CAPÍTULO 4

1810 Words
[Ezequiel] “No pregunté tu nombre, yo me llamo Sarai” ese nombre, no creo que sea coincidencia, me tenso de solo pensar que de entre todas las personas, sea justamente ella que esté aquí conmigo, después de tantos años. “Ezequiel” le respondo porque simplemente no puedo hablar más, los recuerdos de mi último año de instituto vienen a mí, mientras los nervios invaden cada célula de mi cuerpo. En mi salón había una chica hermosa, a pesar de su uniforme, se notaba una figura divina y su sonrisa era preciosa. Su nombre era Sarai, tal y como la chica que está amarrada a mí en este momento. Tenía un crush tamaño mundial con ella, pero yo en mi estúpida mente juvenil no supe enamorarla, nunca vi ni un chico junto a ella, y me dediqué a fastidiarle la vida, solo para que me vea, para que siempre venga a mí, estaba seguro que en alguno de esos momentos me iba a animar a decirle lo que sentía por ella, porque sí, efectivamente me había enamorado completamente de mi compañera de salón, para mí no había nadie más perfecta que ella. Y así pasó un año, y en ninguna ocasión tuve el valor de confesarle lo que sentía por ella, hasta que llegó el día de la graduación, esa sería mi última oportunidad o la perdía, ella era excelente estudiante, y tenía más que claro, que se iría a estudiar fuera del país, una vez le escuché decirle a su compañera de pupitre que la habían aceptado con una beca completa. Un grupo de muchachos había traído alcohol y les pedí un poco, necesitaba de coraje líquido para poder confesarle mis sentimientos. La busqué por todos lados hasta que finalmente la encontré, ese día me había esmerado, me había peinado como se debe y el traje nuevo a medida sabía que me lucía más que bien. Me atreví a tomar de su mano y la llevé a un salón apartado del bullicio y de la gente, era el último del piso al final del pasillo. Mi corazón latía desbocado, porque no tenía una sola idea de lo que le diría en ese momento, pero al tenerla tan cerca, tan bella y arreglada, solo quería besarla contra la pared y tomarla, hacerla mía, hacerla mi mujer, ese pensamiento por un momento me asustó, yo soy más inexperto que la inexperiencia, no he besado a nadie y sigo virgen, ¿y si lo hago mal? ¿y si la decepciono? Quizá ni siquiera tenga tiempo a besarla, lo más probable era que ella huiría de mi lado, ¿por qué razón se quedaría en un lugar tan apartado conmigo?, con el chico que siempre la ha molestado, pero para mi sorpresa se quedó ahí, frente a mí, mirándome con un anhelo que me descolocó. Será posible que ella sienta lo mismo que yo, todo milagro puede ocurrir. “Te ves hermosa Sarai” y casi me tapo la boca porque dije exactamente lo que pensaba, sin filtro alguno, eso debe ser obra del alcohol. “Gra..gracias” y puedo notar que mi cumplido la puso nerviosa. Sin poder evitarlo, toco con mi mano su rostro, y me atrevo a tocar su labio inferior con mi pulgar, de una forma tan sensual, que no tardé mucho tiempo en tener una erección. “¿Alguna vez te han besado?” y me doy una cachetada mental, solo a mi se me puede ocurrir preguntar algo como eso. “No, nadie” cuando dijo eso, me prometí a mi mismo que debía ser el primero en probar sus labios. “Espero que no te moleste que sea el primero” cuando mis labios tocan los de ella, siento como si en mi estómago hubieran fuegos artificiales, la acerqué más a mí, mientras ella abría su boca, dejando que mi lengua juegue con la suya, este beso lo sentí hasta en mi entrepierna, le estaba dando también mi primer beso, aunque eso ella no tenía que saberlo. Solo nos separó la falta de oxígeno, y yo quería que diéramos el siguiente paso, quería que sea mía, así como quería que me permita ser suyo. “¿Alguna vez has hecho el amor?” no pude contenerme y le pregunté lo que me aterraba escuchar, de solo pensar que otro hombre pudo haberla tocado tan íntimamente me llenaba de rabia. “No, yo… yo… soy virgen” la veo bajar su mirada, como si se sintiera avergonzada, y a mi solo me faltó hacer el baile de la victoria, así que tomo mi decisión. “Espero que no te moleste que sea el primero” no pierdo mi tiempo y la beso, pero esta vez sabiendo lo que está por pasar, si no le llegara a gustar a ella, hace rato se hubiera ido, es más, nunca habría venido conmigo, pero igual, si ella me rechaza, la dejaré ir y no la molestaré nunca más. Cuando me devuelve los besos con la misma urgencia que la mía, nuestras prendas de vestir desparecen bien rápido, por un momento me sentí cohibido, ella estaba ahí viéndome desnudo, tenía terror de no cumplir con sus expectativas, pero para mi sorpresa, ella se veía igual que yo, sin duda alguna, era nuestra inexperiencia que se reflejaba en nuestra actitud corporal. Coloco mi ropa en el suelo, para que no sienta el frio del piso, y no tardo en estar encima de ella. El roce de nuestras partes