de dejarnos para siempre, como si no sintiera dolor y nada le pesara, como si estuviera en el lugar y momento adecuados, con las personas correctas y cumpliendo un último deseo. Recuerdo que ni siquiera limpiamos aquel desastre que dejamos en esa casa abandonada, simplemente sacamos todo lo que pudiera inculparnos y nos llevamos a Tabitha con nosotros. Sabíamos de antemano que no podíamos enterrarla, ese no serí
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