Alejandro sintió que el camino a la casa de Eid era eterno a pesar de que no se había limitado a acariciarlo y disfrutar de cada jadeo que emitía su profesor. En ese momento ya no le importaba para nada si lo que estaba haciendo estaba bien o mal, solo deseaba poder estar con Eid y no solo por saciar un deseo, de verdad quería poder observarlo con total calma, poder comprobar que había algo más que un simple enloquecimiento por su profesor. Cuando por fin se estacionaron en algún lugar, lo atrapó por la cintura besando ese delgado cuello y siguiendo sus lentos pasos. No sabía en qué lugar de la ciudad se encontraba, bien pudo haberlo secuestrado y ni siquiera se habría dado cuenta y tampoco le importaba mientras pudiera hacer todo lo que tenía en mente. Se sintió agradecido cuando por fi

