Tempestad

1322 Words
Dos horas más tarde paramos para descansar un poco, Erin llamó a unos chicos del equipo los reunió para hacerles varias preguntas, ellos miraban sus equipos con detenimiento, él se veía realmente preocupado. La temperatura había bajado rápidamente.  - ¿Quieres antes de que empieces a temblar? – Erin me ofreció una taza de chocolate caliente. Llevaba un pequeño termo en la mano. - Gracias Erin, ¿Qué sucede? – tomé la taza con ambas manos, soplé y el olor a chocolate inundó mi nariz, cerré mis ojos, olía muy bien y sabía aún mejor o ese era mi parecer. Lo extrañaba de alguna manera. - Tendremos que regresar – Sus ojos me veían con preocupación y tristeza.  Lo miré detenidamente para que terminara de hablar. - Se aproxima una tormenta, no queremos quedarnos atrapados –  Miraba el cielo descubriendo sus secretos más profundos, lo seguí para intentar ver lo que él veía. El cielo se había espesado, las nubes estaban oscuras, cargadas y en algunos lugares se veían relámpagos dentro de las nubes. La tormenta nos había sorprendido, en segundos había llegado muy rápido a este lugar. Parecía que cada segundo las nubes bajan y bajan, hasta que iba a llegar el punto en que nos cubrieran por completo.  - ¿Cuánto tiempo? – era la pregunta que realmente nos debíamos hacer, teníamos que llegar al campamento para resguardarnos. - Menos de dos horas – era claro, la tormenta nos alcanzaría antes de llegar al campamento. Y eso era muy peligroso. - Entonces será mejor empezar ya – le dije aunque él ya lo supiera. Le entregué la pequeña taza vacía. Me miró – Ve a la cabeza, por favor, dame parte de tu equipaje lo llevaré yo para que puedas caminar más rápido - - No Erin, yo puedo cargarlo sola, todos vinimos, todos nos devolvemos - tomé mi maleta, me la puse de nuevo y empecé a caminar de vuelta. Todos empezamos a caminar con dificultad los vientos se habían puesto en nuestra contra, querían atraparnos en el lugar. Después de una hora tratando de caminar rápido, mi rostro ya me ardía, sentía las mejillas laceradas por el viento y sentí unas pequeñas gotas en mis labios, mejillas y nariz, levanté la mirada y vi como unos copos de nieve y agua se mezclaban con el viento. Tomé mi radio. - No vamos a alcanzar Erin - Grité por el radio, las palabras se las llevaba las brisas fuertes. - Sigue caminando Lena, no pares – me giré para intentar verlo, pero no podía claramente, estaba muy quedado, había tomado el equipo de otras de las mujeres que nos acompañaban, prácticamente solo nosotras íbamos adelante y pocos hombres nos siguieron el paso. Intenté cubrir mi rostro con mi mano para visualizar mejor, lo más cerca era una roca de montaña aún estaba algo lejos, pero era lo más cercano. - Voy a tomar otro camino, hay una roca - - ¿Estás segura? - - No, pero debemos intentarlo o nos quedaremos en medio de la nieve - - Te sigo – contestó Erin. Cambié de dirección en mi caminar y todos me siguieron sin preguntar, duramos otra media hora caminando y llegamos al filo de la roca que nos cubría de los vientos y el agua, aunque ya todos estuviéramos mojados. Me quedé a la expectativa, Erin y el pequeño grupo de hombres que se había quedado atrás, ahora no los veíamos. Pasaron quince minutos y nada. - Ustedes quédense aquí, volveré por ellos – cuando les estaba dando indicaciones Bjorn gritó. - Allí – y señaló con su mano envuelta en unos gigantes guantes. Me giré rápidamente para intentar ver. Eran ellos, daban pasos muy pesados, se les dificultaba mucho caminar, lancé mi maleta al suelo y corrí por ellos, era muy difícil, la cantidad de nieve que había caído no estaba dura, era como caminar en lodo, te ibas hundiendo a cada