Cuanto más avanzaban los días, el frío era cada vez más molesto o al menos eso le parecía a Alejandro que un día llevó un abrigo grueso mientras los demás usaban ropas más ligeras. Hilal y Badir se burlaron de él pues el clima no ameritaba una prenda tan gruesa, aun así, sentía que se congelaría si se la quitaba, por lo que se enfurruñó en su asiento temblando de frío todo el día.
— ¿Hoy tienes ensayo? —Preguntó a Hilal en cuanto terminaron las clases.
—No —respondió su amigo con un brillo particular en sus ojos mientras caminaban por el pasillo en dirección a la salida—, hoy es cumpleaños de Renato, ¿recuerdas? Y le tengo una gran sorpresa. Te invitaría, pero es algo muy, muy personal.
—Sí me lo imagino —respondió con una falsa arcada—, si mañana no vienes a clases sabré la intensidad de “la sorpresa”.
Hilal se carcajeó abrazándolo por los hombros y le dio un beso ruidoso en la mejilla.
—No sabes lo satisfactorio que es estar con un hombre —habló su sonriente amigo con un brillo enamorado en la mirada—, deberías intentarlo alguna vez.
Alejandro sintió un vacío en el estómago y agachó la mirada. Había pensado demasiado en sus problemas físicos pues a pesar de que había ido a hacerse un par de análisis, los resultados no lanzaban nada extraño. Tal vez hablarlo con su mejor amigo ayudaría a llegar a alguna conclusión, pero antes de llegar a decir nada, Hilal lo detuvo de golpe encontrando a Adrien apoyado en el umbral del salón donde estaba dando clases.
—Hola, chicos —saludó el sonriente profesor y ellos correspondieron de igual forma—. Te ves un poco demacrado, Alex, ¿te sientes bien?
—Solo tengo un poco de frío —respondió metiendo las manos en los bolsillos.
—No creo que sea solo un poco —dijo él con una sonrisa de lado recorriendo la mirada sobre su abrigo.
Alejandro desvió la mirada hacia los libros que llevaba Adrien y uno llamó mucho su atención.
— ¿Hablas francés? —Preguntó con curiosidad y con ganas de quitarse de encima su abrumadora atención.
—Oui, mon bel ami —respondió el profesor con una sonrisa traviesa.
Exhaló con brusquedad cuando un estremecimiento incómodo sacudió su cuerpo al escuchar el perfecto acento del profesor. Esa voz grave pronunciando un lenguaje tan sensual causó un extraño estrago en su mente, solo deseaba seguir escuchándolo a pesar de no entender ni una palabra.
— ¿Desde… desde cuándo sabes hablarlo? —Su voz sonó inestable y de inmediato percibió la mirada confundida de Hilal.
—Después de tomar una especialidad decidí añadir este idioma a mis conocimientos. Es un lenguaje muy interesante de aprender.
— ¿Podría decir algo más profesor? —Pidió Hilal sin quitarle la mirada de encima.
—Bien sûr —enunció el profesor mirando con intensidad a Alejandro—. C'est toujours un plaisir de rencontrer une personne aussi attirante et intéressante que vous.
El elegante acento francés le envió una intensa corriente de excitación por todo el cuerpo. Se estremeció visiblemente y tuvo que apoyarse en el hombro de su amigo cuando sintió que sus piernas podrían fallarle. Aun así, intentó sonreír para que no fuera evidente lo mucho que le afectaron unas simples palabras. Sintió que su cuerpo se encendía con incomodidad, estaba comenzando a ponerse un poco duro, afortunadamente el abrigo lo cubría a la perfección para poder ocultarlo.
— ¿Qué dijo? —Hilal sonaba receloso al voltear a ver a Adrien.
—Algo así como: “siempre es un gusto encontrarse con una persona tan… amable… e interesante como tú”.
Alejandro apretó el hombro de Hilal sin querer, se sentía caliente como nunca, no recordaba la última vez que se había sentido así.
—Creo que ya es tarde —intentó decir con voz casual—, es mejor que nos vayamos.
Hilal asintió y después de despedirse del profesor se dirigieron a la salida.
— ¿Qué te pasa? —Preguntó Hilal preocupado.
—No lo sé —respondió con agitación—, quizá solo sea un resfrío, necesito irme a descansar, me siento agotado.
