¿Secretos?

1049 Words
Las palabras de mi padre me helaron la sangre, sentí como un frío recorrió todo mi cuerpo, sin embargo, no lo dejé que se apoderara de mí. — Es tú hija de la que hablas- le dije enojada- ¿cómo es posible que digas algo así? — ¿Sabes que tú hermana no es tan inocente cómo crees? — No quiero escucharte, no haces más que sembrar odio y resentimiento en la gente papá. Desconozco completamente al hombre en el que la riqueza te ha convertido- mi rostro cambió, la tristeza se reflejó en mis ojos- espero que algún día recuperes la conciencia. Vi su expresión que cambió por unos segundos, como si en el fondo deseara ser aquel hombre al que había dejado atrás. — Te veré en tú boda mañana- dijo fríamente antes de dirigirse hacia el comedor. Segundos después yo lo seguí, quería salir corriendo, sin embargo, debía despedirme de todos, especialmente de los padres de Max. — Lamento muchísimo que tengamos que irnos- señalé el auto de Max por la ventana- llevaremos a mi hermana a que descanse. — Tú hermana tiene mucho que ocultar Jane- el padre de Max me miró con mucha seriedad- no te dejes llevar por lo que parece ser una chica inocente. ¿Qué era lo que pasaba en torno a mi hermana?, ¿por qué todo el mundo parecía saberlo? Regresé a ver a mi hermano, quien parecía igual de extrañado que yo por toda la situación. Salí de la casa y me dirigí al auto. — ¿Qué sucede Jane?- preguntó Max con preocupación. Volteé a ver a mi hermana, se había quedado dormida en la parte de atrás. — Me gustaría saber, mi papá me dijo algo en lo que aunque quiera... no puedo dejar de pensar. — ¿Qué fue lo que te dijo? — Que mi hermana no es la persona que creo... pero es mi hermana y no puedo darle la espalda- mi rostro de preocupación hizo que Max de pronto se acercara y me diera un abrazo. — ¿Entonces quieres que la llevemos a casa? — Sí, no la pienso dejar aquí. — ¿Sabes que eso significa que tendremos que dormir juntos? — Ya lo sé- dije con resignación- aunque. —¿Aunque qué?- me miró fijamente. — Podrías dormir en el mueble y así me dejas el espacio- lo miré con los ojos abiertos esperando que por caballerosidad me cediera su habitación. — ¿Es una broma?- preguntó con una sonrisa. — Claro que no, es lo menos que podrías hacer por mí. — No lo haré Jane, no puedes esperar que deje mi comodidad para satisfacer tus deseos. — ¿Mis deseos? ¡Vaya que eres un idiota!- concluí. — No lo soy, no puedes esperar que siempre haga lo que deseas... — Sí, de acuerdo, solo olvídalo- le dije algo molesta. Empezó a conducir de regreso a su casa, nos quedamos sin dirigirnos la palabra, así que el ambiente permaneció en un incómodo silencio. Al llegar él cargó a mi hermana, parecía que había tomado mucho alcohol y se había emborrachado, su cuerpo estaba adormecido, me preocupaba verla en ese estado. Subimos y la dejamos en la habitación. — ¿Cómo puede estar así?, no tomamos una sola gota de alcohol- dijo él sorprendido. — Ya lo sé, es lo que más me preocupa. Intenté despertarla, pero no hubo respuesta. — Ella no está bien, sigue inconsciente- dijo cuando se acercó para que despertara. Enseguida llamó a una ambulancia y les dio la dirección, ellos le dieron unas indicaciones por teléfono, sin embargo, yo no pude escuchar nada. Salió corriendo de la habitación y segundos después vino con una botella de alcohol y algo de algodón, empezó a verterlo y lo acercó para que mi hermana lo oliera, pero aún así siguió sin dar señales. Volvió a salir, estaba vez lo vi bajar las escaleras tan rápido como pudo y traer una bandeja con agua y hielo. A penas entró en la habitación tomó la mano de mi hermana y la metió en el recipiente pero luego de unos minutos ella no reaccionó. Seguía en la llamada indicándole a la persona con la que hablaba que ya había intentado que reaccionara sin respuesta. — La ambulancia está por llegar- dijo él a penas la llamada finalizó- todo va a estar bien- se acercó y me abrazó durante unos segundos hasta escuchar el timbre de la puerta. Él sin pensarlo demasiado corrió hacia la entrada principal y los paramédicos entraron y subieron al segundo piso. Yo solo podía observar cómo sucedía todo sin poder moverme ni decir una palabra, era como si estuviera viendo una película. — Sus signos vitales son muy débiles- dijo la paremédica a penas tocó su cuello- tenemos que llevarla al hospital. — Sí claro, haga lo que sea necesario- dijo Max al darse cuenta que yo no podía reaccionar- mi esposa y yo los seguiremos. Me tomó de la mano y bajamos juntos detrás de ellos que cargaban a mi hermana en una camilla. Me abrió la puerta del coche y a penas me subí puso mi cinturón de seguridad. Yo seguía sin poder decir una sola palabra. A penas llegamos al hospital ingresaron a mi hermana y nos pidieron algunos datos, pero Max no tenía idea. — Jane, sé que no estás en el mejor momento, pero tienes que reaccionar, no puedes quedarte así, es vital que nos des los datos de tú hermana- la enfermera me observaba con un rostro de preocupación. — Sí, está bien- dije todavía sin poder creer lo que estaba sucediendo. Unos dolores en el vientre me sacaron de mi estado de shock, sentí una contracción extremadamente fuertes que hicieron que me tumbara al piso. — ¿Qué sucede Jane?- me preguntó Max mientras las enfermeras a mi alrededor trataban de auxiliarme. ¡No por favor! Mis gritos internos eran tan fuertes porque no quería que nada malo le pasara a mi bebé, había olvidado que tanto estrés podía afectarme tanto como lo llegó hacer. No quería decir ni una sola palabra, sin embargo, el dolor era tan fuerte y mi miedo tan grande que como una bomba de tiempo tenía miedo de que todo fuera a explotar.
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