La prueba de inglés

1223 Words
Las semanas transcurrían con asombrosa rapidez, cuando menos lo esperaron ya tenían los exámenes encima. Muchas horas de estudio acababan con la energía de los estudiantes, para fortuna de Alejandro solo faltaba el examen de inglés y por fin podría descansar un poco. —Vamos, amigo, no estés nervioso —lo animó Hilal al abrazarlo por los hombros—. Si haces el ridículo frente a la clase, yo estaré allí para que llores en mi hombro. Alejandro apretó los labios para reprimir su sonrisa. Entre más alardeaba Hilal, más quería que el examen llegara, por lo que se apresuró para entrar al aula y al ver a Adrien sentado tras el escritorio se acercó para chocar los puños a modo de saludo. — ¿Estás listo para el examen? —Preguntó el profesor con una sonrisa torcida la cual respondió de la misma forma. —Confío en que todo salga bien. Ese alegre hombre sonrió tan amplio que mostró su perfecta dentadura blanca. Sintiéndose un poco desbalanceado por una razón que no entendía, tomo asiento y decidió inclinarse hacia Badir para distraerse. Todo se estaba volviendo muy extraño y no quería pensar demasiado en ello. Todos sus compañeros ingresaron al aula. Se veían nerviosos, algunos ensayaban con rapidez su canción antes de pasar al frente. Inclusive muchos se quejaban arrepentidos porque en ese momento preferían que la evaluación oral se hubiera omitido. El profesor solo sonreía y les daba un gracioso pésame sarcástico. Para hacer la sesión más interesante, el profesor fue nombrando al azar a los alumnos, lo que solo estresó más al grupo. En cuanto fue el turno de Badir, lo vio levantarse para poner su pista y cantar con mucha seriedad frente al grupo. Se veía bastante cómico, un tipo enorme y con apariencia agresiva cantando un rap extraño. Su voz y pronunciación no eran malas, pero tampoco muy sobresalientes. Alejandro volteó a ver a Adrien quien se mantenía serio y concentrado en su alumno. Todos aplaudieron y Badir se sentó de nuevo en completo silencio. Su lenguaje corporal daba a entender que no estaba de humor para bromas. Quería burlarse de él pues se veía avergonzado y todavía era extraño verlo comportarse en clases, aun así y muy en contra de sus deseos, se mantuvo quieto y atento al examen. Pasaron un par de compañeros más y fue el turno de Hilal, quien cantó una canción melosa y romántica. Su voz sobresalía y no era para sorprenderse porque tenía a Renato, quien seguramente le había dado un par de consejos. Observó por un momento a Adrien, quien sonreía de lado, parecía disfrutar de la presentación de su amigo, su estómago se apretó un poco y desvió la mirada de nuevo, sintiéndose confundido por su incomodidad. — ¿Qué tal lo hice? —Inquirió un arrogante Hilal en cuanto terminó su canción y se sentó de nuevo. Alejandro asintió desinteresado. —Nada mal para una persona que le aterraba presentarse en público, de verdad superaste tu pánico escénico. Su amigo sonrió y se recostó en su lugar muy confiado de sí mismo. Algunos compañeros más pasaron a cantar y él ansiaba que su turno llegara. En cambio, el tiempo pasaba y se mantenía en su asiento. —Me gusta dejar lo mejor para el último —anunció el profesor con una media sonrisa—, señor Garza, su turno. Alejandro entornó los ojos y se levantó. No esperó que nadie hiciera algún comentario de lo dicho por Adrien porque todos sabían que era el favorito y estaban acostumbrados a ello. Al principio, sus compañeros eran un poco crueles al hacer burlas respecto a su amistad con el profesor; aunque con el tiempo se cansaron y ahora a nadie le importaba si eran buenos amigos o no. Después de poner su pista, se aclaró la garganta esperando el momento de empezar a cantar, al final decidió ignorar por completo la sugerencia de Adrien y eligió una canción de rock alternativo. Era una melodía con partes complejas que le llevó muchísimo tiempo de práctica al grado de llegar a alucinar la maldita canción, aun así, valdría la pena causar una buena impresión frente a todos. En cuanto la pista había comenzado a sonar, un murmullo incrédulo de sus compañeros también se hizo eco pues era una canción muy popular que muy pocos lograban pronunciar de manera correcta. Adrien hizo callar al grupo, se cruzó de brazos y lo miró expectante, Alejandro comenzó a cantar con mucha seguridad empezando a un ritmo lento y pocos segundos después se soltaba una especie de trabalenguas. La canción cambió a un tono alto que alcanzó a la perfección, volteó a ver a Hilal con una ceja enarcada. Su amigo estaba tan impresionado que estuvo a punto de reírse y si no fuera porque necesitaba concentración absoluta, estaría haciéndole gestos para burlarse de él. Desvió la mirada a su profesor quien lo miraba de una forma muy similar a la de Hilal y entendía la reacción de ambos pues mantenía como un gran secreto su talento como cantante. Cuando la canción terminó, el salón estalló en aplausos y agradeció con una exagerada reverencia. —Sabía que destacarías —Adrien lo felicitó con afecto. Alejandro le dedicó un guiño y se sentó de nuevo en su lugar. De inmediato Hilal se estiró para tomarlo por los hombros y sacudirlo. — ¿Por qué mierda nunca me dijiste que sabías cantar? —Nada de malas palabras en mi clase —reprendió Adrien cerrando su carpeta. —Lo siento, señor Ackerman —masculló su amigo y se acomodó de nuevo en su asiento. Adrien miró su reloj y dio por concluida la clase. De inmediato sus compañeros salieron del aula haciendo mucho ruido como siempre. —Alex —se quejó Hilal con dramatismo— ¿por qué me ocultaste ese talento? Pudiste haber sido nuestro cantante en la banda todo este tiempo. —No lo oculté, exagerado —respondió al guardar sus cosas en su mochila—, simplemente me gusta practicar en la ducha. —Sería muy interesante ver esas prácticas en la ducha —susurró Adrien. Alejandro lo miró sorprendido, no pensó que el profesor estuviera escuchando pues se veía muy concentrado en uno de sus libros mientras mordisqueaba un lápiz. —Interesante —musitó Hilal enarcando una ceja en un gesto insinuante—, iré a alcanzar a Badir. Sin decir más, su amigo brincó de su asiento para tomar su mochila y correr a la salida donde los estaba esperando el aludido. Lo vio tomarlo del brazo y huir del lugar, pronto el salón se quedó en silencio, solo permanecía él con su profesor. —Bueno… eh… yo también me voy —se despidió con torpeza colocándose la mochila en la espalda y con un asentimiento se echó a correr a la salida sin darle tiempo a Adrien de responder. El comentario del profesor le dio vueltas en la cabeza de manera insistente. Y era frustrante porque ni siquiera consideraba que algo tan simple le causara semejante confusión. No lo entendía, no tenía nada de malo. «Entendiste a la perfección la insinuación» dijo una voz en su mente. Agitó la cabeza y siguió caminando con la determinación de dejar el asunto en el olvido. Había sido un malentendido, no merecía darle mayor importancia.
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