Empezamos a caminar de regreso a casa de mis padres, todo en un absoluto silencio incómodo, de pronto parecía que sólo estábamos él y yo en la inmensa ciudad. — ¿Estás bien?- preguntó mi hermano al verme llegar. — Sí... todo fue demasiado, ¿lograste hablar con mi padre?- le pregunté con curiosidad. — No tengo nada que hablar con ese hombre- me dijo una expresión distante. — Entiendo que estés molesto. — No, no lo entiendes Jane- me interrumpió- no te imaginas por lo que tuve que pasar durante años para satisfacer a un hombre que jamás estuvo de acuerdo con nada de lo que hacía. — ¿Qué no lo entiendo?- su acusación fue directa a la poca paciencia que me quedaba- también sufrí como ustedes todo el rechazo. — ¿Rechazo?, ¿de qué hablas?, Jina tiene razón en que a la única que no

