CAPÍTULO 3

1572 Words
[Sarai] El lugar se va iluminando ligeramente con la luz de la vela que se encendió quien sabe cómo. Me siento más que asustada, pero agradezco al cielo no tener que pasar por esto yo sola, al menos en este momento tengo algo de compañía, y es ese hombre atado a mí, que, por alguna extraña razón, su voz me resulta algo familiar, como si lo hubiera escuchado de antes, pero por más que trato de recordar, no tengo la más mínima idea de donde, quizá es solo un truco de mi cerebro debido al miedo, es horrible estar en una situación así. “No pregunté tu nombre, yo me llamo Sarai” le digo al extraño que está amarrado conmigo y lo siento tensarse ligeramente. “Ezequiel” me responde y ese nombre trae un millar de recuerdos de la época que estaba en el instituto, había un muchacho compañero de mi salón, muy guapo que me traía más que enamorada, era mi mega crush, hubiera dado lo que fuera por besarlo, por ser su novia, por tomar su mano como cualquier pareja, tener citas, pero no todo lo que se quiere en esta vida se consigue y mi caso no fue la excepción. Yo le caía supremamente mal al chico de mis sueños, siempre me respondía feo, se llevaba mi almuerzo, escondía mi maleta y mis útiles, solo porque le gustaba que le ruegue que me los devuelva, hizo mi último año de instituto un verdadero infierno, pero a pesar de todo lo que me hizo, ahí estaba yo, aguantando todo, porque por muy estúpido que suene, me había enamorado profundamente de él. El día de la graduación, sucedió lo impensable, Ezequiel estaba un poco ebrio, no sé de dónde había sacado el alcohol, y me tomó de la mano tal como siempre lo había soñado, pero para llevarme a un lugar apartado de todo el mundo, la ceremonia se hizo en la noche, y quedamos encerrados en un salón oscuro al final del pasillo, alejados de ojos y oídos curiosos. Mi corazón bombeaba con fuerza, era la primera vez que estábamos solos y tan cerca, su respiración estaba acelerada, mientras me veía como si me quisiera devorar con la mirada, en sus ojos había un deseo, como si el fuego en su interior hubiera estallado, debido al alcohol que lo había desinhibido. Estaba más que consciente que debía irme, que estar encerrada con la persona que menos le agradaba, era una pésima idea, pero mi cerebro no pudo entrar en razón en ese momento y digamos que mis neuronas hicieron cortocircuito. “Te ves hermosa Sarai” me dijo y con solo una frase me desarmó por completo y solo me faltaba entregarme a él como tributo o como una ofrenda, por un simple cumplido que salió de sus labios. “Gra..gracias” apenas pude decir, cuando sentí su mano tocar mi rostro y con su pulgar jugaba con mi labio inferior de una forma tan sensual que faltó poco para debilitarme. “¿Alguna vez te han besado?” me preguntó y mi corazón latió desbocado dentro de mi pecho. “No, nadie” no sé por qué sentí que debía ser honesta con él en ese momento. “Espero que no te moleste que sea el primero” y sin aviso, se acerca, toma mi rostro con ambas manos y me besa, mientras yo sentía que iba perdiendo fuerzas en mis piernas, me acercó más a él mientras yo abría mi boca, permitiendo que su lengua juegue con la mía, su beso fue profundo y delicioso, mi primer beso, me hizo sentir una descarga eléctrica en todo mi cuerpo, principalmente en mi intimidad, como nunca lo había sentido. Cuando nos separamos por algo de oxígeno, sus ojos me veían de otra forma, que no supe descifrar hasta el día de hoy y su siguiente pregunta me deja congelada en el lugar. “¿Alguna vez has hecho el amor?” y mis nervios se disparan y antes que pueda controlar mi boca, le respondo que no, le dije a mi crush que era virgen que vergüenza. Una sonrisa se dibuja en su rostro y una especie de alivio se ve en su mirada. “Espero que no te moleste que sea el primero” y nuevamente sin aviso me besa, pero esta vez con más posesividad y yo ya no podía ni pensar, porque no podía negar que lo deseaba y mucho, deseaba todo con él, deseaba ser suya en cuerpo y alma. Prenda tras prenda fuimos retirando de nuestros cuerpos, hasta que quedamos totalmente desnudos, usamos su chaqueta, camisa y pantalón para acostarnos en el suelo y así no sentir la dureza y frio del piso. Se posó encima de mí, mientras sus besos me