Instituto de la Rosa

1181 Words
Después de un par de horas, Hilal y Alejandro entraron abrazados al Instituto de Música de la Rosa, lugar donde Renato impartía clases de guitarra y Hilal practicaba con su grupo de Jazz que se había vuelto muy famoso en la ciudad. Eran tan solicitados para eventos privados que normalmente los fines de semana no descansaban, por lo cual, casi no podía ver a Nicole, su hermosa saxofonista. En cuanto entraron, Hilal, lo soltó para lanzarse a los brazos de Renato, el profesor lo atrapó y besó su cabello sujetándolo por la cintura. Su relación era tan evidente que dejaron de ocultarlo, aunque estando en público se limitaban a tomarse de la mano o besarse brevemente. Nada comparado al comportamiento descarado que adoptaban cuando estaban con sus más allegados, eran muy empalagosos, derramaban miel con cualquier contacto. —Hola, cariño —saludó Nicole depositando un breve beso en sus labios. Estaba tan concentrado en los recuerdos de ese par expresándose su amor que ni siquiera reaccionó al contacto de su novia. Por fortuna ella pareció no darse cuenta y regresó a su asiento con sus amigos. —Buenas tardes, pequeño hijo mío. Siempre es un gusto que vengas a visitarnos —saludó Renato con un guiño. Alejandro entornó los ojos. —¿Acaso sigues esperando que te diga papi? —Peguntó al acercarse para saludar a su amigo quien lo envolvió de inmediato en un fuerte y cariñoso abrazo. —Sigues resistiéndote —renegó él con voz divertida—, yo sé que algún día lograré que seas nuestro hijo adoptivo y sigas cuidando de mami cuando yo no esté cerca. —Escuché eso —refunfuñó Hilal a lo lejos. Renato y Alejandro se rieron. Era divertido verlo tan molesto cuando se referían a él como “mami”. —Ven —pidió Hilal agitando su mano—, quiero que nos des tu opinión de estas nuevas canciones, son de nuestra autoría y queremos incluirlas en el repertorio. Alejandro acercó una silla y se sentó para concentrarse en poner atención y atender la petición con objetividad. El grupo estuvo ensayando por dos horas y era fácil darse cuente de que estaban listos para grabar su propio disco, parecían músicos profesionales gracias a las enseñanzas de Renato. Se sentía muy orgulloso de ellos. “La pandilla de Strauss”, como se hacían llamar, tenía su siguiente presentación en pocos días y en un pensamiento fugaz se preguntó si a Adrien le gustaría acompañarlo para ver a su amigo tocar. Alejandro agachó su mirada y se asustó un poco por pensar en su profesor en un momento en el que ni siquiera debería estar pensando en la universidad. «Sería muy interesante ver esas prácticas en la ducha» la voz grave de Adrien resonó en su cabeza con tanta fuerza que le causó escalofrío. — ¿Estás bien? —Habló Hilal quien se apoyó en su hombro. Se paró de su asiento con brusquedad siendo impulsado por una extraña adrenalina parecida a la excitación. — ¿Acabó el ensayo? —Inquirió con voz entrecortada, por lo que tuvo que aclarar su garganta. Hilal arrugó la frente y asintió. Se apresuró para tomar de la mano a Nicole. Después de despedirse rápidamente de todos, se dirigieron con prisa a su carro. — ¿Qué pasa, Alex? Te ves agitado —dijo ella con preocupación. En cuanto llegaron al vehículo la hizo girar para acorralarla contra el automóvil y besarla con toda la necesidad que sentía en ese momento. Los labios dulces y suaves se abrieron con gusto y la besó con fuerza mientras sus manos se deslizaban por la delicada curva de la cintura para instalarse en las caderas y apretarla contra sí mismo. Nicole gimió y su excitación comenzó a escaparse como siempre le pasaba. Ella se veía muy animada al deslizar los labios por su cuello a la vez que desabrochaba su cinturón con torpeza, deslizó una de las manos por dentro de la tela y acarició su m*****o medio duro por encima del bóxer. —Alguien viene —susurró y ambos se apresuraron para entrar al automóvil. Nicole reía con complicidad y él intentaba regresar el gesto. Daba la impresión de que la chica no se había dado cuenta de que su arranque de calentura se había enfriado con rapidez. Por fortuna los chicos del grupo de Jazz lo salvaron de otra interminable discusión donde ella recriminaría que no era lo suficiente para excitarlo. Arrancó el vehículo y se dirigió a la casa de Nicole platicando anécdotas graciosas sucedidas en el día para bajar un poco los ánimos, ella correspondió con alegría, lo cual le ayudó también a tranquilizarse. Al llegar a su casa ella se acercó para continuar con lo que habían dejado pendiente en el estacionamiento; sin embargo, Alejandro la detuvo con la justificación de que se había atrasado con su tarea por permanecer tanto tiempo en el ensayo. Nicole no se veía molesta porque ella estaba en la misma situación. La vio bajar del automóvil y después partió a su casa sintiéndose miserable. Al llegar a su destino, agradeció que sus padres todavía no llegaran porque necesitaba un momento de soledad, por lo que se encerró en su habitación y se dejó caer en la cama abrazando una almohada. Era frustrante sentirse terriblemente excitado y cuando por fin tenía la oportunidad de satisfacer sus deseos, estos se fueran de su sistema. Era como una montaña rusa que no lo dejaba disfrutar de manera plena su sexualidad. No importaba si quería pasar un buen momento con su chica, su cuerpo siempre lo traicionaba dejándolo insatisfecho y con una discusión donde no sabía cómo defenderse. Su celular sonó y al abrir la conversación de Nicole se encontró con una fotografía de ella en sujetador.   “Esta noche me dejaste con ganas de más, así que yo haré lo mismo contigo”   Recibió más fotos donde mostraba el hermoso y redondo trasero cubierto por una tanga muy reveladora. Nicole nunca había hecho algo así y se sorprendió al recibir muchas fotos donde no dejaba mucho a la imaginación. Su chica tenía un cuerpo hermoso y bien formado, sabía que tantas imágenes sugestivas debían excitarlo, pero no fue así. Se dijo que tal vez solo estaba estresado, por lo que después de contestarle con muchos halagos, tomó una larga ducha de agua caliente para relajarse. Una vez estando un poco más tranquilo, entró a su galería de fotos y volvió a ver esas sensuales imágenes. Se recostó en una posición cómoda y comenzó a masturbarse mientras veía las fotografías. Su cuerpo no lograba encenderse ante ninguna imagen, decidido a que lograría una firme erección, buscó un par de videos pornográficos y tampoco consiguió nada. Finalmente se rindió y se giró para abrazar su almohada de nuevo. La situación se le estaba yendo de las manos, era muy extraño que a su edad no lograra tener una vida íntima satisfactoria. Necesitaba ayuda, así que tomó la decisión de acudir al médico lo más pronto posible y poder solucionar su frustrante problema.
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