Nota sin firma

884 Words
Durante el fin de semana, Alejandro había recibido una visita inesperada. Su primo, Max había llegado de Estados Unidos para celebrar su cumpleaños, una fiesta que duró dos días y donde hubo música estridente y cantidades exageradas de alcohol. Al regresar a su rutina a la universidad quería morirse, no había dormido casi nada y arrastraba los pies para poder llegar a su salón de clase. — ¿Alejandro Garza? —Preguntó un estudiante más chico que él. —Sí —respondió en un tono cauteloso, no conocía a nadie de las nuevas generaciones y le extrañó que supiera su nombre. El chico le extendió un papelito y se fue por el pasillo. En ese momento se encontraba solo en aquel lugar, debía llegar a la clase con el señor LeBlanc y no tenía ganas de entrar. No quería que su dolor de cabeza aumentara con las exigencias de ese hombre. Abrió el papelito y por un momento salió de su nube de agotamiento.   “Tengo una hora libre y no te vi durante todo el fin de semana, si tienes un espacio en tu ocupada agenda me gustaría que nos encontráramos en la cafetería”   A pesar de que la nota no estaba firmada, conocía a la perfección la bonita caligrafía, no dudó ni un segundo para dirigirse con rapidez al lugar citado, era la oportunidad perfecta para aliviar sus malestares. Por una parte, sentía remordimiento porque era una terrible idea perderse una sola clase de micro controladores, pero tampoco estaba de humor como para tolerar el carácter de mierda del novio de Badir. Cuando estuvo cerca de la cafetería disminuyó el paso pues no quería parecer desesperado por ver a Adrien. Un sentimiento que solo le molestó pues no podía recordar en qué momento comenzó a importarle algo tan absurdo. Al ingresar al gran espacio lo buscó con la mirada y al encontrarlo, intentó no sonreír como estúpido. Caminó haciéndose paso entre las mesas ocupadas por otros estudiantes preguntándose por qué se sentía a la defensiva, Adrien solo era un amigo más. —Hola, Alex —saludó con alegría su profesor en cuanto estuvo cerca—, la verdad no creí que vinieras. Alejandro lo saludó con un choque de puños y se sentó a su lado. — ¿Quién era el chico con el que mandaste la nota? —Preguntó con curiosidad. —Es mi sobrino, Leo —respondió el profesor a la vez que sacaba algo de su portafolio—, le pedí que te diera la nota porque me parece más personal que un mensaje de texto. Vio con atención que Adrien destapaba un bálsamo y lo colocaba sobre sus labios partidos por el frío. Siempre era muy escrupuloso con su aspecto, cuidaba cada mínimo detalle para lucir bien. — ¿De qué sabor es? —Preguntó un poco atontado por el movimiento de la boca de Adrien. — ¿Quieres probar? —Respondió el profesor en tono bajo y serio. Alejandro se paralizó y contuvo el aliento cuando el profesor se apoyó en el respaldo de su silla y sus rostros quedaron a centímetros de distancia. Debía responder, pero no sabía qué decir, solo podía mirar fijamente los labios del profesor que se torcieron en una sonrisa divertida. Con su visión periférica vio que Adrien agitaba su mano y al voltear distinguió el pequeño tubo que le era extendido. —Me refiero a que te coloques un poco para probarlo —dijo Adrien con un tono juguetón. Exhaló aliviado, por lo visto había imaginado de nuevo otra insinuación. Algo sucedía en su cabeza y era vergonzoso, de nuevo culpó a Badir y a Hilal por las historias que le contaban, ya empezaba a imaginar cosas que no eran. Tomó el tubo en automático y cuando sus dedos se rozaron sintió que sus propias manos comenzaron a sudar, aunque ignoró el suceso atribuyéndolo a que todavía estaba un poco nervioso y también muy cansado por la fiesta del fin de semana. Se colocó un poco de bálsamo y le sonrió a su profesor. — Humectante, ¿cierto? —Mencionó Adrien con un guiño. Alejandro rodó los ojos causando una risa de su profesor, quien se inclinó de nuevo hacia él para darle un golpecito juguetón en la nariz con el dedo índice. —Tus expresiones son tiernas, pareces un pequeño niño fastidiado. Alejandro estuvo a punto de hacerlo de nuevo, aunque solo desvió la mirada. — ¿Se supone que eso sea un halago? —Preguntó con una sonrisa de lado. Adrien se quedó callado por un momento y él solo podía escuchar su respiración agitada. Estaba comenzando a frustrarse de verdad porque nunca se había sentido así con él; siempre estuvieron en sintonía, inclusive compartieron muchos abrazos y últimamente hasta una mirada lo desbalanceaba. —No podría ser una ofensa porque no hay manera de que no luzcas adorable cuando haces esas expresiones —susurró él muy cerca de su oído. Alejandro se recostó en su asiento sonriendo con amabilidad, sin saber cómo responder. El profesor se carcajeó, y cuando sintió el ambiente más ligero, cambió el tema. Después de su pequeña malinterpretación compartieron un agradable desayuno hasta que llegó la hora de la siguiente clase donde ambos se despidieron y continuaron con su rutina en la universidad.
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