Esa mañana no hubo movimientos en la cocina, en la sala o habitación y ni quiera seguimos el plan de ir a recorrer Narvik. Esa mañana estábamos amarrados uno al otro entre las cobijas. El frío día a día era más inclemente, se acercaba el invierno. Entre dormida intenté cambiar de posición y el dolor en mi cuerpo me despertó. Me dolía cada centímetro de mí, la caminata en el día y la apasionada noche estaba cobrando factura. Abrí mis ojos y Erin aún dormía, su respiración era lenta y tranquila, miré con detenimiento su rostro, en alguna ocasión me había quedado observándolo dormir en medio de un campamento, me memorizaba sus facciones cuando despertó y me sentí avergonzada, ese día no pude darle la cara, él no mencionó nunca nada al respecto y fue mejor así. Pero esa mañana podía ser di

