Después de la pequeña discusión nos dedicamos a disfrutar del viaje. Por el día nos levantábamos temprano a pesar de estar desvelados por la noche de baile desenfrenado con sesión de sexo en los antros que visitamos. Recorrimos cada rincón de Colombia. Desde mercados hasta museos de cultura y algunas reliquias. También acudimos a casi todos los restaurantes para disfrutar de la gastronomía de aquel país. La pasamos increíble disfrutando de todas las horas que tiene el día. Mi cuerpo pedía a gritos descanso pero me negaba a dárselo, tenía tantas ganas de comerme al mundo a mordidas para poder conocer cada uno de sus rincones. La semana termino muy rápido y tuvimos que despedirnos de la familia Ramírez, aun me cuesta trabajo asimilar que Luciana fue una de las muchas amantes de mi marido.