Su amigo no insistió y solo lo siguió de cerca.
—Renato vino por mí, ¿quieres que te llevemos a tu casa.
Alejandro intentó sonreírle con despreocupación.
—No, gracias —dijo encaminándose a la calle para parar un taxi, no quería preocupar de más a sus amigos ni tener su completa atención sobre él—, necesito estar un momento a solas, ¿nos vemos mañana?
Hilal asintió e intentó abrazarlo, aunque se giró para ofrecerle solo un hombro, no quería que su evidente erección fuera descubierta. Un taxi tocó el claxon y de inmediato soltó a Hilal para subirse en el automóvil, no quiso voltear a verlo, solo indicó la dirección y marcó el número de Nicole para asegurarse de que estuviera en su casa.
*****
Unos minutos después, ya estaba bajando del taxi y se dirigía con calma a la entrada de la casa de Nicole. Su m*****o se había bajado en el trayecto, aun así, todavía se sentía agitado y con el cuerpo hormigueante deseoso por sexo.
Nicole abrió la puerta y sonrió con malicia.
—Tengo casa sola —siseó ella subiendo un poco su falda con insinuación.
Alejandro se le fue encima para besarla con desesperación, en cuanto la puerta se cerró tras él se dirigieron a la sala que era la habitación más cercana. Se sentó en el sofá y Nicole se le subió en horcajadas para restregarse sobre sus pantalones. Alejandro le quitó la blusa y el sujetador para acariciar y besar los suaves pechos. Su chica se retorcía de placer mientras desabrochaba su bragueta con prisa. Con pocos movimientos tuvo el pantalón a la mitad de sus muslos y Nicole lo masajeaba con delicadeza.
Comenzó a estresarse cuando su m*****o que había estado duro por unas cuantas palabras de su profesor, no podía levantarse ni un poco con las delicadas manos de su novia.
Ella se detuvo y Alejandro solo pudo exhalar frustrado.
—Alex… —se quejó Nicole con una ceja enarcada claramente rindiéndose.
—Lo siento —se disculpó y después de que ella se le quitó de encima para vestirse, aprovechó para hacer lo mismo—, es mejor que me vaya.
Intentó marcharse, pero Nicole se puso en su camino.
—Tu respuesta es siempre huir y no es justo para mí —reprochó ella—. Esta vez no quiero pelear, necesitamos hablar de esto, Alex. Han pasado días desde que te vi y de repente vienes fingiendo que quieres tener sexo, ¿qué te pasa?
Alejandro suspiró con pesar, ¿cómo explicaría algo que ni siquiera él entendía? O no quería aceptar.
—Lo siento, ¿sí? De verdad quería hacerlo, pero simplemente no puedo.
— ¿Pero por qué? ¿Acaso estás viendo a alguien más?
Alejandro analizó un poco la expresión de su novia. A pesar de que se veía fastidiada por esa situación, parecía tranquila como si estuviera dispuesta a escuchar y no solo reclamar.
—No estoy viendo a nadie —explicó apoyándose en la puerta de la salida—. Tengo algún tipo de problema… ni siquiera puedo excitarme viendo pornografía, ¿sabes? No entiendo lo que me sucede.
Nicole suspiró con pesadumbre llevando una mano a su largo cabello.
— ¿Cómo puedo ayudarte? —Preguntó con una mezcla de preocupación y fastidio, no estaba seguro de hasta qué punto ella estaba dispuesta a tener paciencia.
—Yo… necesito tiempo para pensar.
Nicole enarcó una ceja y se sintió estúpido por no saber usar sus palabras. Ella ya había pasado por una relación donde se le había pedido tiempo para después encontrar a su exnovio con otra persona.
—Tómate todo el tiempo que necesites, pero tú y yo terminamos —respondió ella haciéndolo a un lado para abrir la puerta.
Fue echado de la casa sin tener la oportunidad de explicar que no quería decirlo de esa forma. Acomodó su mochila en el hombro y caminó despacio por la acera con un sentimiento pesado en su corazón. A pesar de que no era un romántico asiduo, tenía ganas de estar con una persona de la cual se sintiera completamente enamorado y deseoso de tener en sus brazos. Sin embargo, tampoco era justo continuar en una relación donde dañara a la otra persona. Era mejor que su relación terminara en ese momento, no estaba dispuesto a seguir dañando a Nicole.