paso. - Erin – dije ahogada cuando llegue a ellos – déjame ayudarte. Detrás mío había venido Bjorn para ayudarles con su equipaje. - Gracias Lena – me dio una mirada de desconsuelo. - Aquí estaremos bien Erin, no te preocupes - Cuando llegamos al filo de la roca de nuevo Erin intentó respirar profundo, estaba agotado. - Ven ayúdame a buscar un mejor sitio para poder prender fuego – dijo aún agitado, nos fuimos bordeando la roca con otras dos personas, encontramos una pequeña cueva si se le podía llamar así, era una roca que había caído encima de otras dos, la inmensidad de la roca nos dio confianza de que nada la podría mover. Entramos y revisamos por dentro de la cueva, debíamos saber si podríamos hacer fuego, sin que hubiese ningún tipo de material en la roca nos hiciera crear un grave accidente. - Vayan encendiendo el fuego, iremos por los otros - Se quedaron los dos chicos prendiendo el fuego para poder calentarnos y no morir de frío, ya estaba cayendo la noche. Al regresar con los demás miembros del equipo y todo el equipaje pudimos respirar tranquilos, las estufas y las latas de gas ya las habían secado y las habían puesto de la mejor manera para que todos nos pudiéramos calentar, todos rieron y agradecieron a los jóvenes por haberla encendido. - Solo tenemos 4 tanques de gas – le dijo uno de los jóvenes a Erin. - ¿Cuánto nos durará? – preguntó muy preocupado. - A lo mucho 4 horas, solo traíamos para cocinar algo antes de volver- confesó el joven. Erin agachó la mirada intentando ordenar sus pensamientos y saber que más debía hacer. - Busquemos entre todas las cosas que otro materiales traemos para mantener el calor, y luego tomamos decisiones, aprovecha el fuego para preparar bebidas calientes, no podemos deshidratarnos – verlo hablar tan decididamente y con tanta sabiduría y experiencia era alentador. Y me removía el pasado. - Esperemos que la tormenta tarde menos – se susurró para sí mismo. Fui y busqué entre mis cosas que podría servir para la situación, solo tenía un poco de comida, pude haber cargado un poco más pensé mirando la maleta por todos lados. - No le cabía nada más a esa maleta, traes parte del equipo para las muestras – me dijo Erin a mi espalda, adivinando mis pensamientos, los adivinaba o los leía, siempre tuve esa duda. Lo miré con el ceño fruncido. - ¿Traes algo para cambiarte la ropa mojada? – preguntó suave al ver mi reacción. Negué con mi cabeza. - Ten ponte esto – me pasó en las manos un viejo buzo del él, lo reconocí de inmediato, se lo había dado para una navidad cuando trabajábamos juntos. - Póntelo tú, estoy bien – le dije negando con mi cabeza. - Lena, solo me cambio de pantalón, arriba estoy seco, solo se mojó el abrigo de arriba, no pasó el agua hasta abajo, se abrió el abrigo y me mostró, era verdad. - Gracias Erin – lo tomé y lo miré con cuidado, ya se veía algo desgastado, el color había cambiado un poco, pero estaba bien, me giré y sonreí sin que él me viera. Me quité mi abrigo, el buzo interno que también estaba mojado, hasta la camisilla estaba húmeda pero esa no podría quitármela. - Deberías quitártela también- me giré y ni siquiera estaba mirándome, pero sonreía. Lo miré de una mala manera. Me puse el buzo de él y por debajo del buzo me quité la camisilla, mis senos quedaron libres, no traía sostén, la tela del buzo me rozaba la piel, me quedaba algo grande así que no se notaría tanto mi pequeño secreto o eso creía. Guardé mi ropa como pude forzando la maleta y fui a acercarme al fuego, mis pantalones también estaban muy mojados, esa era el contra de ir a la cabeza, lo que fuera que golpeara te daba completamente.
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