íntimas, desata innumerables gemidos en ambos, ella está más que lista y yo me encuentro más duro que una roca, y lo único que quiero es enterrarme en lo pliegues de la mujer que amo, no puedo creer, que estemos a punto de hacer el amor. La seguí besando, y cuando finalmente me enterré dentro de ella, el grito que salió de sus labios, me hizo pensar que estaba haciendo algo mal, maldije mi falta de experiencia, pero no tenía idea que hacer para aliviarla del dolor. “Lo siento, si ya no quieres….” Aunque me duela, si ella no quiere seguir, no puedo obligarla, pero sus labios sobre los míos, y el movimiento de su pelvis fue toda la confirmación que necesité para seguir penetrándola. Empezó el movimiento de caderas y por un momento tuve que apretar mis dientes y distraer mi mente, porque me sentía abrumado, Sarai, estaba demasiado apretada y yo estaba a nada de acabar, seguí bombeando, mientras trataba de distraer mi mente y no avergonzarme de la mujer que amo. Ese solo pensamiento casi me hace detenerme, yo amo a Sarai y se lo estoy demostrando con creces, cada vez que la escuchaba gemir, era como música para mis oídos, por un momento loco, se me ocurrió dejarle una marca en el cuello, Sarai era mía, finalmente era mi mujer, yo la hice mi mujer, ese solo pensamiento me llenó de un orgullo inmenso, mientras la besaba con urgencia. Su intimidad de pronto me apretó tan fuerte y ya no pude resistir más, Sarai estaba acabando y sentía como si al ritmo de latidos me apretaba con fuerza mi pene, con un gruñido me dejé ir, y chorro tras chorro de mi semen, llegó al interior de ella. Me quedé quieto por un momento, lo único que quería era llevármela a mi casa y repetir lo que acabamos de hacer, pero no contaba con que nos quedaríamos dormidos luego de hacer el amor. Cuando abrí los ojos, estaba desnudo y completamente solo, no había rastro de Sarai, excepto su braga y la mancha de sangre sobre mi pantalón, como muestra de que me había dado su virginidad. Maldije una y otra vez mi suerte por haberme quedado dormido, debí decirle cuanto la amaba cuando tuve la oportunidad y no lo hice, pensé que tendríamos tiempo, pero yo no tenía idea que tiempo era lo que menos tenía. Al siguiente día pasé por su casa, necesitaba verla, hablarle y decirle que la amaba, que lo que pasó entre nosotros, significó el mundo para mí. Cuando su padre abrió la puerta y me escuchó buscándola, puso una mirada de lástima, y yo estaba ahí parado pensando que la vería. “Lo siento muchacho, Sarai dejó el país en la madrugada, se fue a la universidad” sentí mi mundo destrozarse bajo mis pies. Sarai me dejó, eso solo puede significar una sola cosa, para ella no fue nada lo que sucedió entre nosotros. Mi corazón se rompió en mil pedazos, ese día lloré lo que no había llorado en mi vida, por lo que pudo ser y no fue. Desde ahí empezaron mis problemas sentimentales, nunca más pude confiar al cien por ciento en nadie, en el fondo siempre sentía miedo que me dejen como lo hizo Sarai y cada una de mis ex novias lo hicieron, empeorando mi situación, sin contar de la forma magistral que la última lo hizo, cuando me lanzó en cara, la posible infertilidad mía. Sacudo mi cabeza de mis amargos recuerdos y como si una bombilla se iluminara sobre mi cabeza, se me ocurre una idea para liberarnos. “Sarai que te parece si quemamos la soga con el fuego de la vela” le pregunto a la chica, pero ella no me responde, en vista que ha pasado un buen rato vuelvo a preguntar. “Sarai” y solo espero que esta vez sí me escuche. “¿Estás bien?” le pregunto con un poco de preocupación. “Si, no es nada, ¿qué me decías?” que raro, ¿por qué se habrá perdido en sus pensamientos? “Te decía, que tratemos de caminar hasta la vela, para ver si podemos quemar la soga y así soltarnos” siguiendo mis indicaciones, nos levantamos con un poco de dificultad, y así avanzamos hasta donde estaba la vela encendida, quemamos una parte de la soga y en poco tiempo ya estábamos libres. Cuando nos giramos para vernos la cara, casi pierdo el equilibrio de la impresión. Sarai. Mi Sarai estaba frente a mí, tan bella como siempre, pero ya había dejado ese rostro de adolescente, ahora se veía toda una mujer, con un cuerpazo de infarto, que solo sirvió para despertar mi entrepierna. Pero lo que recordé de nuestra única noche juntos, hizo levantar todos mis escudos para protegerme, no puedo ser lastimado nuevamente, peor aún por la persona que más he amado en la vida y ya me lastimó en el pasado. Se me ocurre el mejor plan para proteger mi corazón, haré como que no la conozco y es mejor ser dos extraños, en esta situación de mierda que estamos pasando. “Mucho gusto en conocerte, soy Ezequiel” su rostro se desencaja luego de escuchar mis palabras y puedo estar más que seguro que si recordó quien soy.
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