Isaac. Después de largas horas de caminata llegamos finalmente a la cabaña, la puerta continúa abierta tal cual la dejé horas antes. Para ser honesto, dudo que alguien encuentre este lugar. El día en que mi padre decidió construir "su base de tortura infantil", pensó en todos los detalles y lo más importante, hacer la construcción alejada de la civilización. Isabella y yo, somos las únicas personas con vida que saben llegar a este sitio, después de todo, nos tocó vivir demasiados años encerrados en este infierno. Me adentro en la sala y dejo el cuerpo inerte de Jetzabé sobre el sillón, ahora con mis manos desocupadas procuro colgar el rifle y cerrar la puerta con llave y seguro. Debo admitir que resistió mucho más de lo que esperaba. Al menos tiene más agallas que el cretino de su padre,