distraían de lo que estaba por venir, tenía una idea que dolería, pero el grito que salió de mis labios cuando me penetró lo hizo detenerse un momento. “Lo siento, si ya no quieres….” No lo dejo ni terminar de hablar cuando esta vez la que lo estaba besando era yo, y acercaba mi pelvis hacia la suya, mandé a la mierda el dolor, porque había tomado la decisión de que sea el chico que amaba, quien quería que me haga mujer por primera vez. Y así empezaron las embestidas y poco a poco el dolor se fue cambiando por placer, un placer que nunca había experimentado antes, ambos estábamos gimiendo en el oído del otro, provocándonos mutuamente más y más excitación. Mientras nos dábamos besos con urgencia, Ezequiel succionó mi cuello y estaba seguro que dejaría una marca. Un corrientazo de placer recorrió mi vientre y todo mi cuerpo, y sentí como si explotaba en miles de pedazos, mi cuerpo tembló por cuenta propia, mientras mi intimidad, latía y apretaba con fuerza el pene de Ezequiel, provocando que, en nada de tiempo, el termine en mi interior, mientras sentía como me llenaba con su cálida semilla. Se quedó dentro de mí por un momento, no sin antes darme otro beso profundo, y salió lentamente de mi interior y nos quedamos abrazados por un momento, sin darnos cuenta y debido a nuestra actividad lo cansados que estábamos y nos quedamos dormidos. No sé cuánto tiempo pasó cuando finalmente abrí los ojos, y la realidad cayó sobre mí, ¿qué acabo de hacer y con quién? Le acabo de entregar mis primeras veces a la persona que más me odia y que yo más amo. Que estúpida fui, quizá solo pasé a ser una más de su larga lista, sumando el hecho que estaba borracho, sin duda fue el alcohol que lo llevó a mí y me sentía decepcionada por haberme entregado a él cuando no estaba en sus cinco sentidos. Busqué mi vestido y como no encontré mis bragas me fui así, salí prácticamente huyendo del lugar, porque no solo tenía miedo, tenía terror del rechazo que una vez estando sobrio, sin duda me diría Ezequiel, eso me hubiera destrozado, así que lo más sensato fue proteger mi corazón. Esa noche no pude dormir, y tomando el sobre de la universidad en el exterior que me habían aceptado, tomé la decisión de poner un océano de distancia del hombre que amaba, y así dejar de pensar en quien no me merecía. “Sarai” la voz del hombre amarrado a mí me sacó de mis recuerdos del pasado. “¿Estás bien?” me pregunta con ligera preocupación. “Si, no es nada, ¿qué me decías?” le respondo tratando de sonar que no me afectó recordar el pasado. “Te decía, que tratemos de caminar hasta la vela, para ver si podemos quemar la soga y así soltarnos” no puedo creer que no se me ocurriera antes, todo por andar pensando en quien no debo. Y así lo hicimos, con dificultad nos levantamos y empezamos a avanzar hasta donde se encontraba la vela encendida. Empezamos a quemar la soga donde no nos toque la piel, para no quemarnos, y sorprendentemente la soga se abrió, tal y como lo habíamos pensado. En poco tiempo, ya nos habíamos soltado y nos giramos para conocernos. Cuando finalmente vi su rostro, faltó poco para ponerme a temblar. El mismo rostro que hasta hace unos momentos me recordó a mi primera vez, estaba ahí frente a mí con unos cuantos años más, Ezequiel lucía fantástico, más musculoso y definido, hasta lo noté más alto, y un vendaval de sentimientos removieron lo que según yo había guardado con llave en lo profundo de mi corazón. Yo a pesar de todos los años que han pasado, seguía enamorada de él. Frente a mi está el hombre que amé en mi adolescencia y sorprendentemente, tiene el mismo efecto en mi como si no hubieran pasado tantos años. Mi traicionero corazón empieza a latir con fuerza y los nervios se apoderan de mí, será que me reclama porque me fui esa noche y nunca más volvió a saber de mí. Pero mis expectativas fueron demasiado altas, cuando las siguientes palabras salen de sus labios. “Mucho gusto en conocerte, soy Ezequiel” mientras extiende su mano para saludarme con una pequeña sonrisa amable y como si un balde de agua helada cayera sobre mí. El hombre que amo, el mismo hombre que traté durante tantos años de olvidar, ni siquiera se acuerda de mi existencia.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD